Afganistán y la herencia de McChrystal
Por: Piotr Goncharov,
RIA Novosti

El destino le ha deparado al general David Petraeus una suerte nada fácil.
El actual Jefe del Comando Central del Ejército de EEUU que controla las tropas estadounidenses en Oriente Medio y Asia Central, se ha encontrado con una herencia dejada en Afganistán por el general McChrystal que le va a resultar muy difícil de gestionar.

La resistencia talibán se ha recrudecido hasta el punto que la primera mitad de 2010 ha sido el período más sangriento de la guerra desde su inicio en 2001, según anunció el pasado 12 de julio la principal organización afgana de derechos humanos, Afghanistan Rights Monitor, que lleva el registro de las víctimas civiles desde la invasión estadounidense al país.

Durante el primer semestre de 2010, han perdido la vida 1.074 personas y 1.500 han resultado heridas. Un aumento claro en comparación con el número total de víctimas registrado durante la primera mitad de 2009 y que ascendió a 1.059. En medio de esta coyuntura, David Petraeus asumió oficialmente el mando el pasado 4 de julio.

Tropas de EEUU en Afganistán. Infografía>>

Generalmente, los políticos inician las guerras y los militares las ganan o las pierden. La operación antiterrorista «Enduring Freedom» (Libertad Inquebrantable) lanzada en Afganistán ha adquirido un claro cariz de derrota.

Una posible derrota que ya ha tiene su chivo expiatorio, Stanley McChrystal, ex Comandante en Jefe de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) en Afganistán, anteriormente jefe del Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC, por sus siglas en inglés), y que además, es autor de la actual estrategia de EEUU (y la OTAN) en este país.

El nuevo Comandante de las tropas de EEUU y la OTAN en Afganistán, general David Petraeus, tiene razón afirmando que la campaña militar en este país de Asia Central atraviesa una fase crítica. Es decir, las medidas a medias tintas, aplicadas por la Administración de Barack Obama no están surtiendo efecto y, en caso de seguir con esta política, EEUU y la OTAN, quedarán entrampados en la ciénaga afgana.

Petraeus todavía no se ha pasado de la raya como McChrystal, quien se vio obligado a dimitir después de la entrevista concedida a la revista estadounidense Rolling Stone, donde el general criticó duramente la postura de altos funcionarios de la Administración de Obama respecto a Afganistán. Todavía, porque ya está dando pasos en esa dirección. Para empezar, ya ha anunciado que la estrategia de McChrystal le parece correcta y no va a efectuar cambio de ningún tipo.

Además, Petraeus, como su predecesor, McChrystal ha dado a entender a la Casa Blanca que no está dispuesto a escuchar ninguna propuesta de civiles, porque las considera innecesarias. En este punto, hay que recordar que Barack Obama ya aceptó la dimisión de McChrystal debido a su reacción negativa a la participación civil en la campaña afgana.

En este punto, parece evidente que las controversias entre los asesores de Obama y quienes han diseñado la nueva estrategia son mucho más profundas de lo que parecía, y va a ser imposible resolverlas con un simple cambio de fichas.

La concepción estratégica de McChrystal respecto a la solución del problema afgano era muy simple. Pretendía reducir al mínimo las víctimas civiles durante las operaciones militares llevadas a cabo por la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad en Afganistán (ISAF), tomar la iniciativa en la contienda y conseguir que la oposición armada se sentara a la mesa de negociaciones, además de preparar debidamente al ejército y a la policía afganos para que estuvieran en disposición de asumir el control de la situación.

Es llamativo que un general como McChrystal diera preferencia a la seguridad de la población civil sobre la iniciativa de sus tropas, que es la tarea principal de cualquier operación militar. Llegó al punto de restringir el uso de la aviación y la artillería en las operaciones para reducir el número de víctimas civiles.

En esencia, McChrystal, inició una táctica de lucha a favor del pueblo afgano. La población civil es la pieza maestra de su nueva estrategia «antiinsurgente», según la llaman los expertos de la OTAN. De esta forma, McChrystal sacrifica la iniciativa y el control sobre las provincias afganas, a la «protección de los ciudadanos afganos contra la violencia de los insurgentes».

La apuesta ya está hecha y hay que esperar a la reacción de la calle, si los afganos comunes y corrientes están dispuestos a colaborar y a apoyar el plan estadounidense.

Es muy posible que sí. Pero también parece probable que no haya tiempo material para realizar el plan en su totalidad ya que, más o menos, para dentro de un año está previsto el inicio de la retirada de tropas estadounidenses del territorio afgano.

Un periodo corto para plasmar una estrategia de largo alcance que fue aprobada tan sólo a finales de 2009. Lo más lógico es que ni EEUU ni la OTAN sean capaces de cumplir ningún punto este plan.

La estrategia abarca 11 áreas, en las que la estrategia antiinsurgente de McChrystal busca debilitar el apoyo a los talibán por parte del pueblo afgano 1) Garantizar la seguridad de la población civil 2) Crear un tejido de medios de información nacionales 3) Desarrollar un sistema judicial y hacerlo accesible 4) Dar responsabilidad y poder al gobierno afgano, a la par que conseguir transparencia en su gestión 5) Establecer al gobierno elegido, además de apoyar y promover las elecciones en el país 6) Promover el rechazo a la intolerancia entre la población 7) Crear puestos de trabajo permanentes; 8) Desarrollar el sector agrícola 9) Desarrollar la infraestructura comercial sin la participación de los insurgentes 10) Luchar contra el narcotráfico, la corrupción, el terrorismo y el crimen organizado 11) Reintegrar a los indecisos en el estado y la sociedad.

Stanley McChrystal era como un Don Quijote en Afganistán, y su nueva estrategia, preciosa y generosa, como Dulcinea, porque preveía contrarrestar la violencia para crear unas condiciones de vida dignas.

Sin embargo, los planes de McChrystal, heredados por David Petraeus, no son tan utópicos como parecen. Sólo tres condiciones son indispensables para su realización: tiempo sin plazos, fuerzas militares suficientes y recursos financieros abundantes.

Barack Obama ha tardado demasiado en aumentar el contingente de tropas en la zona. Los 30.000 nuevos soldados ya no son suficientes, es una media medida. Para tomar la iniciativa serian necesarios al menos 100.000 efectivos adicionales, según opina el general francés, Vincent Deporte, jefe del Colegio militar de fuerzas conjuntas donde se forman los altos mandos del Ejército francés.

Es absurdo librar una «media-guerra» en Afganistán. O se envían 100.000 efectivos adicionales o no se envía a nadie.

Además, el plazo establecido por la Casa Blanca para iniciar la retirada de las tropas de Afganistán (julio de 2011) no está coordinado con los plazos previstos para la retirada total que deben determinarse en virtud de la estabilidad en el país y de la capacidad del Ejército y policía afganos de controlar la situación.

Esto no tiene sentido, según los principales socios estadounidenses de la OTAN en Afganistán. El ministro alemán de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg, cree que lo peor que puede hacer la Alianza es fijar los plazos de la retirada de las tropas. Sería más oportuno determinar las fechas para empezar a traspasar responsabilidades de seguridad en Afganistán a las autoridades locales.

El ex secretario de Estado de EEUU, Henry Kissinger, ha sido más concreto. Según él, la estrategia de la Casa Blanca en Afganistán debe estar adaptada a la realidad. Pero, hoy en día, la visión de la realidad sigue siendo el punto más flojo en la estrategia de Obama.