El pecado que “avergüenza” al Vaticano


Los escándalos en la Iglesia católica no cesan. Las acusaciones contra el ‘número tres’ del Vaticano o los abusos sufridos por centenares de niños en el coro dirigido por el hermano del papa Benedicto XVI han sido las noticias que han vuelto a golpear estas semanas la credibilidad de la Iglesia católica y de su política de “tolerancia cero” respecto a los abusos sexuales. ¿Por qué hay tantos sacerdotes implicados en casos de abuso infantil? ¿Está haciendo el Vaticano lo suficiente para erradicar el problema? 

El “infierno” de Ratisbona

Quizás el escándalo más grande fue el causado por los resultados finales de la investigación del caso de la escuela de la catedral de Ratisbona, en Baviera (Alemania), y en particular de su reconocido coro Regensburger Domspatzen, dirigido durante décadas por Georg Ratzinger, el hermano mayor del papa Benedicto XVI.

El papa Benedicto XVI (izquierda) saluda a su hermano, Georg Ratzinger, durante un concierto del coro de Regensburger Domspatzen para celebrar el 85 cumpleaños de este último en la Capilla Sixtina en el Vaticano.

/ Osservatore Romano-Arturo Mari

/ AFP

El informe de 440 páginas, publicado el 18 de julio, recoge los resultados de una investigación independiente iniciada por la diócesis local y dirigida por el abogado Ulrich Weber que se prolongó durante varios años .
La investigación desveló que al menos 547 niños del famoso coro, cuyo nombre se traduce del alemán como ‘los gorriones de Ratisbona’, fueron víctimas de abusos sexuales y físicos perpetrados por sacerdotes y profesores entre 1945 y los años 90. Además, determinó que 49 sacerdotes y profesores estuvieron implicados en las agresiones a los menores, y nueve de ellos habrían cometido abusos sexuales.

“Castigos sádicos y lujuria”

La mayoría de las víctimas que revelaron sus experiencias en el marco de la investigación ocultaron lo sucedido durante muchos años. Muchas de ellas recurrieron a la ayuda de psicoterapeutas para superar el trauma. Una de las víctimas confesó a varios medios, bajo la condición de mantenerse en el anonimato, que el director de la escuela en la década de 1950 practicaba un ritual especial al que llamaba ‘azotaina al desnudo’. El maestro obligaba a niños de ocho o nueve años a desnudarse y luego les pegaba con la mano. La víctima confesó que a veces también les violaba.

Ulrich Weber, abogado responsable de la investigación
“Los afectados describieron sus años escolares como una prisión, como un infierno y como un campo de concentración. Muchos se referían a esos años como la peor época de su vida, caracterizada por el miedo, la violencia y el desamparo”

Ulrich Weber, abogado responsable de la investigación


Franz Wittenbrink, un compositor que estudió en la escuela de la catedral de Ratisbona, dijo que en el lugar funcionaba “un elaborado sistema de castigos sádicos combinados con la lujuria”.

El papa Benedicto XVI asiste a un concierto del coro de Regensburger Domspatzen en la Capilla Sixtina en el Vaticano, el 22 de octubre de 2005.

/ Osservatore Romano-Arturo Mari

/ AFP

El músico afirmó que el director de la escuela solía invitar a su habitación a dos o tres chicos, les daba a probar vino y luego les obligaba a masturbarse juntos. Wittenbrink asegura que este era un hecho bien conocido y que no entendía por qué el entonces director del coro, hermano del papa Benedicto XVI, cerraba los ojos ante esta horrorosa práctica.
Weber también subrayó en varias ocasiones que Ratzinger tenía que conocer algunos de los casos, aunque él ha negado tener cualquier tipo de información. El abogado denuncia que la Iglesia habría fomentado una “cultura del silencio” sobre el caso, lo que permitió a los sacerdotes y profesores agredir impunemente a los menores durante décadas.

El propio Ratzinger confesó haber dado bofetadas a sus discípulos, aunque puntualizó que después se disculpaba ante ellos. El hermano del papa dejó de recurrir a esta práctica en 1984, cuando la Iglesia prohibió los castigos corporales. Ratzinger admitió que se sentía culpable por recurrir a ellos, pero al mismo tiempo los calificó como “una reacción normal a los errores y a la desobediencia”.
“Si hubiera conocido los excesos de violencia que se estaban ejerciendo, habría hecho algo”, aseguró Ratzinger en una entrevista concedida en 2010, en la que pidió perdón a las víctimas. “Al principio, yo también daba bofetadas, pero siempre tuve mala conciencia”, añadió.

El ‘número tres’ del Vaticano, acusado de múltiples abusos sexuales infantiles

Otro reciente escándalo que supuso un fuerte golpe contra la Santa Sede fueron las acusaciones de múltiples abusos sexuales infantiles presentadas contra el cardenal australiano George Pell, asesor financiero del papa Francisco.

El tesorero del Vaticano, George Pell, llega a una audiencia en la Corte de Magistrados de Melbourne, Australia, el 26 de julio de 2017.

/ Mal Fairclough

/ AFP

Según autoridades de la Policía del estado de Victoria (Australia), varias personas han presentado demandas contra Pell, quien es sospechado de haber cometido abusos contra niños cuando era sacerdote en la ciudad de Ballarat (1976-80) y también durante su etapa como arzobispo de Melbourne (1996-2001).
El tesorero del Vaticano, quien estuvo considerado entre los posibles sucesores del papa Benedicto XVI, es el representante del Vaticano de mayor rango jamás acusado por un caso de abuso sexual. De momento, la Santa Sede ha mostrado su respaldo al cardenal, de quien el papa Francisco subrayó su respeto por su “honestidad” y “enérgica dedicación” a las Finanzas del Vaticano.
El propio Pell ha negado en reiteradas ocasiones todas las denuncias de abusos sexuales en su contra, asegurando que “la idea misma de abusos sexuales” le parece “detestable”. No obstante, en febrero admitió los “enormes errores” en la respuesta de la Iglesia ante los casos de pederastia, después de que la Real Comisión sobre Abuso Sexual de Menores de Australia confirmara que más de 4.400 menores sufrieron abusos sexuales por parte de sacerdotes católicos en este país durante décadas.

“Un fenómeno enorme del que nadie habla”

El papa Francisco reconoció en mayo que el Vaticano tenía un retraso de 2.000 casos mientras procesaba las denuncias de abuso sexual contra sacerdotes, por lo que las quejas sobre el lento ritmo de las investigaciones de la Iglesia católica estaban “justificadas”. El sumo pontífice aseguró también que ordenó agregar más personal para acelerar todos estos procesos de revisión.
Mientras tanto, los datos secretos revelados por la Congregación para la Doctrina de la Fe demuestran que el fenómeno de los abusos sexuales a niños por parte de sacerdotes se ha duplicado en los últimos años con respecto al periodo que va desde el 2005 al 2010. En los tres primeros años de pontificado de Francisco, Roma ha recibido casi 400 denuncias procedentes de iglesias de todo el mundo, según ha desvelado a RT el periodista italiano Emiliano Fittipaldi.

Manifestantes con máscaras y carteles esperan la llegada del cardenal George Pell, tesorero del Vaticano, en la Corte de Magistrados de Melbourne, Australia, el 26 de julio de 2017.

/ Mark Dadswell

/ Reuters

De acuerdo con Fittipaldi, considerado el enemigo público número uno del Vaticano por investigar sus temas más polémicos —los abusos sexuales a niños por parte de sacerdotes y las finanzas de la Iglesia católica— se trata de un fenómeno que afecta sobre todo a los países más católicos, “como España, Italia o los países sudamericanos” y del que “nadie quiere hablar de forma oficial: ni la Iglesia, ni los periodistas, ni la sociedad civil”.
A su vez, “las víctimas sienten una gran vergüenza”, ya que “el concepto de pecado está todavía muy desarrollado”, señala el periodista. “He hablado con las víctimas y me contaban que cuando un sacerdote violaba a un niño, le decían: ‘¡Chsss! No digas que he pecado, porque tú también has pecado'”, denuncia.

Fittipaldi revela que durante sus años de investigación sobre este asunto, el ejemplo que más le ha escandalizado es el mencionado caso de George Pell que, según el periodista, “ha protegido sistemáticamente a pedófilos cuando era obispo en Melbourne y en Sídney” y ha intentado “comprar el silencio de las familias pagando sumas muy pequeñas” por abusos sexuales “que llevaron al suicidio”. Para más inri, el propio Pell ha sido acusado de haber perpetrado abusos sexuales.
“He publicado un documento en el que pide a sus hombres, a sus sacerdotes, que ayuden a los curas que han acabado en la cárcel a cambio de recibir un sueldo, una casa o un seguro sanitario”, sostiene.

Emiliano Fittipaldi, periodista italiano
“No logro entender por qué el papa Francisco no se deshizo de alguien como Pell y que además lo defienda diciendo: ‘Hay que esperar a la Justicia'”

Emiliano Fittipaldi, periodista italiano


Asimismo, Fittipaldi critica que el Sumo Pontífice haya incluido en el C9 vaticano (el Consejo de nueve cardenales que asesoran al Papa en la reforma de la Curia romana) a Francisco Javier Errázuriz, “un cardenal chileno que ocultó en su escritorio durante seis años cinco denuncias contra un sacerdote pedófilo y violador en serie de Santiago de Chile llamado Karadima porque no creía a las víctimas”.
“Es inaceptable que la jerarquía católica los siga defendiendo en vez de ofrecer verdadera transparencia y una política de tolerancia cero que sea no solo palabras, sino hechos concretos”, añade.

¿Está el problema en el celibato?

Teniendo en cuenta la escala del problema, no es de extrañar que hay varios estudios que se centran en las razones por las cuales tantos sacerdotes están implicados en casos de abuso infantil. Una de las versiones más comunes que se ha barajado desde hace años es la que relaciona el problema del abuso infantil con el celibato sacerdotal católico.
En 2014, incluso los representantes de la Iglesia Católica en Australia vincularon por primera vez el celibato de los sacerdotes con los abusos sexuales de menores en un informe del Consejo de Justicia y Sanación de la Iglesia, que admitía que “el celibato obligatorio ha podido contribuir al abuso en algunas circunstancias”.

Imagen ilustrativa

/ Flickr.com / Etienne Valois

El informe apuntaba a una cultura de “obediencia y entornos cerrados”, así como a la forma en que se elegían candidatos potenciales para el clero como posibles factores que influían “en la prevalencia del abuso dentro de algunas órdenes y diócesis”. El documento afirmaba también que una “formación psicosexual” para los sacerdotes podría ser suficiente para prevenir el abuso a menores.
Sus hallazgos estaban en marcado contraste con uno de los estudios más fundamentales, extensos y caros sobre el tema: el realizado por el Colegio John Jay de Justicia Criminal (EE.UU.) durante cinco años y presentado en la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos en 2011.
Estos fueron los principales resultados de la investigación, recogidos en el informe ‘Las Causas y el Contexto del Abuso Sexual de Menores por los Sacerdotes Católicos en EE.UU., 1950-2010’:

  • La crisis de los abusos sexuales en la Iglesia Católica estuvo causada por la influencia de los amplios cambios sociales y el aumento de la “conducta desviada” de los años sesenta y setenta en sacerdotes inadecuadamente entrenados, emocionalmente desprevenidos y aislados.
  • Los sacerdotes homosexuales no son más propensos a abusar que los sacerdotes heterosexuales.
  • El celibato tampoco podía ser culpado por la epidemia de abuso.
  • Ninguna característica psicológica, de desarrollo o de comportamiento diferenció a los sacerdotes que abusaron de los menores de los que no lo hicieron.
  • La mala formación de los sacerdotes, combinada con el aislamiento social, el estrés laboral y pocos mecanismos de apoyo probablemente contribuyeron al problema del abuso. La disminución del abuso sexual a mediados de los años ochenta coincidió con una mejor formación de los seminaristas en sexualidad y relaciones humanas.

El propio papa Francisco apuntaba en el libro ‘El Jesuita’ en 2010 —cuando todavía era el cardenal de Buenos Aires Jorge Mario Bergoglio— que se trata de perversiones de tipo psicológico, previas a una opción celibataria, y que el celibato ni provoca ni tampoco cura esta perversión.

Jorge Mario Bergoglio
“El 70% de los casos de pedofilia se producen en el entorno familiar o vecinal. Hemos leído crónicas de chicos abusados por sus papás, sus abuelos, sus tíos, cuando no por padrastros. O sea, son perversiones de tipo psicológico, previas a una opción celibataria. Si hay un cura pedófilo, es porque lleva la perversión desde antes de ordenarse. Y tampoco el celibato cura esa perversión. Se la tiene o no se la tiene”

Jorge Mario Bergoglio


Stephen Rossetti, investigador de casos de violencia contra niños en la Iglesia católica, también discrepaba con esta hipótesis en una entrevista a ‘El Tiempo’, explicando que “no hay razón para pensar que porque un adulto escoge a un niño es porque está sexualmente frustrado”. “¿Por qué no otro adulto? No es el celibato, es que hay algo mal desde el punto de vista psicológico”, agregaba.

¿Política de “tolerancia cero” o mera retórica?

En una carta del pasado 28 de diciembre, el papa Francisco llamó a los obispos de todo el mundo a adherirse a una política de “tolerancia cero” hacia los clérigos que abusan sexualmente de los niños y pidió perdón por “un pecado que nos avergüenza”, en los cometarios más exhaustivos del Sumo Pontífice sobre el abuso hasta la fecha.
“Nos unimos al dolor de las víctimas y a su vez lloramos el pecado. El pecado por lo sucedido, el pecado de omisión de asistencia, el pecado de ocultar y negar, el pecado del abuso de poder”, se lamentó el Sumo Pontifice, instando a “tomar el coraje necesario para implementar todas las medidas necesarias y proteger la vida de nuestros niños, para que tales crímenes no se repitan más”.

El papa Francisco habla a la multitud desde la ventana del palacio apostólico con vistas a la plaza de San Pedro en el Vaticano, el 6 de agosto de 2017.

/ ANDREAS SOLARO

/ AFP

De hecho, desde su elección en 2013, Francisco ha tomado algunos pasos para erradicar el abuso sexual en la Iglesia y poner en práctica medidas para proteger a los niños. Así, en 2015 ordenó la creación de un tribunal para juzgar a los obispos que encubren abusos sexuales. Este mismo año, ordenó el primer juicio por pedofilia en el Vaticano, contra un exarzobispo polaco acusado de pagar por sexo con menores en la República Dominicana. Asimismo, se reunió varias veces con víctimas de abuso sexual.
No obstante, grupos de víctimas se quejan de la lentitud del cambio en el Vaticano; de que no ha hecho suficiente —sobre todo con los obispos que toleran o encubren los abusos sexuales—, y de que las palabras sobre la “tolerancia cero” son, de momento, poco más que retórica, como declaró a ‘The Guardian’ Anne Barrett-Doyle, fundadora del grupo estadounidense de investigación y monitoreo BishopAccountablity.org.

Anne Barrett-Doyle, fundadora del grupo BishopAccountablity.org
“Este Papa sigue proclamando la tolerancia cero, pero no la promulga. Él sabe muy bien que la ley de la Iglesia no contiene ninguna disposición de tolerancia cero. La tolerancia cero es mera retórica. El triste hecho es que la iglesia todavía no ha cambiado su sistema para hacer de la tolerancia cero una realidad vinculante”

Anne Barrett-Doyle, fundadora del grupo BishopAccountablity.org


Sea como fuera, los últimos escándalos vuelven a demostrar que se trata de un problema complejo que exige una respuesta compleja, y que de momento está lejos de ser resuelto.

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