Biopolímeros y PIP: marcas del capitalismo en nuestros cuerpos
Por: Rebeca E. Madriz Franco
Rebelión

En nuestro país –el de las mujeres “bellas”- se ofrece por doquier conseguir el cuerpo deseado casi de manera instantánea. Basta revisar cualquier periódico, página web, o simplemente caminar por cualquier calle de nuestras ciudades para engancharse en las ofertas engañosas que ofrecen adelgazar sin cirugías, perder medidas y kilos en horas, aumentar glúteos y senos, eliminar arrugas, todo a precios accesibles y en cómodas cuotas.

Los abusos del uso de estas cirugías e intervenciones con fines estéticos han comenzado a evidenciar las consecuencias en la salud de las mujeres. El estereotipo de mujer creado y masificado a través los medios de comunicación reduce a la mujer a un mero objeto sexual, infravalorada y dispuesta a ver estrellas por ser “bella” , de allí que las infecciones BIM (Biopolímeros, Implantes y Mesoterapia) se les conozca también como la «Enfermedad de las bellas».

Por un lado están las prótesis mamarias fabricadas por la empresa francesa Poly Implant Prothese (PIP), elaboradas con un gel que contiene carburantes usados en la industria del caucho, y cuyas víctimas en el país rondan las 33 mil. Muchas de ellas no saben a ciencia cierta sin son portadoras o no, pues sus historias médicas son negadas por el afán mercantil de los médicos que las intervinieron y que siguen poniendo sus intereses por encima de la vida de estas mujeres. También se viene observando que no siempre los exámenes recomendados arrojan la realidad del estado de la prótesis, lo que nos ubica frente a un problema de salud pública.

Los Biopolímeros, por su parte, son sustancias derivadas del petróleo, transparente y aceitosa, de uso industrial, y prohibidas para su uso en el cuerpo humano, con un gran carácter invasivo. Entre las reacciones más comunes se encuentran reacción a nivel cutáneo, dolor, calor, infección con secreción purulenta, embolismo pulmonar, insuficiencia renal y muerte por asepsia. Estos pueden matar a una persona al momento de su inyección en el cuerpo, y aunque los efectos a primera vista suelen ser “satisfactorios”, sus verdaderas consecuencias y la migración a cualquier parte del cuerpo se producen entre los 3 meses y 18 años según afirman los expertos.

EL PAPEL DEL ESTADO VENEZOLANO

El 22 de diciembre de 2011, el Ministerio del Poder Popular para la Salud emitió un comunicado de prohibición del uso de biopolímeros en todas sus formas para tratamientos estéticos y puso a disposición de todas las personas afectadas el número 0212 – 4080000. Por otro lado, el 3 de mayo de este año la Defensoría del Pueblo introdujo ante el Tribunal Supremo de Justicia una demanda en apoyo a las víctimas, basada en la protección de derechos e intereses colectivos; ordenando el retiro y reemplazo gratuito de las prótesis, medida que debe ser costeada por cirujanos, clínicas privadas y la empresa distribuidora.

Este mercado que se ha hecho del cuerpo y de la vida de las mujeres tiene su mayor fortaleza en la inconformidad femenina que nos hereda una autoestima colectiva golpeada por la cultura patriarcal y capitalista que pretende ubicarnos en el mercado como una mercancía más. El papel de los medios de comunicación en el reforzamiento de esos estereotipos es central para ubicar el problema, pues más allá de las mujeres hoy afectadas, todas las mujeres somos víctimas de una violencia simbólica permanente que nos agrede y que se convierte en una guillotina ideológica del rol que estamos llamadas las mujeres a cumplir en la sociedad.

Sin duda es indispensable garantizar su derecho a la salud y a la vida de estas mujeres, y sobretodo queda el enorme reto para todas de comprender que nuestra vida vale, pero nuestro cuerpo no tiene precio.

Rebeca E. Madriz Franco / Género con Clase