Buscando visas…, buscando un muerto
Por: Juan Fernández López

Ser un asalariado de la Sección de Intereses Norteamericanos en La Habana y asumir el mercenarismo como principal fuente de ingreso, se ha convertido desde hace tiempo en un vergonzoso modo de vida para los vividores de la Cuba virtual y el ciberespacio.

Las fórmulas subversivas actuales de Estados Unidos contra Cuba se hacen más vulgares e inescrupulosas en la misma medida que se aproximan las elecciones y la mafia de Miami, Nueva York o Nueva Jersey empieza a ofrecer o vender sus votos a quienes más prometan o hagan contra el país, su pueblo y de las relaciones bilaterales.

Mafiosos y legisladores anticubanos no están de espalda a esa realidad y hacen todo lo posible por presionar, chantajear y conseguir el guiño de la Casa Blanca o el Departamento de Estado, a cambio de ofrecer oxígeno a las aspiraciones electorales que rondan sus aposentos.

Por eso ante la paz, seguridad y tranquilidad cotidiana de la Cuba real, se incita desde territorio estadunidense y el Viejo Continente a alborotar el escenario con provocaciones, incidentes, rumores, mentiras y convocatorias a la desobediencia, para tratar de sacar de su lugar la espina de 53 años en la garganta del imperio, aprovechando los vientos globales de revuelta.

Washington, que históricamente ha utilizado su “programa de refugiados” en su arsenal anticubano, pone precio a las visas, y el más caro es incluso sacrificar la vida. Su convocatoria es abierta: un saco donde tienen cabida mercenarios, terroristas o delincuentes. No importa la calaña, lo que hace falta es un muerto. De lo demás se encargan los medios de la desinformación y voceros imperiales.

Es por ello que apela al suicidio como “método de lucha”, a través de huelgas de hambre por cualquier pretexto o contexto, para tratar de fabricar “mártires” e intentar presionar o chantajear a nuestro gobierno y alimentar campañas difamatorias con fines aislacionistas e injerencistas.

Recientemente asistimos al show mediático e hipócrita en torno a la muerte de un ciudadano en Villa Clara que la contrarrevolución, con la ayuda de las principales agencias internacionales de prensa y los grandes monopolios de la información internacional, acuñaron como “víctima de una golpiza”.

Para Estados Unidos y sus obedientes aliados europeos no fueron suficientes pruebas las declaraciones de médicos, familiares y testigos presenciales. Ni lo serán nunca porque el invento es eso, una mentira elevada a la máxima expresión, que necesita de un coro de individuos en Cuba (los mercenarios) y tres o cuatro gobiernos aliados incondicionales y súbditos otanistas que se presten para la guerra de los medios, como lo hicieron Alemania y dos o tres más.

Sin embargo, cuando todo parecía aclarado y aparentemente contrarrestada la campaña enemiga, se trata de revivir una y otra vez, con disímiles ardides. El último es el “relevo” de un huelguista por otro de mayor récord, dispuesto a desafiar – dicen que por vigesimo cuarta ocasión- al sistema de salud pública cubano que ha salido airoso hasta el momento en la confrontación entre el absurdo y la razón, entre la mentira y la verdad, entre el desprecio por la vida y la defensa del ser humano.

En cuestión de minutos la noticia ha vuelto a colocarse en primera plana, nuevamente con cómplices oficiales europeos o norteamericanos que dejan entrever sospechas sobre alguna verdad dentro de la inmensa mentira, para cuestionar la seriedad de Cuba.

Mientras la peligrosa telenovela sigue siendo atizada desde el norte, con un final impredecible, en La Habana la SINA y sus mercenarios siguen buscando visas…, buscando un muerto. EEUU arriesga a uno de sus asalariados, que poco le importa aunque le premie y le pague. Cuba defiende el destino de un pueblo y la vida de un hombre no importa el color, la ideología o su capital.