El pasado viernes 3 de enero las autoridades australianas declararon estado de emergencia por siete días en Nueva Gales del Sur, estado de Australia, que ha sido el más afectado por los incendios, con 36 mil kilómetros cuadrados de terrenos calcinados.

En consecuencia se ordenaron evacuaciones para un tramo de 350 kilómetros de costa en la parte sur del estado. A esta fecha se han incediado 50 mil kilómetros cuadrados de superficie en todo el territorio, lo que hace que Australia enfrente una crisis nacional.

Las temperaturas a niveles récord y los meses de grave sequía han provocado un número sin precedentes de incendios en cinco estados, el número de muertos por sus efectos ha aumentado a 24 para el martes 7 de enero y se desconoce el paradero de varias docenas de personas más.

En la región de Victoria fueron destruidos 200 hogares, los incendios obligaron a los turistas y residentes de su costa a refugiarse en las playas, los barcos de la marina rescataron a unas mil personas el viernes y otras 200 serán rescatadas a finales de esta semana. Las lluvias están dando a los bomberos un poco de alivio, pero se prevé que las condiciones de calor vuelvan.

Decenas de miles de cabezas de ganado pueden haberse perdido en Victoria, según el ministro de agricultura del estado, y las áreas fuera del alcance de los incendios están sintiendo su impacto debido a que el humo de las llamas se ha desplazado a zonas como Nueva Zelanda, a 2 mil kilómetros de distancia, o Sydney, donde la calidad del aire midió 12 veces por encima del nivel “peligroso” a principios de diciembre.

Los incendios continúan en la Isla Canguro de Australia Meridional, donde dos personas murieron bajo sus efectos y el fuego ha quemado 1 mil 550 kilómetros cuadrados, aproximadamente un tercio de toda la superficie de la isla, devastando un parque nacional y tierras de cultivo.

DESEQUILIBRIOS IRREVERSIBLES
A partir de estimaciones desarrolladas en paralelo, la prensa globalizada reporta al menos 480 millones de animales (mamíferos, aves y reptiles) que están siendo víctimas de los devastadores incendios forestales que arrasan a Australia desde septiembre.

El ecólogo Chris Dickman, de la Universidad de Sydney, sugirió que si se incluyen animales como murciélagos, anfibios e invertebrados en el total, “sin ninguna duda” el número de muertes supera los mil millones.

Australia posee una cantidad importante de especies endémicas, es decir, plantas y animales únicos en su territorio continental, con unas 300 especies nativas de fauna incluidos marsupiales como los canguros y los koalas, monotremas como los ornitorrincos y los equidnas, y placentarios como los dingos: el 81% de sus ejemplares se encuentran solo en ese país, así lo recalcó la Universidad de Sidney en un comunicado.

Un estudio del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) de 2007, sobre el impacto de la tala de árboles en la fauna, ha servido para hacer la estimación de la cantidad de animales muertos durante los incendios en cuestión. Allí se combinaron los datos de la superficie de deforestación con los de otros estudios sobre la densidad de población de mamíferos en Nueva Gales del Sur.

Mediante dicha fórmula, el equipo de Dickman, quien ha sido presidente de la Sociedad Australiana de Animales y del Comité Científico de Nueva Gales del Sur, extrapoló los resultados al conjunto del país.

Afirma el ecólogo que “algunos de los animales han podido morir en los incendios, otros habrían volado o se han enterrado en el subsuelo”, añadiendo que “el peligro es cuando regresan o salen a la superficie y no encuentran comida o se encuentran con zorros o gatos que les acechan”.

El impacto de los incendios no se sabrá a ciencia cierta hasta que los científicos puedan entrar en las zonas calcinadas, pero se calcula que el daño es inmenso por el desequilibrio causado en los ecosistemas, donde muchas de las especies afectadas contribuyen a la polinización de plantas o al transporte de semillas, entre otros roles que son claves para la recuperación posterior.

“Si los ecosistemas afectados están aislados puede que pasen muchos años antes de que algunas especies regresen. Hay muchos reptiles y mamíferos que no tienen mucha movilidad. Y puede que algunos no regresen nunca”, dijo Dickman.

Según el experto, otros ecosistemas que no han sido tomados en cuenta también se verán afectados, como los ríos, que verán una degradación de la calidad de sus aguas, lo que tendrá consecuencias en las fuentes de comida de los animales que viven en ellos.

AUSTRALIA Y EL CAMBIO CLIMÁTICO: POCO COMPROMISO VS. ALTO PERJUICIO

2019 fue el año más caluroso y seco registrado, los vientos fuertes y las condiciones calurosas y secas han hecho que algunas de las llamas sean casi imposibles de contener. Los vientos ayudan a que los incendios crezcan tanto que son capaces de engendrar tornados de fuego que arrojan brasas a docenas de kilómetros de distancia, provocando nuevos incendios.

Muchos australianos se han preguntado si hay relación estrecha entre el cambio climático y los incendios forestales, ya que estos son habituales en el continente, pero los de Nueva Gales del Sur y Queensland no se habían producido anteriormente a tal escala y tan temprano en la temporada de incendios, según las autoridades.

Los científicos han advertido desde hace tiempo que un clima más cálido y seco contribuiría a que los incendios de Australia fueran más frecuentes y más intensos, aun cuando el cambio climático no sea la causa directa.

El primer ministro australiano, Scott Morrison, quien rechazó preguntas al respecto, fue abucheado al hacer presencia ante la población afectada. Defendió la posición de su gobierno sobre el cambio climático diciendo que sus políticas para reducir las emisiones garantizarían lo que él llamó una “economía vibrante y viable, así como un ambiente vibrante y sostenible”.

Australia es uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero per cápita del mundo, y el enfoque del país sobre el cambio climático ha generado debates de poca difusión mediática global (mucho menos protestas violentas) debido al alineamiento de Australia, uno de los mayores exportadores mundiales de mineral de hierro, uranio, carbón y gas natural, frente a la supremacía de Estados Unidos en el ámbito político global.

De cara al Acuerdo Climático de París para abordar el aumento de las temperaturas mundiales, Australia estableció el objetivo para 2030 de hacer una reducción del 26-28% en sus emisiones en comparación con los niveles de 2005, lo que ha sido criticado por ser demasiado bajos.

En 2018, la Organización de Naciones Unidas (ONU) informó que ni siquiera estaba encaminada afirmando que “no ha habido mejoras en la política climática de Australia desde 2017 y se proyecta que los niveles de emisiones para 2030 estén muy por encima del objetivo”.

Las emisiones australianas serán solo un 16% más bajas que los niveles de 2005 en 2030, según las proyecciones publicadas en diciembre y, junto a aproximadamente la mitad de los países del G20 (aquellos con las economías más grandes), sus metas se están quedando cortas.

A esta fecha el Índice de Desempeño del Cambio Climático clasificó a Australia como el último de 57 países responsables de más del 90% de las emisiones de gases de efecto invernadero en la política climática, de hecho, fue el cuarto mayor productor de carbón en 2017, según la Agencia Internacional de Energía.

Cabe destacar que tampoco hubo representación australiana de alto nivel en la pasada cumbre climática de la ONU. Pero Morrison dice que cumplirá los objetivos de 2030 contando las cantidades de carbono ya reducidas en virtud del acuerdo climático internacional anterior: el Protocolo de Kyoto.

Aunque la eliminación gradual del carbón se considera crucial para limitar el calentamiento global dentro de 1,5ºC, el gobierno australiano continúa respaldando a la industria por el papel que desempeña en la economía. Recientemente aprobó la construcción de una nueva mina de carbón que podría ser la más grande del mundo y exportaría carbón a la India.

LA LEY DEL EMBUDO GLOBAL
El primer ministro Morrison ha recibido el rechazo de los afectados de manera presencial, pobladores de la localidad de Cobargo, en Nueva Gales del Sur, le obligaron a interrumpir una visita a esa ciudad devastada por el fuego manifestando inconformidad porque había hecho muy poco para ayudarles. Allí dos personas murieron y muchas perdieron sus hogares a causa de los incendios.

“¿Cómo es que solo teníamos cuatro camiones para defender nuestro pueblo? Porque nuestro pueblo no tiene mucho dinero pero tenemos corazones de oro, primer ministro”, dijo una mujer mientras otros le llamaron “idiota”. “¿Qué pasa con las personas que están muertas, primer ministro? ¿Qué pasa con las personas que no tienen dónde vivir?”, preguntó la mujer mientras lo alejaban.

Morrison había sido criticado anteriormente por irse de vacaciones a Hawái a medida que la crisis de incendios forestales empeoraba. La creciente ira pública por su ausencia finalmente lo obligó a interrumpir ese viaje. En 2018, 15 mil jóvenes protestaron en las calles de las principales ciudades de Australia para protestar contra el cambio climático y la construcción de una mina de carbón en el estado de Queensland.

Sin embargo, el activismo globalizado que se articula mediante agencias de cooperación estadounidenses no promueve el derrocamiento de Morrison, la prensa internacional alineada a los intereses corporativos transnacionales no ha actuado con la misma intensidad con la que embistió al presidente nicaragüense Daniel Ortega (aún en el poder) o al boliviano Evo Morales, hoy derrocado y exilado en Argentina.

Entre julio y septiembre de 2019 hubo incendios forestales de gran magnitud en la Amazonía y parte de la Chiquitanía boliviana, en ese entonces un grupo de “guerrilleros de la información” se dedicaron a desviar la indignación general provocada por ese desastre, y la culpa del mismo, desde el Brasil de Bolsonaro hacia la Bolivia de Evo Morales.

Al frente de aquella campaña estuvo Jhanisse Vaca Daza, quien se autodefine como “activista medioambiental” y calificó al gobierno de Morales de “régimen autoritario”. Con el hashtag #SOSBolivia, Jhanisse Vaca Daza aprovechó al máximo el potencial propagandístico de la crisis ambiental en la Amazonía para culpar al gobierno de Evo Morales, a pesar de que, según informes de la NASA, los incendios se concentraban en Brasil, y el área de Bolivia más afectada, la Chiquitanía, ni siquiera es parte de la Amazonía.

Al centro de la campaña #SOSBolivia estuvo una ONG llamada Ríos de Pie, fundada por Vaca Daza, con el objeto de generar una imagen negativa de Evo Morales en el extranjero, especialmente entre los izquierdistas del Norte Global, y movilizar a los “activistas del clima” contra Bolivia.

Algunos grupos verdes vinculados a intereses corporativos, como Extintion Rebellion, convocaron concentraciones frente a las embajadas de Bolivia en toda Europa y países con tradición injerencista como España patrocinaron una conferencia que Vaca Daza impartió en la plataforma digital TEDx (Technology, Entertainment and Design) sobre la “lucha estratégica no violenta” para derrocar a Morales.

Otro tanto ocurrió en abril de 2018 cuando un incendio provocado en la reserva biológica Indio Maíz consumió 5 mil 400 hectáreas de una de las principales zonas de selva tropical centroamericana que ya había sido afectado por el Huracán Otto en 2016 con daños en el ecosistema que lo hicieron susceptible al fuego.

Un sector estudiantil acompañado por ONG ambientalistas sobredimensionaron el problema ambiental. Los medios de comunicación opositores dieron cobertura y propagandizaron las acusaciones hacia el gobierno de Daniel Ortega con un movimiento cuyo hashtag era #SOSIndioMaiz.

Un grupo de manifestantes violentos bajo la cobertura de “movimiento estudiantil” se concentró en la entrada de la Universidad Centroamericana (UCA) con el objeto de dirigirse a la Asamblea Nacional, al no llegar al destino pautado se enfrentaron a las fuerzas de seguridad montando la escena del “Estado represor” mediante la manipulación de imágenes que serían difundidas por toda la mediática corporativa global.

Aun cuando técnicos norteamericanos que habían evaluado la situación determinaron que el incendio “iba a durar meses”, los incendios se extendieron por 10 días y fueron sofocados por el ejército nicaragüense.

El gobierno de Nicaragua decretó alerta amarilla, desplegó 1 mil 500 efectivos militares, nueve medios aéreos, 17 medios navales y aceptó la ayuda internacional de México, El Salvador y Honduras. Igualmente, determinó a los responsables del gran incendio forestal, que tuvo que ver con una quema de terreno para la siembra de arroz.

Las 5 mil 484 hectáreas dañadas correspondieron al 0.85% del territorio total, según un informe elaborado por especialistas del Departamento de Cuencas de la Facultad de Recursos Naturales y del Ambiente (Farena).

Como ya estaba dispuesto en un plan urdido desde Washington se organizaron protestas violentas que se prolongaron hasta octubre de 2018 que mutaron sus demandas a una serie de reformas del Instituto Nacional de Seguridad Social (INSS).

En ambos casos los temas ambientales no fueron directamente determinantes en las operaciones de cambio de régimen que se han visto en Nicaragua y Bolivia, teniendo éxito pleno en la nación andina. Pero se acoplaron definitivamente a las fases siguientes de dichos planes golpistas y recibieron apoyo de la USAID y la National Endowment for Democracy (NED).

No es así la suerte del mandatario australiano. Mientras las fotos de koalas incinerados conmueven a usuarios de las redes sociales, los conglomerados transnacionales y australianos continuarán haciendo lo que saben hacer.

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