Viernes, 27 de febrero de 2009
Fidel y el mar
Por: Juan José Toro Montoya

Fidel se murió pero de risa y les dedicó su último artículo: “El colmo del ridículo”. En Bolivia, la polémica pasó inadvertida, incluso entre los castristas del gobierno.


En el marco de la campaña para socavar el régimen instalado en su país desde
hace medio siglo, la oposición cubana es la responsable del rumor de que Fidel Castro está agonizando, que su salud mental está deteriorada y en aquellos días en que el líder de la revolución no se dejaba ver con nadie incluso se llegó a decir que había muerto pero su gobierno ocultaba ese hecho.

Lo que pocos medios repararon es que, mientras el rumor de la muerte de Fidel era reproducido por las cadenas afines a la disidencia cubana, sus artículos seguían apareciendo en el diario Granma y no sólo podía reconocerse su estilo sino también advertirse su lucidez. Es más, en los días previos a su alejamiento oficial de la Presidencia del Consejo de Estado de la República de Cuba, publicó una serie de cinco partes sobre el candidato republicano para las elecciones de Estados Unidos en los que hacía gala de un gran conocimiento y documentación sobre política y economía.

Y es que una de las armas en la lucha por la información es la desinformación. Si varios medios a la vez ignoran un hecho, este corre riesgo no sólo de diluirse sino también de perderse. Si no queda registrado, ni siquiera habrá ocurrido.

Por eso es que llama la atención que las palabras de Fidel Castro acerca del enclaustramiento marítimo boliviano no hayan sido suficientemente destacadas en la prensa de nuestro país.

Si se lee el artículo titulado “Encuentro con la presidenta de Chile Michelle Bachelet” se comprobará que el líder de la revolución cubana tiene una clarividencia sorprendente en torno a la Guerra del Pacífico, sus causas y sus consecuencias.

Al referirse al conflicto en el que Bolivia perdió su acceso al mar, Fidel hace referencia a la oligarquía chilena, una plutocracia que existía en el siglo XIX y que se alió con el imperialismo inglés para apoderarse de los yacimientos de guano y salitre que existían en el que entonces era nuestro litoral.

“Esa misma oligarquía hace más de cien años le arrebató a Bolivia, en la guerra desatada en 1879, la costa marítima que le daba amplio acceso al océano Pacífico”, afirma.

“Bolivia sufrió una extraordinaria humillación histórica en aquella contienda agrega. No sólo le arrebataron la costa marítima y la salida al mar, sino que privaron a ese país, de origen auténticamente americano, sobre todo aimaras y quechuas, de extensos territorios muy ricos en cobre que constituían la mayor reserva del mundo, que habiendo sido explotada durante 130 años, hoy su producción se eleva a 5 millones 364 mil toneladas anuales y aporta a la economía chilena alrededor de 18 mil 452 millones de dólares anuales.
No se concibe la sociedad moderna sin el cobre metálico, cuyos precios tienden
a elevarse”.

¡Cuánta verdad y cuánta precisión! Con unas pocas palabras, Fidel Castro explica una de las causas de la pobreza boliviana y, en contrapartida, del desarrollo chileno, un desarrollo que Augusto Pinochet consolidó sobre la base de los crímenes por los que seguramente fue juzgado en la corte celestial.

Pinochet se amparó en la oligarquía chilena para permanecer el mayor tiempo posible en el poder y esa es oligarquía la que pegó el grito al cielo por el artículo de Fidel Castro.

Fidel se murió pero de risa y les dedicó su último artículo: “El colmo del ridículo”. En Bolivia, la polémica pasó inadvertida, incluso entre los castristas del gobierno.

Conclusión: los bolivianos nadamos en otras aguas