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La dinámica de un edificio, producto del proceso globalizado (y globalizante) de urbanización, consiste en que cada grupo familiar ejerza su derecho a la privacidad hasta el hartazgo, en esa privacidad también se cuelan la impunidad y el anonimato en tiempos de guarimba.



La palabra guarimba está relacionada con el refugio o escondite que salva de quedar fuera a los niños o adolescentes que juegan en grupos, en los últimos años se refiere a un estilo de protesta que materializa las tácticas que la clase media diseñaba en los años 2002 y 2003, esas que versaban sobre miguelitos y palanganas de aceite caliente para el momento cuando llegaran los chavistas (círculos bolivarianos en ese entonces, colectivos ahora) a asaltarles y saquearles, lo que nunca ocurrió.



La fase insurreccional del plan Almagro se ha extendido a zonas clase media pobladas de edificios residenciales en el municipio Libertador como Montalbán, El Paraíso, El Valle y La Candelaria, también sitios como las torres de El Saladillo en el casco central de Maracaibo, Urbanización Sucre en el centro de Barquisimeto o Residencias Palma Real en Mañongo, estado Carabobo, en las que algunos residentes intensifican la violencia contra los cuerpos de seguridad amparados en lo complicado que es identificar operadores clave en dichas estructuras.




 

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Esta modalidad también se implementó en 2014 cuando mermó la asistencia a las movilizaciones en vías principales, mientras en las marchas se busca poner en escena la violencia hacia manifestantes “pacíficos” en los edificios se busca mostrar la incursión de la dictadura hacia las residencias de personas civilizadas y decentes con calidad de vida.



El sistema funciona como se ve en esta gráfica que ha rodado por redes sociales. Se trata de una brigada de choque (1) conformada por niños y adolescentes de barrios cercanos o no, en coordinación con otra de apoyo (2) que protege las puertas y garantiza que entren al edificio, allí interactúan residentes y no residentes. En algunos apartamentos refugian (3) tanto a miembros de brigadas de choque como de apoyo (1 y 2) y les proveen la logística, esta función puede ser combinada o separada de la brigada que comunica, registra los hechos vía redes sociales (WhatsApp y Twitter) y avisa las posiciones de los cuerpos policiales (4). También son quienes enlazan con los medios digitales que posicionan y magnifican mediáticamente la “represión” gubernamental. Aun cuando no están siempre, el rol de defensa (5) es el de los miembros élite, quienes lanzan molotovs, objetos contundentes y disparan contra los cuerpos de seguridad, periodistas o transeúntes que intenten quitar las barricadas.




 

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Los grupos que se organizan por torres pertenecen a pocos apartamentos pero amenazan por redes sociales a quienes no convalidan sus actos y exigen que sean delatados los sospechosos de chavismo, generan violencia contra los cuerpos de seguridad y ejercen control sobre todo movimiento alrededor de la zona. Desde cada apartamento se pueden realizar acciones que son difíciles de contener por los órganos de seguridad, por lo que la impunidad y el anonimato son aliados escudados en la inviolabilidad del domicilio.



Cuando el gobierno cumple con su deber de contener la violencia, el relato de estado fallido se viraliza en redes sociales sin un mínimo análisis a los factores que la detonan, las ONGs de derechos humanos enfocan hacia el Estado mientras, queriendo o sin querer, obvian a partidos políticos que emplean la subversión, el sabotaje y el conflicto armado para alcanzar sus objetivos. Hoy en día se utiliza a los edificios como búnkeres que alojan y escudan a peligrosos grupos e individuos armados.




 

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El antichavismo, en su empeño de mezclar violencia y política, avanza en acciones de calle y guerra urbana incipiente, operaciones informativas, acciones de acoso individual y colectiva, asesinatos selectivos y aleatorios, coordinación y producción de falsos positivos, militarización difusa y sin uniforme disfrazada de “protesta no-violenta” con la que profundiza el desgaste en la población y la fuerza pública, es en ese escenario tóxico en el que podría implosionar todos los códigos que sostienen la convivencia y el caos que supuestamente justificaría tanto la ingobernabilidad como la intervención internacional.



En una nota titulada ¿Hacia la fase insurreccional abierta?, en su segunda entrega publicada por esta tirbuna el pasado 23 de mayo, se reseñó una operación militar del ejército israelí en Palestina en 2002 que transformó el marco operativo de la guerra urbana. El encargado de dirigirla, el general Aviv Kochavi, le otorgó un enfoque donde las fronteras o límites de la ciudad desaparecían, ya que el espacio urbano es pensando como “medio” y no como lugar de guerra únicamente. 



Este enfoque, a modo de ejemplo, es útil para determinar el papel de los edificios como fachadas para sostener el aliento de las guarimbas y aumentar su radio destructivo. No sólo limitados a funcionar como búnkers, refugios o centros logísticos de la vanguardia violenta, sino también como retaguardia que busca impedir la labor de contención de las fuerzas de seguridad del Estado. La semana pasada un funcionario de la GNB fue impactado por una bala disparada desde la Residencia Victoria en El Paraíso, mientras intentaba despejar una barricada. 




 

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Fuente: http://misionverdad.com/LA-GUERRA-EN-VENEZUELA/los-edificios-como-estructuras-operativas-de-las-guarimbas