Radioactividad es la energía por el núcleo inestable de un átomo que se desintegra. Cuando se habla de «leche radioactiva» se mide de hecho la desintegración de átomos de iodo, cesio, estroncio, etc. que se encuentran en forma «accidental» en su composición. Con el accidente de Chernobyl se liberó un 4% del inventario altamente radioactivo del reactor.

A finales de noviembre del 86, la noticia aparecida en la prensa sobre la llegada al país de 20.000 toneladas de leche en polvo movilizó a distintos sectores, ecologistas, ambientalistas, biólogos, químicos, ingenieros, químicos, abogados y sobre todo madres de familia, quienes exigieron información sobre la procedencia de la leche que importaba Venezuela, pues se conocía por informaciones internacionales que desde Europa estaban enviando al tercer mundo la leche que había sido contaminad por la nube de radioactividad desprendida de la explosión de la planta nuclear soviética de Chernobyl. Una de las primeras tareas del grupo movilizado por la justa preocupación fue solicitar la anulación de la resolución N 9 dl 9-7-86 del ministerio de sanidad y asistencia social (MSAS) que autorizaba la importación de alimentos y bebidas radioactivas con niveles por encima de lo aceptado por otros países. Por ejemplo, mientras el MSAS aceptaba alimentos y bebidas importadas con 151,70 bg/kg de iodo y 1.184 bg/kg de cesio, los U.S.A sólo aceptaba 55,5 bg/kg y 370 bg/kg respectivamente.

En diciembre del 86, varias amas de casas y mujeres trabajadoras acudieron a los medios de Agricultura y Cría, para solicitar al ministro, doctor OTTO HERNÁNDEZ PIERETTI, QUE INFORMARA AL PAÍS sobre la procedencia de las 20 mil Toneladas que llegarían a Venezuela, exigiendo la realización de pruebas para comprobar si esta leche era apta para el consumo humano, púes se habían tenido noticias de que Brasil, Bolivia, Sri Lanka, Filipinas, Malasia, Singapur, Tailandia Y Arabia Saudita habían rechazado leche procedente de la comunidad europea por contener niveles inaceptables de radioactividad.

A pesar de que el titular del MSAS aseguró que los cargamentos de leche no estaban contaminadas por radiación, púes estos habían sido debidamente verificados en el país de origen como en el nuestro, la campaña contra la importación de leche de la CEE TOMÓ FUERZA EN LOS MEDIOS de comunicación, donde comenzaron a aparecer, diferentes fuentes acerca del abarrotamiento de alimentos indeseados que sufría la comunidad económica, por lo cual se veía obligada a multiplicar sus ventas en un mercado que tradicionalmente compra barato y no protesta: el tercer mundo.

Según este ministerio de Salud y el ministerio de Agricultura y Cría (MAC), LA IMPORTACIÓN DE LECHE EUROPEA había sido paralizada desde marzo del 86, fecha en que ocurrió el accidente nuclear. Esta paralización había ocasionado la escasez del producto en el mercado venezolano.

Tomando en cuenta que el nivel de peligrosidad había descendido, según las autoridades sanitarias, se anunció la reapertura de la importación de leche de la CEE. En diciembre del 86, el presidente de Indulac, WENCESLAO MANTILLA, anunció que el desabastecimiento de leche que había aquejado al país en las últimas semanas quedaría solucionado con un próximo despacho de 21.200 kg de leche importada de Bélgica hacia todos los centros de abastecimientos del país. Como habían manifestado las protestas, se sabía que Bélgica había sido contaminada por la nube de radiactividad procedente de Chernobyl, pues esa leche ya había sido rechazad por otros países. El ministro siguió informando que las 21.200 toneladas de leche belga habían sido autorizadas por el MAC en agosto del 86, y ya habían sido repartidas entre las 3 empresas pulverizadoras: INDULAC, PAICOSA e ILAPECA; continuándose el desembarco del cupo completo de importación.

La corrupción de este caso no sólo implica el daño a la salud pública, sino también un perjuicio económico a la nación, pues la leche traída de Bélgica había sido comprada a 1.500 bs. la tonelada, mientras que Cuba y Perú la pagaron a 800 y 920 respectivamente. Así, la pérdida aproximada sólo por la importación de esta leche era de 1.320 millones de bolívares. Es importante señalar que mucho de los acaparamientos habidos se debían a la presión que se quería ejercer para traer mayor cantidad de leche del exterior, pues esto resultaba más rentable a la industria lechera, sin importar los daños que pudiera causar a la colectividad. En este caso en particular, Bélgica vendía la leche a precios bajísimos y Venezuela compraba a precios exorbitantes pasando por encima del costo normal en el mercado latinoamericano; sin agregar que Bélgica no era uno de los proveedores normales del país. 
En marzo del 87, llegan a Maracaibo, procedente de Nueva Zelandia, 50.000 KG de leche en polvo destinada al programa «Leche popular». De nuevo se despertaron las expectativas de los consumidores, toda vez que la zona de procedencia del producto se encuentra en la ruta por donde pasó la nube de la radioactividad de Chernobyl. De nuevo las autoridades sanitarias respondieron con la afirmación de que los análisis realizados fueron rigurosos y confiables, tanto en el país de origen como en el nuestro. Sin embargo la duda estaba sembrada en la opinión pública y la merecida desconfianza en nuestros funcionarios cobraba un escándalo más.

A pesar de las denuncias, en diciembre del 86 llegaron a Venezuela las 21.000 toneladas de leche procedentes de Bélgica.

En marzo del 87, como si estuviese premiando una encomiable acción, el presidente JAIME LUSINCHI impuso la orden del Libertador en su clase de Gran Cordón al ministro de sanidad y asistencia social dr OTTO HERNÁNDEZ PIERETTI.

En enero de ese mismo año, el destacado cardiólogo había sido electo por unanimidad como individuo de número de la Academia Nacional de Medicina. 
El cargamento de leche, cuya compra había sido confirmada por el destinatario en Venezuela, según el ministerio federal del medio ambiente en Bonn, ESTABA CONTAMINADA con 1.800 bequerelios por kg y por tanto no era apropiada para el consumo humano, de acuerdo con las normas vigentes en la comunidad europea. Esta leche habría sido adquirida por el MAC, con dólares preferenciales a la asociación quesera y lechera de Austria, mediante gestión de la empresa exportadora austríaca «Oemolk».

Esta vez, la opinión pública parece haber tenido algún efecto. Venezuela ordenó detener el embarque y estas toneladas no fueron finalmente embarcadas con destino a Venezuela.

La gente de la central lechera austríaca y de la asociación de fábricas de queso (OEMOLK) HELMUT GLAS, declaró que sorprendentemente, Venezuela había anulado el pedido. El 1º de octubre del 87, el MSAS emite una resolución derogando la aberrante resolución N 9 dl 9-7-86 que permitía el ingreso del país de alimentos importados con altos niveles de contaminación con radioactividad . Así, Venezuela se acogió finalmente a cifras más exigentes en el control radiológico de alimentos.

Este caso fue olvidado rápidamente por la conciencia nacional. En marzo del 88 comenzó otro debate, esta vez de la carne radioactiva que también estaba entrando al país.

La razón por la que la carne radioactiva tuvo más peso en la opinión pública: «hay una razón obvia para que el asunto de la leche haya pasado desapercibido: con el asunto de la leche se encuentran involucrados fundamentalmente sectores oficiales, mientras que las denuncias sobre carne radioactiva tuvieron más resonancia pues los importadores de dicho alimento pertenecían al sector privado».

Para esta fecha, el decreto que exigía unos límites menores de radioactividad aún no habían sido publicados en gaceta oficial, aunque había transcurrido un año de su aprobación. Sobre este particular no se encontró más información. Los efectos de este caso son inconmensurables, mostrando cómo la corrupción ha llegado a límites insostenibles, cuando no importa la salud del pueblo venezolano, especialmente de niños y jóvenes que sufrirán posteriormente los daños de la radioactividad. Muy poca importancia parece tener la vida humana de este país. De nuevo no hay culpables ni leyes que sancionen estas acciones y sin embargo si existiesen ¿habría un castigo justo para ellos? Y más importante aún ¿nos devolverían la salud de los venezolanos?