Primarias en Argentina: El categórico lenguaje de las cifras

Por: Moisés Pérez Mok *
Buenos Aires (PL) Argentina concurrió por primera vez a las urnas el 14 de agosto para dirimir elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), y las cifras que arrojó el ejercicio resultaron incontestables en todos los sentidos.

El hecho de que votara el 77,82 por ciento del padrón, conformado por más de 28 millones 900 mil ciudadanos, fijó no sólo un récord de participación en comicios nacionales, sino que dio un rotundo mentís a quienes desde el arco opositor cuestionaban la validez del examen electoral. En las presidenciales del 2007 hubo una participación del 76,20 por ciento y en las legislativas de medio término, en el 2009, la cifra aumentó hasta el 76,79 por ciento, recordó el ministro del Interior, Florencio Randazzo.

Ahora, el alto nivel de concurrencia «marcó la necesidad que tenía el pueblo de ser parte de la selección de los candidatos y terminar con la vieja cultura del dedo y de elección por parte de las burocracias, cuando no por pequeños grupos de afiliados», evaluó el titular.

Instrumentadas como parte de la reforma política impulsada por el gobierno argentino y aprobada en 2009 por el legislativo, las PASO fueron concebidas como un método de selección de candidaturas y de habilitación de partidos y alianzas para competir en las elecciones generales del 23 de octubre.

Así, este 14 de agosto compitieron por el respaldo del electorado 10 listas únicas de precandidatos a presidente y vice de la nación; 251 de diputados nacionales, y 61 de senadores nacionales, estos últimos para ser elegidos sólo en ocho provincias.

Y de entre todos éstos emergió como gran vencedor el gobernante Frente para la Victoria, que presentó una fórmula presidencial integrada por la dignataria -y ahora candidata a la reelección- Cristina Fernández y su ministro de Economía, Amado Boudou.

SIETE MILLONES DE VOTOS: UNA VENTAJA COMODA

La victoria que acaba de conseguir Cristina Fernández en las urnas fue, desde todo punto de vista, aplastante.

Diez millones 363 mil 319 electores (el 50,07 del total) le dieron su aprobación y una ventaja de más de siete millones 200 mil votos sobre quienes disputaron cerradamente el segundo lugar: Ricardo Alfonsín-Javier González, de la alianza Unión para el Desarrollo Social (Udeso), y Eduardo Duhalde-Mario Das Neves, de la Alianza Frente Popular.

Alfonsín terminó con dos millones 519 mil 33 votos (12,17 por ciento del total) y Duhalde con dos millones 517 mil 839 (12,16).

Después se ubicaron Hermes Binner-Norma Morandini, del Frente Amplio Progresista (10,26); Alberto Rodríguez-José María Vernet, de la alianza Compromiso Federal (8,17); Elisa Carrió-Adrián Pérez, de la Coalición Cívica (3,24) y Jorge Altamira-Christian Castillo, del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (2,48).

Al no conseguir el 1,5 por ciento de los votos válidos exigidos para habilitar sus candidaturas, quedaron fuera de las presidenciales de octubre Alcira Argumedo y Jorge Cardelli, de Proyecto Sur (0,9 por ciento), Sergio Pastore y Gilda Rodríguez, del Movimiento de Acción Vecinal (0,31) y José Bonacci-José Villena, del Partido del Campo Popular (0,24).

El triunfo de la jefa de Estado fue no sólo a nivel nacional, sino también se materializó en 23 de los 24 distritos electorales en que se divide el país, incluidos los tres más importantes.

En la provincia de Buenos Aires cosechó más de cuatro millones 129 mil votos (53,09 por ciento del total), relegando a un lejano segundo puesto a Duhalde (13,87); en Córdoba la respaldó el 34,21 por ciento del electorado y allí aventajó a Alfonsín (17,65).

Mientras, en esta Ciudad Autónoma fue la única en rebasar el medio millón de votos (30,08 por ciento del total) y sacó casi ocho puntos de ventaja al segundo mejor posicionado, Duhalde (22,14), quedando además primera en 12 de las 15 comunas.

TAMBIÉN HAY PERDEDORES

Para analistas aquí, aún sin figurar en las boletas el gran perdedor del pasado domingo en los comicios fue Héctor Magnetto, el magnate del Grupo Clarín.

Cristina -señalaba el director del matutino Tiempo Argentino, Roberto Caballero- se erigió en la primera jefa de Estado de la democracia en salir airosa de las cientos de tapas (portadas) adversas, cuando no extorsivas, del diario más leído del país».

En igual sentido otro reconocido observador político, Luis Bruchstein, evaluaba el resultado de las PASO como «un acusador irrecusable, es la evidencia indiscutible de la manipulación» por parte de la maquinaria granmediática, que no dejaba entrever el respaldo del cual goza este gobierno.

Mientras, Mario Wainfield hacía notar en el matutino Página 12 que «el termómetro más certero (las urnas) midió ayer una sensación térmica totalmente diferente al relato dominante en las últimas semanas, meses y años».

Magnetto y Clarín aparte, las inéditas elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias en Argentina mostraron a otras dos fuerzas políticas como las grandes perdedoras.

En primer término a la Coalición Cívica que lidera Elisa «Lilita» Carrió, la cual pasó de un 23,04 por ciento de los votos cosechados en las presidenciales de 2007 a un magro 3,30 en los comicios de ayer.

Carrió asumió públicamente la total responsabilidad por el descalabro de la agrupación al manifestar: «Soy la razón de la derrota». Sin embargo, negó que ello fuera razón suficiente como para alejarse de la política.

En cuanto a Proyecto Sur, la precandidata presidencial Alcira Argumedo dijo saber que venía «una pelea desigual y que esto podía pasar», pero igualmente negó un presunto abandono del escenario político.

«La historia no termina hoy, ni el 23 de octubre», subrayó.

* Corresponsal de Prensa Latina en Argentina.

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