VENEZUELA LIBRE DE HUMO DE CIGARRILLO …Y DE LOS DEMÁS…¿CUÁNDO?
Por: Ninfa Monasterios Guevara (*)

Si, desde el día internacional de no fumar, entró en vigencia el decreto que promueve espacios libres de humo de cigarrillo, en pro de la salud de fumadores(as) pasivos(as) y activos(as). Hasta aquí, todo pareciera estar muy bien. Pero…

Siguen sin tocarse los intereses (léase industrias, métodos de fabricación, uso de tóxicos) de las empresas que producen los cancerígenos enrolladitos humeantes.
Se meten en un mismo saco las costumbres ancestrales y, hasta donde una sabe, inocuas de nuestros pueblos originarios y las prácticas modernas – dañinas de las urbes, en las que un cigarro es, por obra y gracia de la industria asesina, un compendio de tóxicos de todo tipo, con un poquito de tabaco.
Las emisiones tóxicas de industrias, automóviles, quemas, etc., siguen campeando sin que se oiga que se toman acciones contra quienes irresponsablemente las mantienen, a pesar que nuestra legislación ambiental es extensa (ver: http://www.planigestion.com /Listado%20Legislacion%20Ambiental.pdf), contribuyendo con ello al calentamiento global y al cambio climático que padecemos hoy día.
Las condiciones de exclusión, subordinación y sometimiento del pueblo ante el Estado siguen vivitas y coleando. ¿Cuándo se declarará a (y ejercerá en) Venezuela, territorio libre para la participación y protagonismo popular?
De qué sirve que hayan espacios limpios de humo de cigarrillo, pero sucios de conciencias o acciones adormecidas, aletargadas, alienadas, contradictorias o cipayas, capaces de entregar a luchadores revolucionarios, en manos de oligarquías propias o extranjeras.
Evadimos olímpicamente el estudio y discusión de las condiciones en que trabajan las personas tanto en empresas privadas como públicas, incluyendo nuestras emblemáticas Empresas de Propiedad Social. ¿Cuándo se declararán las empresas como espacios libres de sometimiento y esclavitud disfrazada de trabajo asalariado?
Los diferentes proyectos públicos o privados, especialmente en el área de construcción, parecieran obviar los impactos ambientales que generan (a pesar que la constitución en su artículo 129, establece la obligación de efectuar un estudio de impacto ambiental y socio cultural, en lo que respecta a todas aquellas actividades susceptibles de generar daños a los ecosistemas), con lo cual degradamos los espacios, afectando la sostenibilidad de la vida y el buen vivir…
Tenemos teatros, espacios y coliseos libres de humo de cigarrillo… y de cultura popular. Todavía, salvo contadas excepciones, nuestra cultura sigue siendo convidada de piedra en los espacios de la revolución. Impera la concepción tradicional-burguesa de lo estético en el arte.
Todavía no contamos con medios de comunicación libres de la lógica de siempre, con estrategias propias, innovadoras y atrayentes que nos inviten a profundizar la construcción del proceso y no simplemente a elogiarlo y ensalzarlo, obviando sus errores y contradicciones.
Nuestra educación aún no se libera de las estrategias opresoras, a pesar de (¿o gracias a?) que se han decretado leyes y realizado esfuerzos para cambiarlas. Por tanto, estudiantado y profesorado siguen reproduciendo los esquemas verticales, castradores y deformadores de siempre, disfrazados de nuevos métodos. Resultado: Pocos o nulos espacios de formación liberadora.
Los procesos agroproductivos siguen respondiendo a los designios de la revolución verde: uso de agrotóxicos, prevalencia del monocultivo. Mientras, no se declara nuestro territorio como libre para el empleo de prácticas ancestrales, ambientalmente amigables, promotoras de la diversidad y emancipadoras del ser humano.
Me gustaría, además de respirar bien, seguir contando y concretando un proceso solidario, internacionalista, incluyente, comprometido con la libertad de los pueblos, ajeno a los intereses del imperio y sus gobiernos lacayos, dispuesto al ejercicio de la crítica y la autocrítica, abierto y cercano a todas las posibilidades y poderes creadores de nuestro pueblo. Es decir, un proceso que no se estremezca y resbale cada vez que vea la frase: código rojo…

En fin, agradezco la posibilidad de no seguir siendo contaminada por quienes fuman, pero me gustaría más que la palabra socialismo deje de ser una moda o elemento mágico, cual abracadabra, que permite –bautizo de por medio- disfrazar de socialistas, estructuras, organizaciones o espacios, que no lo son.

(*) Frente de Izquierda Revolucionaria Alberto Müller Rojas
Movimiento Continental Bolivariano – Capítulo Aragua
nymphamar2@yahoo.com.mx