¿Necesita EE.UU. desesperadamente una nueva guerra?


Por: Carlos Santa Maria

Definitivamente la respuesta es afirmativa. Corroborando lo dicho, este jueves 8 de junio los aviones de la coalición internacional, liderada por EE.UU., han bombardeado posiciones del Ejército sirio y sus aliados cerca de la frontera con Irak, por segunda vez esta semana y tercera en tres semanas, donde la Fuerza Aérea de Estados Unidos obstruye los ataques a grupos terroristas causando un número alto de muertes para protegerlos.
Respecto a la urgencia de una guerra directa del régimen estadounidense, es preciso denotar lo siguiente:
Barack Obama mantuvo durante todo su periodo presidencial de 8 años un proceso militarista de intervención y agresión en numerosas naciones consideradas peligrosas o de su interés económico, que no cesó en ningún momento con el fin de mantener el caos en diversos frentes y provocar una declaración de guerra a su país.
Pese a la formación artificial de focos conflictivos, en Ucrania no condujo a Vladímir Putin a involucrarse en una conflagración, provocando una escisión del país y el referéndum de Crimea aprobando masivamente hacer parte de Rusia. Ello dio como resultado mayores tensiones con Occidente, producto del fracaso político, en especial con EE.UU. y la Unión Europea como un órgano vasallo, lo que condujo a una escalada de la OTAN, incrementando su presencia en Europa del Este y en clara violación de tratados internacionales.
Actualmente, y siguiendo dicha tendencia, Donald Trump ha continuado con la injerencia, presionando a diversas naciones con el objetivo de obtener una respuesta que dé inicio a una guerra donde EE.UU. pueda participar directamente, ya que los negocios de venta militar no son suficientes sin una acción directa, lo que dispararía el comercio bélico. O también, fomentar contradicciones de países aliados con otras naciones para involucrarse al “defender la democracia, la paz y el destino manifiesto” de su régimen.
Se comprende, entonces, que la Coalición haya masacrado a 62 soldados sirios en Deir Ezzor e incitado a Bashar al-Assad para responder del mismo modo y justificar su participación, aunque no ocurrió así. De igual modo, el reciente ataque al Ejército sirio en su propio territorio, hace pensar que otra agresión a las naciones que defienden la soberanía como su principio básico los debería exasperar al máximo. Se entiende los problemas causados por Israel en sus fronteras o los de Jordania, con el fin de exasperar al presidente sirio. Afortunadamente, nada les ha salido bien ante la inteligencia de Assad.
Cabe aclarar que las razones esgrimidas para agredir a los combatientes antiterroristas por parte de la coalición (en tanto organización ilegal en territorio sirio y entrenando a grupos takfiríes en sus bases), es que las fuerzas gubernamentales ya se encontraban entre 25 a 55 kilómetros de una base militar donde están desplegadas tropas estadounidenses y occidentales, lo que indica la usurpación de territorio extranjero.
El cobarde atentado a Irán (cuyo autor intelectual es el Pentágono, quien creó a Daesh y Al Qaeda), se ha visto reflejado en la posición tomada por Arabia Saudí, la cual fomenta el terrorismo en todos los frentes manteniendo un genocidio en Yemen. En este caso, cerrar las fronteras con Catar por estimular el diálogo regional con el Gobierno de Hasán Rouhaní, confirma su propuesta de caos controlado.
Desafortunadamente para el régimen estadounidense, no ha podido iniciar la guerra en América al atentar contra Venezuela, pese a que la CIA sostuvo que el presidente constitucional Nicolás Maduro sólo duraría tres meses desde su elección. Así, a esta construcción de crisis han “aportado” los cuatro países de mayor alianza con USA: Chile con su gobierno “socialista inversor”, México con 32.000 personas desaparecidas, Colombia y Perú, entre los países más desiguales, según el último informe de la CEPAL. La OEA o Ministerio de Colonias ha sido un gran apoyo a la desestabilización. En esta dirección, no se puede desconocer las amenazas a Corea del Norte, haciéndolo parecer como el agresor para justificar un nuevo lío mundial.
En esencia, todos los intentos de iniciar una guerra a gran escala han sido disuadidos gracias a la cordura de los gobiernos soberanos y permiten explicar por qué éstos no han respondido militarmente, pues sería entregar la oportunidad de enfrentamiento que necesitan urgentemente las élites financiero-militar. Y además, permite comprender las razones por las cuales las naciones autónomamente no se involucran directamente en una conflagración internacional.
Se considera por las élites que la crisis interna de EE.UU. obliga a equilibrar la economía gracias a una nueva batalla donde ese país pueda aumentar el gasto militar y poner a la región en marcha castrense. Se cree que de ese modo saldrá de su caída libre en el campo global, además de desviar la atención de sus graves problemas internos. No se puede olvidar que la intensa campaña de desprestigio desde las huestes de Hillary Clinton y el posible inicio del juicio a Donald Trump, lo obliga a desviar la atención y una guerra sería doblemente beneficiosa: ampara a las élites y esconde la atención interior.
La intervención en Afganistán, Libia, Irak, Siria, Malí, Sudán del Sur, Yemen, Venezuela, las agresiones a Rusia, China e Irán, entre muchas otras, son la muestra palpable de que un estallido planetario es el mayor propósito de las transnacionales del Orden Mundial.
Es tranquilizante para el planeta que Irán, en un coherente concepto, no reaccionara de modo impulsivo a lo que contribuiría al terrorismo para crear nuevas conflagraciones, similar posición que sostienen las naciones soberanas, lo que no obsta para que en caso de peligro real exista una respuesta contundente. Ello significa valentía y prudencia, alejada de la cobardía. Por otra parte, causa grave preocupación que el negocio de las armas y el complejo financiero no descansan en su propósito desalmado.
El tiempo se agota, la derrota del terrorismo está pronta históricamente y la crisis se acerca para el régimen estadounidense. Por tanto, las contradicciones se agudizarán y, ante ello, debe primar la inteligencia y dignidad de las naciones soberanas. El peligro nuclear está latente.
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