Pat Buchanan, Casandra imperial
Por: Eliades Acosta Matos

No es nada inusual que la izquierda, los revolucionarios, incluso, esos tímidos y acomodaticios liberales del partido Demócrata, llamados “los gatos gordos” por sus enemigos, critiquen la deriva imperialista de los Estados Unidos. Una lista de opositores a ese derrotero de la nación en el siglo XIX, por ejemplo, deberá incluir el nombre de Mark Twain, y hasta el del general Nelson Appleton Miles, quien fuera jefe de la expedición que ocupó Puerto Rico, durante esa “guerrita espléndida”, como calificase uno de los voceros de la expansión, a la Guerra Hispano-Cubano-Americana. Pero si la crítica proviene de las mismas filas de la derecha, y especialmente, de esa pequeña capilla de tradicionalistas, como son los paleoconservadores de Pat Buchanan, entonces ya la cosa cambia.

Y eso es, precisamente lo que acaba de ocurrir el pasado 23 de febrero. Y nada menos que mediante un acido artículo de Pat Buchanan titulado “Liquidating the Empire”, publicado en el portal neoconservador Townhall. com, que como se sabe, es uno de los brazos armados de Heritage Foundation, precisamente uno de los tanques pensantes más poderosos de ese movimiento, mitad secta esotérica y mitad vanguardia político-ideológica del imperialismo y la expansión norteamericana en las condiciones del mundo posterior al fin de la Guerra Fría.

Es obvio que atrás ha quedado sepultado, bajo los escombros de los dos mandatos de George W. Bush, el sueño de una expansión imperial descarnada, impune y relampagueante que preconizó el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano. Es evidente que hoy el imperio anda de capa caída, atenazado por crisis galopantes y guerras sin desenlace visible, que devoran más de 400 millones de dólares cada día. Y que ni siquiera el discurso mesiánico y las promesas de cambio y restauración nacional de Obama han logrado rescatar.

Pero no nos engañemos, lo que se discute en el artículo de Buchanan no es la filosofía expansionista, ni la moralidad del imperio. Tampoco su costo social hacia el interior de los Estados Unidos, ni siquiera las consecuencias de sus invasiones de ultramar, que solo en Iraq han provocado más de un millón de muertos. Lo que se debate es algo más sencillo, más pragmático y más conservador: la eficacia de los métodos hasta ahora empleados, no porque sean nefastos, sino porque no están dando los resultados prometidos. Se trata, en síntesis, de rentabilizar una inversión. Nada más.

“Hace una década se fue Oldsmobile. El año pasado fueron descontinuados Pontiac, Saturn, Saab y Hummer. Miles de tiendas de distribución de la General Motor han tenido que cerrar-comienza su análisis Pat Buchanan- Estas amputaciones fueron necesarias para salvar la vida de la empresa. Algo parecido le pasa al imperio americano”.

Tras reseñar la trayectoria militar y de alianzas crecientes de la nación, al concluir la Segunda Guerra Mundial, para enfrentar a lo que llama “ambiciones expansionistas del bloque sino-soviético, caracterizado, además, por su odio ideológico hacia nosotros”, Buchanan constata que, tras la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la URSS, “el mundo cambió de la noche a la mañana, pero los Estados Unidos no cambiaron”

Para caracterizar lo que Lawrence Vance definió como “un Estado en guerra permanente”, Buchanan describe de la siguiente manera la realidad de su país y su devenir en las últimas décadas:

“Invadimos Panamá y Haití, atacamos y luego invadimos Iraq y Afganistán, intervenimos en Somalia y Bosnia, y bombardeamos Serbia. Ahora estamos preparando la guerra contra Irán… Nuestros gastos de defensa son el equivalente a la suma de las otras diez naciones del mundo que más gastan en esta esfera… Nuestra flota posee un poder de fuego que es la suma de las otras trece naciones cuyas flotas son las mayores del planeta. Tenemos 100 mil soldados en Iraq, igual cifra en Afganistán y sus alrededores, 28 mil en Corea, 35 mil en Japón, 50 mil en Alemania… Según el último reporte de la Secretaría de Defensa, Estados Unidos cuenta con 716 bases militares asentadas en 38 países, aunque Chalmer Johnson ha contabilizado mil instalaciones secretas más. Según datos oficiales, hay tropas norteamericanas desplegadas en 148 países del mundo y en 11 territorios…”

¿Se justifica actualmente tal despliegue y tales gastos? No, en opinión de un admonitorio y regañón Buchanan.

“Es presumible que se argumente que todas esas bases son esenciales para nuestra seguridad. Habría que decir-comenta en un rapto de objetividad- que fue nuestra presencia militar (en el mundo), nuestras guerras infinitas y nuestro apoyo a los regímenes despóticos lo que provocó que Estados Unidos haya dejado de ser una de las naciones más admiradas, y haya dejado tras de sí, en todas partes, resentimiento, incluso, odio”.

Hecho el diagnóstico, Pat Buchanan pasa a recomendar la solución. “La liquidación de este imperio debió iniciarse al finalizar la Guerra Fría. Ahora ha empezado-dice- forzada por la crisis financiera y el déficit… Mientras los republicanos luchan contra los nuevos impuestos, y los demócratas por evitar los recortes de los programas sociales, por lógica, el imperio ha de quedar a merced del cuchillo de los recortes… En la declaración de principios de Mount Vernon, los conservadores dicen que la Constitución es su guía, pero, ¿no fue acaso James Madison, su redactor, quien afirmó que las guerras son la causa de muerte de las repúblicas?”

Para terminar, Buchanan no desperdició la oportunidad de arremeter contra los neoconservadores, a quienes siempre ha acusado por traicionar los principios ortodoxos del conservatismo tradicional, introduciendo tácticas de lucha, conceptos e ideas demasiado “revolucionarias”. “Bajo el gobierno de Bush II-afirmó- los conservadores abandonaron la sabiduría de sus mayores, se dejaron seducir por los neocons y se embarcaron en una cruzada de signo wilsoniano cuyo fin utópico declarado fue “acabar con las tiranías por el mundo”. Ahora que Barack Obama ha abrazado la causa del neo-socialismo, parece que los Republicanos tendrán una nueva oportunidad… La derecha debería utilizar la oportunidad que ofrece la crisis fiscal para blandir el hacha contra el “Estado en guerra permanente”. La victoria de Ron Paul en la recientemente concluía Conferencia Conservadora Nacional-concluye-podría ser una señal de que los hijos pródigos de la derecha están dejando atrás la herejía neoconservadora y están regresando al hogar de los primeros principios”.

Pat Buchanan ha hablado alto y claro, y sobre todo ha dicho parte de la verdad. Solo que sus vaticinios no pueden ser cumplidos por aquellos a quienes aconseja. Le pasa lo mismo que a Casandra en la mitología griega. Hija de Hécuba y Príamo, los reyes de Troya, sacerdotisa de Apolo, recibió de este el don de profecía a cambio de su amor. Al no cumplir lo pactado, el divino Apolo la castigó condenándola a no ser creída, aún cuando pudiese predecir exactamente el porvenir. Errante y sin crédito alguno, tomada por loca por sus contemporáneos, tuvo un final trágico tras la caída de la ciudad en manos de los aqueos.

Su nombre significa en griego “la que enreda a los hombres”, como debe estárselo recordando por estos días a Buchanan alguno de sus enemigos.

Porque para que no haya guerras generadas por el imperio, antes el pueblo norteamericano deberá liquidar el imperio. Lo demás es puro cuento trasnochado, Y Buchanan lo sabe de sobra.