Río de Janeiro se convirtió en un pedazo de la isla de Jamaica este domingo para asistir a la carrera más esperada de los Juegos Olímpicos: los 100 metros lisos que Usain Bolt recorrió en 9,86 segundos ganando su séptima medalla de oro olímpica ante un público que desde el principio lo recibió como el gran favorito.

El estadio del Engenhão casi a rebosar ya coreaba su nombre en las semifinales previas a la prueba reina del atletismo, una calurosa acogida que contrastaba con los abucheos —en su mayoría provenientes de la hinchada brasileña— dedicados al velocista Justin Gatlin, su máximo rival.
El contraste entre ambos se ha hecho patente desde el principio; mientras Bolt no dejaba de lanzar guiños y aplausos al público Gatlin se concentraba con semblante serio y aguantaba estoico la reacción adversa del estadio.
En la Casa Jamaica, el espacio que el país caribeño ha alquilado en Río para seguir a sus atletas y acoger las celebraciones en caso de medalla, el ambiente antes de la carrera era de euforia: “Claro que va a ganar, es el mejor, no hay otro igual”, repetían los jamaicanos, pero también turistas de nacionalidades de todo el mundo.
Fuera del estadio del Engenhão los vecinos del barrio departían alegremente con los turistas algo ajenos a la expectación creada por el hombre más rápido del mundo: “El atletismo me gusta, pero no estoy muy puesto, la verdad. A Bolt le vi ayer porque me dieron entradas gratis. La verdad es que es un fenómeno”, comentaba a Sputnik Edmilson, un vecino de Engenho Novo.
Ione, una vendedora de hamburguesas y ‘salgados’, estaba algo más entusiasmada: “Lo veremos por la televisión porque no tenemos entradas, pero saber que estamos tan cerca de él ya da una energía muy buena, es algo especial. No sé cuánto tiempo tardaré en vivir algo parecido”.
En general los brasileños han adoptado a Bolt como uno más. A su carisma se une la pasión que el jamaicano demuestra por Río cada vez que tiene una oportunidad.
Hace meses visitó la favela de Mangueira para conocer su famosa escuela de samba y esta semana incluso se atrevió a con unos pasos de este rimo carnavalesco, justo después de anunciar una vez más que estos serían sus últimos Juegos.
Tras su victoria Bolt dio la vuelta al estadio con un peluche de Vinicius, la mascota de los Juegos Olímpicos, deteniéndose de vez en cuando en las gradas para hacerse fotos y saludar a sus fans, que se resistían a abandonar las gradas. Incluso las tres ganadoras de los 100 metros femeninos le pararon para hacerse una ‘selfie’.