Son dictadores sin ser gobierno


Por: Franco Vielma


El antichavismo ha efectuado un consistente llamado a boicotear el proceso de elección de una Asamblea Nacional Constituyente convocada por el presidente Nicolás Maduro. Han llamado a impedir la realización de las votaciones por vías institucionales y aplicando incluso la presión de calle.


Pululan también en redes sociales las amenazas de que todo aquel que el 31 de julio tenga el dedo pintado por haber acudido a votar, será linchado en las barricadas y cierres de vías, cortesía de los violentos de la derecha venezolana. Las amenazas son tal, que anuncian con bombos y platillos el advenimiento ese día de un enfrentamiento civil generalizado, dado que un sector de la sociedad venezolana saldrá a votar.


“Democráticamente”, una cúpula minúscula de seis partidos políticos, mandaderos de intereses antichavistas en el extranjero, decidieron a nombre de grandes sectores nacionales que forman parte de la oposición venezolana, no ir a elecciones a Asamblea Nacional Constituyente, ni a elecciones regionales y además tampoco quieren que el chavismo, los sectores independientes y partidos pequeños de la oposición acudan.


Parece que lo que ocurre en Venezuela es el intento de asesinato de la política. El frenesí golpista del antichavismo emprendió una agenda de dictadura no oficial, patrocinando y ejecutando el desarrollo de un ciclo violento que se ejecuta en nombre de la política, pero que es profundamente antipolítico y negador de derechos.


Ser dictadores sin ser gobierno


Si algo tiene la política venezolana es que debe tener con las manos en la cabeza a todo sesudo analista del hecho político. Ocurren en Venezuela cuestiones tan sui géneris que hoy presenciamos el fenómeno nada usual de la “dictadura de la oposición”. Una afrenta al sentido común político y otro adefesio más en la historia política venezolana.


Los que trancan calles, arman barricadas, vandalizan, queman y asesinan, cruzaron la línea de su derecho a la protesta para violentar sistemáticamente derechos ajenos que son nuestros, como el libre tránsito, el derecho a ir a trabajar, a estudiar, a la propiedad, nuestro derecho a la paz, a la vida. Pero más grave aún es que han transgredido nuestro derecho a hacer política, a que se haga política como fórmula para que se diriman las grandes cuestiones nacionales. Se trata de una vulneración de nuestros derechos democráticos, aunque lo trivialicemos como un episodio más de la pugna política venezolana.


La oposición venezolana quedó atrapada en una solicitud de calendario electoral, exigiendo un proceso de “elecciones generales” que no existe en la Constitución como mecanismo para resolver conflictos políticos. Exigían la vía extraconstitucional de recortar el mandato presidencial de seis años. Aún así Maduro llama a lo más parecido a un proceso de medición total de las fuerzas políticas, vía Asamblea Nacional Constituyente. Pero decidieron no acudir.


El Consejo Nacional Electoral había diferido el proceso de elecciones regionales de diciembre de 2016 dada la situación de no actualización de partidos políticos, los cuales ya tenían dos años en mora. Ya culminado ese proceso de adecuación, llaman a elecciones para el mes de diciembre de este año. El CNE, sin ceder a presiones y entendiendo que ya es tiempo de realizar elecciones regionales, ha convocado. Hasta ahora, la oposición dice que no va a regionales, dice desconocer ese proceso electoral y en agosto se vencerá el plazo para que inscriban candidaturas.


Paradójicamente, con dos grandes elecciones casi encima, puertas afuera de Venezuela Julio Borges y otros personeros de la MUD, declaran a Venezuela una “dictadura” que no publica calendario electoral. Una estruendosa expresión de cinismo.


Quienes al día de hoy intentan boicotear nuestro derecho al voto, son los mismos que tienen meses imponiéndonos la dictadura de la violencia. Los mismos autores del golpe continuado y los patrocinantes perennes del enfrentamiento generalizado como fórmula para el asalto del poder.


Se trata de factores pendencieros, decididamente toscos, políticamente mediocres, que sin ser gobierno imponen una agenda dictatorial de terror, desde reuniones pequeñas donde acuden unos pocos representantes de sus partidos políticos y atienden el teléfono para recibir órdenes desde EEUU. Nos empujan al retroceso, a ceder derechos, a someternos en su aquelarre de violencia y destrucción del tejido político y social nacional.


No hubo cosa más miserable en la historia política venezolana, jamás, que la actual oposición venezolana. No hubo jamás peor error histórico, ni peor casta de polítiqueros de oficio dirigiendo sectores nacionales. No hubo en la historia tan bajo nivel en el ejercicio de la política, como el que nos ha presentado el antichavismo. No hubo jamás semejantes niveles de torpeza, semejante sed de sangre y tales niveles de ansiedad de poder. No hubo nunca parecidos niveles de servilismo a los intereses norteamericanos. No hubo nunca en la historia política venezolana, lo que hay hoy, y que mal llamamos Mesa de Unidad Democrática.

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