Aunque no tenían conocimientos previos en electromedicina, estos jóvenes hacen todo lo posible para aprender y cumplir una promesa: no dejar ni una incubadora fuera de servicio en Venezuela.

El compromiso de una científica venezolana en una transmisión presidencial televisada fue inequívoco: “Antes de que termine este año, no habrá una incubadora fuera de servicio en Venezuela”. ¿Cómo lo lograría, en un país en crisis, asfixiado por sanciones financieras? De eso trata esta historia.

Si la sola imagen de un bebé recién nacido dentro de una estructura de acrílico donde se le aplica un tratamiento intensivo para preservar su frágil vida, conmueve, la posibilidad de que no tenga acceso a ella porque no funcione, causa angustia.

Ante un problema de esta magnitud, un grupo de jóvenes científicos puso en práctica todos sus conocimientos para enfrentarse a lo hasta ahora desconocido: la reparación de equipos médicos.

El compromiso

“Mándanos unas incubadoras, peor no pueden quedar”, le dijo Gloria Carvalho Kassar, la joven ingeniera venezolana, presidenta de la Fundación Centro Nacional de Desarrollo e Investigación en Telecomunicaciones (Cendit), al gobernador del estado Miranda, Héctor Rodríguez, tras una reunión con científicos ocurrida a finales de 2018.

Rodríguez, quien ganó la gobernación en octubre de 2017 –ocupada casi una década por el opositor Henrique Capriles Radonski–, expuso en ese encuentro los principales problemas en los centros de atención neonatal, entre ellos, el mal estado de las incubadoras.

Las soluciones que le habían presentado al gobernador “eran igual a dólares”, cuenta a RT la presidenta de la fundación de telecomunicaciones. “En esa ocasión le dijimos: ‘Somos muy buenos en electrónica pero no sabemos nada de equipos médicos'”. A pesar de la aparente limitación, pidió que le mandaran varias incubadoras y diez días después estaban reparadas.

Manos a las incubadoras

En una oficina llena de herramientas y de cajas, los tecnólogos van explicando su trabajo. La primera en presentarse es Carlelinés Gavidia, ingeniera en telecomunicaciones que dirige la Unidad de Electrónica de Comunicaciones del Cendit y el proyecto de recuperación de equipos médicos que sostiene la fundación, a través del Ministerio de Ciencia y Tecnología, junto a la gobernación.

Comenta que no se trata solo de reparar las incubadoras, también se encargan de cervocunas, lámparas de fototerapia, autoclaves o esterilizadores, nebulizadores, electrocardiogramas, monitores multiparámetros, hornos y centrífugas (utilizadas en los laboratorios clínicos).

Así, dividen estas tareas con sus actividades cotidianas, que corresponden a elaboración de prototipos de electrónica de comunicación, antenas, decodificadores de televisión digital abierta, dongles, entre otros.

Aprender con manuales

Francisco Ortiz, trabajador de Industrias Canaima, empresa estatal de equipos de computación, cuyos trabajadores fueron incluidos en el proyecto, cuenta que tuvo que estudiar los manuales de los equipos, verificar su calibración y funcionamiento y determinar los puntos críticos para después reemplazar las piezas.

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Por su parte, Gavidia agrega que, como desconocían los equipos, debían cerciorarse sobre el significado de cada símbolo y cómo se relacionaban las piezas. En los casos donde no había información del aparato, llamaban a un doctor o especialista para que les explicara su funcionamiento.
Estos venezolanos se mueven como si fueran arqueólogos entre las piezas. “Si no tenemos los componentes, ahí viene el verdadero trabajo, porque tenemos que buscar uno que pueda sustituirlo y que se consiga en Venezuela. Hemos tenido suerte”, agrega Orlando Villarroel, ingeniero mecánico, coordinador de la unidad de Diseño Mecánico del Cendit.
Desde septiembre, que comenzaron con esta tarea, han mejorado sus tiempos para detectar las fallas y reparar los aparatos. Recuerdan que antes podían tardar entre dos y tres horas pero que ahora lo hacen mucho más rápidamente. En total participan unas 80 personas, entre trabajadores de la fundación de telecomunicaciones y de Canaima.
Bebés en hospitales
Si bien la sede del Cendit se encuentra en el extenso Complejo Tecnológico Simón Rodríguez, de la Base Aérea La Carlota, en Caracas, su labor no se circunscribe a ese espacio, pues también se han trasladado a los hospitales para componer los aparatos.
Gavidia cuenta que al ver a un bebé dentro de una incubadora, que habían arreglado en el Hospital Materno Infantil de Petare, “sentimos que ha valido la pena porque le damos vida a una persona que lo necesita, el hecho de que un bebé nazca y necesite una incubadora es porque no nació a término”, expresa.
 
Además de esa experiencia, los equipos se han movilizado a los centros de salud para hacer las llamadas “cayapas”, que es un vocablo indígena venezolano para describir un trabajo en colectivo. 
En la Maternidad Concepción Palacios, la más importante de Venezuela, refaccionaron 187 dispositivos entre incubadoras, monitores multiparámetros, bombas de infusión (encargadas de inyectar fluidos, medicación o nutrientes en el sistema circulatorio del paciente).
De igual manera, han estado en hospitales de zonas periféricas del estado Miranda como el Victorino Santaella, en Los Teques; Ernesto Regener, en Río Chico; Hermógenes Rivero Saldivia, en Caucagua y la Maternidad Cirila Villegas, en Tacarigua de Mamporal.
Hasta marzo, cuando se hizo esta entrevista, estaban a la espera de vehículos para viajar dentro del país “y cumplir nuestra promesa”, manifestó Carvalho.
Costureras en acción
Una incubadora no solo está compuesta por sus partes estructurales pues también posee elementos adicionales como colchones, filtros y consumibles.
Un grupo de mujeres, con sus manos y un par de máquinas de coser de sus casas, los confeccionan con textiles de centros de cama hospitalarios y batas médicas, además de goma espuma y elásticos.
“Cuando tenemos operativos ponemos la máquinas, hacemos comida y nos divertimos: Hay un muchacho de baja estatura a quien le dicen que se acueste en un colchoncito para probar si quedó bien”, cuenta Carvalho.
¿Por qué repararlas?
En el año 2005, durante el Gobierno de Hugo Chávez, se recibieron las primeras 500 incubadoras como parte del convenio Argentina-Venezuela. De esa manera, se adquirieron entre el 70 y 80 % de esos aparatos en el país.
Según explica Carvalho, la empresa encargada de facilitar los repuestos y brindar el servicio especializado dejó de hacerlo a comienzos del Gobierno de Mauricio Macri –quien califica a Maduro como “dictador”–, debido a supuestas deudas, a pesar de que Venezuela había pagado por anticipado.
La realidad era preocupante: entre 600 y 700 incubadoras dañadas, en medio de una país sancionado y cuyo sistema de salud pública infantil era cuestionado por los medios de comunicación. “¿Qué hacemos?, ¿nos sentamos a llorar?, ¿compramos incubadoras nuevas?”, se preguntaba la directora del Cendit.
Cada aparato tiene un costo de entre 5.000 y 7.000 dólares. Un gasto imposible para un país que atraviesa una crisis económica y el bloqueo de sus cuentas en el exterior, por parte de EE.UU. “Dijimos: ‘Claro que sí podemos’, y actualmente llevamos 250 reparadas”, agrega la también ingeniera de Telecomunicaciones y doctora en Dispositivos Electrónicos de la Universidad de Torino, en Italia.
La apuesta, que ya está muy adelantada, sigue en pie, y le ha ahorrado al país aproximadamente un millón de dólares. 
Nathali Gómez

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