AFP recogió las declaraciones del nadador venezolano Cristian Quintero al salir de su primera prueba eliminatoria. El competidor expresó, según lo reseñado por el medio en cuestión: “No hay que preocuparse como en Venezuela, que si la piscina tiene cloro o está verde, con la inseguridad. Hay un nivel diferente, otro nivel de desarrollo. Tienen los complejos, los masajistas, todo está a su disposición”, refiriéndose a la Universidad del Sur de California de los Estados Unidos.

Esa declaración le sirvió a AFP para asumir que para Cristian Quintero sería “casi nulo subir al podio” porque “Venezuela ofrece las condiciones de las grandes potencias de la natación”, negando incluso hasta el propio dato reseñado por ellos mismos: el nadador venezolano entrena, estudia y compite en la institución educativa ya mencionada.

El medio también afirmó que “muchos nadadores y entrenadores tuvieron que pagarse su boleto para Río, bajo la promesa de que recibirán un reembolso de las autoridades de Venezuela”.

No sólo AFP no presenta ninguna declaración o testimonio que respalde esa afirmación, a su vez utiliza las declaraciones de Cristian Quintero para simplificar y vulgarizar el relato de la crisis en Venezuela, ahora narrada por el lado deportivo y proyectado en sus antenas repetidoras a lo interno, llámese La Patilla, El Nacional y hasta Dólar Today y Maduradas.

El deporte condensa audiencias de variopintas características y funciona como un factor de entretenimiento transversal a toda la sociedad y a sus grupos y estratos que la componen. Simplifica y homologa las diferencias sociales en torno a gustos y consumos simbólicos específicos, más allá de las preferencias por un deporte u otro.

La intoxicación sobre Venezuela de AFP se aprovecha de ese rasgo que entraña en sí mismo como también de la gigantesca cobertura mediática de los Juegos Olímpicos. Referirse a la crisis en Venezuela, en ese contexto, entretiene a una audiencia ávida de seguir consumiendo esa matriz, además de exportar al mundo una versión cartelizada y opaca sobre la verdadera situación del deporte en Venezuela.

Y es específicamente ahí donde radica el sentido de oportunidad de la intoxicación de AFP: como el tema deportivo es aparentemente autónomo y despolitizado, y como ese sector está en manos del Estado venezolano, las exageraciones y mentiras flagrantes de AFP adquieren un mayor poder de penetración en la opinión pública nacional.

Omisión olímpica e interesada

Lo que está detrás de esta intoxicación es, básicamente, exponer al chavismo internacionalmente (porque precisamente AFP es un medio de alcance mundial) como un actor político que supuestamente destruyó las condiciones para hacer deporte en Venezuela, solidificando la matriz del colapso generalizado, pero proyectado de forma segmentada. AFP, sin embargo, omite olímpicamente los siguientes datos que dan al traste con su intoxicación:

Aun con reducción de los ingresos nacionales del 70%, hoy la representación olímpica de Venezuela es de 86 atletas. Es la segunda mayor delegación, luego de que en la cita en Beijing nos representaran 109 atletas.

El 30 de noviembre de 2013 fue inaugurado el Centro de Entrenamiento Deportivo de Alto Rendimiento en Macarao, parroquia Antímano, para diversificar la oferta de centros de entrenamiento de varias disciplinas y atender a los atletas del sector.

El 11 de noviembre de 2014 fue reinagurado el Complejo de Piscinas del Complejo Las Delicias, en el estado Aragua, con una inversión de 2 millones de bolívares para concentrar atletas y realizar competencias en esta disciplina.

Entre el año pasado y el actual, Venezuela ha albergado el campeonato FIBA Américas (masculino y femenino), el campeonato panamericano de ciclismo, el campeonato suramericano de clavados y más recientemente el mundial de boxeo. Las condiciones deportivas de Venezuela la ubican como un país con todos los requisitos para realizar eventos deportivos internacionales de gran envergadura, como parte del ciclo olímpico internacional.

El 29 de enero del año 2016 el Ministerio del Poder Popular para el Deporte, en conjunto con el IND y el Comité Olímpico, aprobaron inversiones por el orden de los 23 millones de dólares (442 millones de bolívares) para cubrir los gastos logísticos, operativos y de infraestructura para la última parte del ciclo olímpico clasificatorio de los atletas venezolanos. Esto se suma a los 2.473 millones de bolívares que en el mes de agosto de 2015 fueron aprobados por el Estado venezolano para el mismo fin.

El 23 de marzo del presente año el presidente Nicolás Maduro aprobó el financiamiento de 6 millones de dólares para aumentar las becas a los deportistas de distintas disciplinas y para optimizar la infraestructura deportiva del país en varios renglones.
La clave geopolítica

El deporte en el actual contexto de guerra global ha sido utilizado como arma geopolítica para degradar internacionalmente a países adversos a Estados Unidos, los que efectivamente controlan las regulaciones y grandes decisiones del Comité Olímpico Internacional: máxima instancia del deporte mundial y de los Juegos Olímpicos. Los casos de expulsión arbitraria contra atletas rusos por supuesto “dopaje” de parte de esta institución describen cómo el deporte funciona para afectar la imagen internacional de un determinado país, aislarlo de eventos de preponderancia mundial y proyectarlos como estados minusválidos con respecto al mundo globalizado regido por Washington.

Las intoxicaciones de AFP se arman al son de esa clave geopolítica.

Con la excusa del deporte y de los Juegos Olímpicos, Estados Unidos buscó aumentar su escalada de conflictividad contra Rusia y los bloques de poder emergente, la misma que hoy extiende desde las finanzas y la diplomacia hasta el comercio. El deporte como arma geopolítica entró definitivamente y para quedarse en ese caótico marco de disputas y enfrentamientos a escala global por ver quién impone sus reglas de juego a mediano y largo plazo.

Por jugar en ese lado incómodo lado de la cancha, también nos toca una parte de esas agresiones. Quizás no con sanciones directas, pero sí por cortesía de las agencias internacionales con audiencia mundial y amplio poder de penetración en los medios antichavistas venezolanos. La guerra informativa contra Venezuela no descansa, y mucho menos cuando los Juegos Olímpicos imponen un ritmo de sobreinformación y entretenimiento masivo. Por esa gritan los artífices de la guerra mediática y geopolítica, no dudan en atacarnos.

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