Hace 20 años cayó el Telón de Acero
Por: Nikolai Troitski,
RIA Novosti

La Ley de ingreso y salida de la URSS, aprobada por el Soviet Supremo (parlamento) hace 20 años, el 20 de mayo de 1991, fue igual de progresista e incluso tan revolucionaria como la Ley sobre los medios de comunicación de 1990.

Sin embargo, por “motivos técnicos” tuvo menos suerte: fue imposible su inmediata aplicación porque entre otras cosas, faltó imprimir millones de pasaportes y reorganizar por completo el funcionamiento de las dependencias del Ministerio del Interior encargadas de su entrega.

Por esta razón se aprobó un Decreto especial que estipuló la paulatina entrada en vigor de dicha Ley, fijándose como último plazo, el 1 de enero de 1993.

Para entonces la URSS había dejado de existir y, sin embargo, la Ley sobre la entrada y salida de un país inexistente comenzó a aplicarse en toda su plenitud en la Federación Rusa.

Se tardaron otros tres años en su redacción y la puesta en vigor de otra Ley equivalente y en la impresión de pasaportes rusos. Con todo y con eso, casi hasta entrado el siglo XXI muchos ciudadanos de Rusia viajaron al extranjero con pasaportes color púrpura de diseño soviético, motivo de sorpresa de los guardias fronterizos europeos que no salían de su asombro al tener en sus manos el atributo de un Estado que había pasado ya a la Historia.

Este tipo de situaciones se da de vez en cuando en el mundo jurídico, un campo de por sí bastante conservador.Y además, la impresión de documentos de nuevo cuño siempre queda a la zaga de los cambios políticos, lo que puede generar situaciones graciosas y no sólo en la esfera legislativa.

Como por ejemplo, lo que ocurrió con la selección soviética que clasificó para la Eurocopa de 1991.

Como la URSS desapareció del mapa del mundo, al torneo viajó el llamado equipo de la “Comunidad de Estados Independientes”, otro Estado, de hecho, inexistente, compuesto por jugadores de Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Georgia, que todavía se llevaba bien con Rusia. Situaciones parecidas ocurrieron con bastante frecuencia en los años 90 del siglo pasado.

Sea como sea, en mayo de 1991 el Soviet Supremo de la URSS fijó de jure la caída de Telón de Acero, aunque de facto este obstáculo fue eliminado antes. Una serie de procedimientos burocráticos tenían como objetivo facilitar las cuestiones formales. Y se puede saber con exactitud quiénes fueron los políticos que concedieron a los ciudadanos soviéticos la libertad de movimientos. La progresista Ley y el Decreto sobre su puesta en práctica están firmados por el presidente de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov, y por el presidente del Soviet Supremo, Anatoli Lukiánov.

El primer Artículo decía: “Todo ciudadano de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas tiene derecho a abandonar y entrar en el territorio de la URSS… La Presente Ley, de acuerdo con los acuerdos internacionales firmados por la URSS, garantiza a los ciudadanos de la URSS el derecho de abandonar el territorio y entrar en la URSS… El pasaporte es el documento válido para salir de la URSS con destino a todos los países del mundo… El ciudadano de la URSS no puede ser privado de su derecho de entrar en el territorio de la URSS”.

De la misma manera se garantizaba el derecho de abandonar el país a todos los ciudadanos, a excepción de los criminales, los estafadores y las personas que trabajaban con información clasificada, limitaciones que no se observaban con demasiada severidad. Así, los capos de la mafia rusa, por ejemplo, Viacheslav Ivankov, alias Yaponchik, cruzó la frontera con total libertad y si eran detenidos para presentarse ante el tribunal, solía ocurrir en otros países y no en la URSS.

El mérito de la concesión de la libertad de movimientos, como ya hemos dicho, le pertenece al primer y único presidente de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov, que no puede asumir de ninguna manera la responsabilidad por los plazos que necesitó el sistema burocrático para completar la ejecución de este derecho.

No obstante, por ironía de la Historia tras la caída del Telón de Acero, empezó a levantarse otra barrera, la derivada de la creación de la Unión Europea y de la extrema dificultad que suponía obtener el visado americano. De modo que, en cuanto los ciudadanos rusos pudieron salir libremente de su país, se toparon con problemas para entrar en los países “libres y democráticos”, aquellos que por costumbre se llamaban “capitalistas”. Antes había sido imposible salir y luego resultó imposible entrar en cualquier parte.

Es decir, si en una parte del planeta el volumen total de los derechos y libertades del hombre aumentó, en otra parte, se redujo proporcionalmente.