El antisemitismo como concepto tendencioso usado en Venezuela para victimizar al Sionismo en la actual coyuntura electoral de 2.012
Por: Emilio Silva

La escogencia disfrazada de farsa electoral -efectuada por la burguesía- del sionista Henrique Capriles Ratonsky como su candidato majunche para las elecciones presidenciales de este año, devela, entre muchas otras cosas, el peligro que el Sionismo nacional e internacional ve en la consolidación de la Revolución Socialista Bolivariana, contraria a sus proyectos capitalistas de dominación y explotación hacia nuestro pueblo y el resto del mundo.

A despecho de los eruditos del reformismo con boína roja, los habladores de paja salpicada con Marx y Condorito, y los diplomáticos de la ignorancia burocratista (incluyendo ciertos funcionarios consulares en Estados Unidos, de cuyos apodos y prontuarios no quiero acordarme), una de las virtudes de esta revolución es la de haber creados las circunstancias propicias para debatir temas que hasta 1.998 han sido ignorados o tergiversados por el Sionismo, como por ejemplo el antisemitismo.

La palabra semita se usa para designar a un grupo de idiomas conformados por el hebreo, el asirio, el arameo, el fenicio, el árabe, el tigriña, el tigré, entre muchos otros -extintos o vigentes- usados por distintos pueblos de Asia y África desde hace muchos siglos. Esto significa por un lado que nadie es de raza semita por hablar en uno de esos idiomas (o de lo contario los sacerdotes católicos serían ciudadanos romanos por hablar en latín), sobre todo porque científicamente las razas no existen entre los seres humanos, y por otro lado que ser antisemita es estar en contra de que una o varias personas se expresen en alguno de esos idiomas.

No todo lo lógico es real ni todo lo real es lógico. Estas verdades tan coherentes y sencillas han sido oscurecidas por la ignorancia y el fanatismo -males estimulados por el Sionismo- para atribuir otro significado a la palabra antisemitismo, usada perversamente para designar a toda tendencia contraria a la existencia de los judíos como integrantes de una raza.

Aquí se está en presencia de la mezcla de dos concepciones absurdas, siendo la primera presuponer la existencia de razas, y la segunda considerar que una de estas se haya conformada por los seguidores de un credo o doctrina espiritual. El Judaísmo es una religión surgida -al igual que el Cristianismo- en el seno del pueblo palestino, el cual siempre se ha expresado en distintos idiomas semitas, como el arameo, el árabe y el hebreo. Si este último es el idioma ritual del Judaísmo, eso no implica necesariamente que quien lo hable sea integrante de alguno de los pueblos que lo empleen, ni igualmente que sea un seguidor de aquella religión, pudiendo hasta incluso ser ateo.

La única forma de que una religión se transmita es psicosocialmente, por más que ciertas corrientes del Judaísmo consideren que esa religión se transmite biológicamente por línea materna. De esta creencia errónea es de donde sale la falsa premisa -útil a los desmanes de los sionistas eurogringos para usurpar Palestina a sus verdaderos dueños, los palestinos- de la existencia de la raza o etnia judía. Si se requiere hacer referencia al grupo humano conformado por judíos, este debe denominarse como comunidad judía, no como pueblo judío. No es correcto hablar de los pueblos evangélico o budista, sino de las comunidades evangélica o budista. Por tanto, no existe un pueblo judío ni mucho menos una raza judía, sino una comunidad judía.

Una consecuencia atinada de lo antes expuesto es plantear que los nazis alemanes no fueron antisemitas -aunque ellos se autodenominasen así en su locura racista- sino en realidad antijudíos, al creer ridículamente que ser judío es una condición racial, no religiosa (y los altos jerarcas nazis lo sabían cuando hacían sus contubernios con los dirigentes del Sionismo antes de la Segunda Guerra Mundial). Ahora bien, si no se logra entender a cabalidad el sentido pleno de las ideas aquí tocadas, políticamente se justificaría acusar a los colonos sionistas eurogringos de antisemitas -tal como a los nazis alemanes- por asesinar constantemente a los palestinos en su propia tierra con procedimientos que Hitler envidiaría, pero esta acusación no se justifica desde el punto de vista lógico, pues los sionistas masacran a los palestinos no porque hablen en un idioma semita como el árabe, sino porque quieren apoderarse del resto de la región circundante a Palestina a favor del imperialismo eurogringo.

En síntesis, la palabra antisemitismo es portadora de un concepto absurdo. ¡No se puede estar en contra de que alguien hable un idioma semita!

Así como el Judaísmo no tiene nada que ver con el Sionismo (pero el segundo hace uso y abuso del primero), tampoco el antisemitismo es sinónimo de antijudaísmo, pero como los mecanismos ideológicos del capitalismo deforman el significados real de las palabras para favorecer los intereses de las clases dominantes (incluida la burguesía de religión judía, cuya ideología política es el Sionismo), resulta que -según las ideas manipuladoras que estas clases pregonan- el Judaísmo y el Sionismo son la misma cosa, y por tanto ser antisionista es ser antijudío y antisemita. Luego, criticar los crímenes de los sionistas equivale a ser nazi, odiar a los judíos y predicar el racismo y la intolerancia. ¡Qué hijos de puta son los colegas sionistas de Ratonsky, consumado golpista y contrarrevolucionario!

Como ejemplo de esa extravagante pretensión de los sionistas por no ser tocados en sus pútridos pellejos ni por el pétalo de una flor (que se marchitaría a su contacto), ellos reaccionan grotescamente como todo pequeñoburgués resentido cuando roban y se les dice que son malandros, matan y se les dice que son asesinos, o hacen cochinadas y se les dice que son tan cochinos como Ratonsky. Nuestro Comandante Presidente Chávez no es hipócrita como ellos cuando le dice a ese mequetrefe sionista: “Tienes rabo de cochino, oreja de cochino, roncas como un cochino, eres cochino majunche”.

El último berrinche del Sionismo contra Chávez lo están protagonizando ahora la Liga Antidifamación y el Centro Simón Wiesenthal (ver el reporte Grupos judíos rechazan ataques “antisemitas” contra Capriles Radonski en el enlace http://ensartaos.com.ve/index.php?q=node/12888), dos franquicias políticas de la peor calaña -ubicadas en Estados Unidos- que se agarran del artículo El Enemigo es el Sionismo: Un barranco como solapada promesa, publicado por Adal Fernández en el enlace http://www.rnv.gov.ve/noticias/index.php?act=ST&f=15&t=176836. Aún sin conocerlo, desde aquí me hago solidario con el camarada Adal y la crítica que hace contra las sabandijas sionistas. Espero que por ahí -sobre todo desde espacios diplomáticos a cargo de gente pseudorevolucionaria o aparentemente instruida en el tema del Sionismo- no salgan los sempiternos sabelotodos y opinólogos de boína roja de siempre a caerle encima, estigmatizándolo de nazi, antisemita e intolerante a través de páginas web donde pudieran censurarle el posible derecho a réplica al que tendría derecho para defender su imagen y reputación de cualquiera de esas calumnias.

Como rama del árbol podrido que representa este último escándalo mediático del Sionismo, un par de sujetos llamados Shimon Shamuels y Sergio Widder, miembros de una de esas franquicias sionistas, hacen referencia a los supuestos ataques antisemitas contra Rantonsky cuando tienen la santa cachaza de dirigirle una venenosa carta a Chávez para hacerle saber que “es la única persona que puede frenar estos ataques. Su falta de respuesta efectiva sería un apoyo y un estímulo a favor del racismo” (ver el reporte Solicitan a Chávez poner fin a ataques antisemitas contra Capriles en el enlace http://rayma.eluniversal.com/nacional-y-politica/120217/solicitan-a-chavez-poner-fin-a-ataques-antisemitas-contra-capriles).

Estos y otros tipejos pueden hacer toda la bulla mediática que les dé la gana, pero el Sionismo y sus agentes venezolanos y extranjeros no podrán frenar a la Revolución Socialista Bolivariana con infundios bufonescos de antisemitismo, sacados a la palestra cada vez que esta se pronuncia en contra de los desmanes de los colonos eurogringos en Palestina, o de las triquiñuelas de Ratonsky y demás derivados escualosionistas. ¡Patria o muerte! ¡Viviremos y venceremos!