El Fondo Monetario Internacional solicita ayuda para fortalecer al dólar

Por: Luis Alberto Matos
“El único dios moderno al que se le tiene fé: el Dinero Omnipotente.”
Honoré de Balzac

Hace un año, el Fondo Monetario Internacional (FMI) sugirió “crear una moneda que suplante al dólar como divisa de reserva”, “basada en una canasta compuesta por el dólar, el euro, el yen y la libra esterlina”. En su criterio, el dólar estadounidense estaba sobrevalorado y el yuan chino sustancialmente subvaluado.

Doce meses más tarde, en una nota dirigida a los Ministros de Finanzas del G-20, el FMI les solicita su ayuda y aprobación para debilitar oficialmente al dólar y ayudar así a Estados Unidos a reducir su enorme déficit en relación con otros países en el mundo. En su criterio, esta acción “facilitará un reequilibrio de la economía mundial”.

Repiten su viejo y conocido mandamiento: “Cuánto más interconectada esté la economía, mayor será el papel de la cooperación internacional”. En paralelo y a través de un funcionario, advierten ¡no faltaría más! “que el alza en los petroprecios genera mayor incertidumbre en los precios”.

Estados UnidosPero el dólar, la moneda de reserva que nos impusieron, sufre las consecuencias de una economía neoliberal cuyo principal sustento es la transferencia de las riquezas del mundo a las arcas de una minoría.

Según el FMI: “los actuales recortes fiscales en Estados Unidos, de elevado coste presupuestario, tendrán un impacto muy modesto en su crecimiento”.

Por eso insisten en que: “un dólar débil es clave para el impulso de la economía mundial” y solicitan, al resto de países, “ayudar a Estados Unidos a reducir su déficit”.

ChinaPiden apreciación de la moneda china: el yuan. Anticipan que, de no hacerse, tendría efectos perversos: alza de precios de materias primas, tensiones comerciales, incertidumbre en las empresas y especulación en las divisas. Anteponen que un dólar débil favorecería sus exportaciones; las de Estados Unidos ¡por supuesto!.

Conviene aclarar que, aunque el yuan es la moneda china utilizada para transacciones con otros países, internamente circula el renmimbi, sin cambio a divisas extranjeras, más algunas monedas auxiliares como el jiao y el fen.

Debemos igualmente recordar que Venezuela vende a China cerca de 400.000 barriles diarios de petróleo, algo que seguramente preocupa al neoliberalismo del Norte. Por eso atacan tal exportación y la consideran ‘desventajosa’, recalcando además su futuro crecimiento.

La mayor agencia internacional británica de noticias critica que el préstamo acordado por Venezuela con China, por 20.000 millones de dólares, sea pagado en hidrocarburos. Por supuesto, prefieren que todos los países latinoamericanos adopten las muy desfavorables recomendaciones del FMI.

Unión EuropeaEconómicamente hablando, Grecia está en manos de la Unión Europea (UE) y del Fondo Monetario Internacional (FMI). Le dicen que su deuda “es sostenible”; halagan a su pueblo y a su gobierno publicando en portales y diarios que “hacen progresos”, pero le piden más impuestos, más recortes sociales y más privatizaciones.

España sigue igual, con su burbuja inmobiliaria y un creciente desempleo que no se divulga. El nuevo gobierno de Irlanda, elegido para los próximos cuatro años, ya está maniatado –durante todo ese período- al FMI y a la UE.

José Sócrates, Primer Ministro de Portugal, considera “humillante” para su patria cualquier tipo de intervención del FMI y les dice: “Portugal no necesitará ayuda externa. No necesitamos que nadie venga a decirnos lo que debemos hacer”.

Oriente MedioComo en todas las acciones económicas del neoliberalismo, cada vez que el FMI falla en algún pronóstico, propósito o acción, la culpa recae –casi automáticamente- en los precios del petróleo.

Uno de sus voceros advierte que “Los disturbios en Oriente Medio y el norte de África han generado un ‘factor miedo’ que llevó al alza de los precios del petróleo, y los pronósticos de crecimiento podrían estar en riesgo si el avance se sostiene”.

Otra aclara que “el FMI aún no ha ajustado sus pronósticos de crecimiento debido al petróleo más caro” y se atreve a predecir que “la más reciente alza en los precios será temporal”.

Pero no son palabras al vacío ni simples deseos de figurar en diarios y portales. Son acciones, muy bien pensadas, enunciadas en el momento justo y ante el escenario adecuado.

América LatinaCuando el gobierno dominicano propone rediscutir algunas metas acordadas con el FMI, surge de inmediato la solicitud para la “racionalización del uso de combustibles y de esa forma enfrentar la volatilidad que muestran los precios del petróleo”. O sea: la culpa es de la OPEP y del vecino que te suministra hidrocarburos desde el Mar Caribe.

Y por supuesto, cuando al dominicano le informan que pagará más impuestos, subirá el precio de la electricidad y le reducirán las ayudas sociales, en paralelo le dicen que “el FMI nos dará una dispensa para mantener con esa institución el acuerdo firmado en Octubre de 2009” y poder así sobrellevar este incremento de los precios del petróleo.

México incrementó, el pasado año, sus reservas internacionales. En América Latina, sólo Brasil lo supera. Tal logro se debió a sus exportaciones petroleras y sus importaciones de capitales atraidas por sus elevadas tasas de interés. Pero no quiere apreciar al peso y eso le resta aplausos.

El FMI y el Banco Mundial “alertan” al país azteca sobre una futura supuesta “burbuja especulativa en el mercado bursátil”. ¿Qué buscan? ¡Que la relación peso/dólar sea más acorde a sus planes!.

En evidente contraste, la revista del FMI (Finanzas y Desarrollo) nos dice: “FMI elogia la política monetaria de Perú. Figura entre los 5 países de América Latina que mejor implementó las reformas de política monetaria, lo que les ha permitido gozar de una importante estabilidad económica.

A Honduras le recomienda -¡o le ordena!- “No perder la disciplina fiscal, atraer inversiones, trabajar con la empresa privada para generar puestos de empleo y mantener los salarios presupuestados”.

Pero los trabajadores hondureños se sintieron burlados. Su vocero declaró: “No queremos que pase como el año pasado, cuando los empresarios obtuvieron grandes ganancias y nuestro ajuste fue pírrico”.

Al gobierno de Nicaragua, en evidente intento de inducir alejamientos con el Proceso Bolivariano de Venezuela, el Fondo Monetario Internacional le dispensa una visita de diez días; largo tiempo si comparamos con otras de economía de dimensiones mucho mayores. Y, por supuesto, el mensaje principal es “transparencia en el uso de cooperación externa”, algo que ni se les ocurriría decirle a naciones “auxiliadas” desde el Norte.

La misión del FMI puntualiza la importancia de continuar con diversas reformas, donde incluyen “el establecimiento de una legislación que rija el funcionamiento de las microfinancieras”.

Quienes alertan al gobierno nicaragüense, sobre la ayuda venezolana, son los mismos que les recomiendan como hacer leyes que rijan su economía.

En Panamá se presentó una situación curiosa; quizás difícil de anticipar cuando un empresario, educado en Estados Unidos, llega a la Presidencia de un país en nuestra región. Su “ambicioso programa de inversiones públicas”, opuesto a los procedimientos habituales del neoliberalismo, es citado –personalmente- por el Director Gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, como probable generador de “presiones inflacionarias” junto al aumento de los precios mundiales de las materias primas; en su lenguaje: ¡petróleo!.

Y en Brasil, su Ministro de Finanzas -Guido Mantegna- los despidió con un claro mensaje: “Estamos en presencia de una guerra de divisas”.

VenezuelaNuestra prensa derechista, en letras mayores, señala que el Gobierno retarda el ajuste de los precios controlados. Extraña forma de defender al consumidor final. ¿Hay que subir el costo de los alimentos para salvar el dólar y por ende al mundo?

¿Tenemos que sacrificarnos todos, sólo para mantener una moneda extranjera como medida de valor y medio de intercambio de bienes y servicios?

Y es que el control de divisas, como lo hacemos en Venezuela, no es del agrado del FMI. A sus fieles mucho menos: no les permite especular directamente con transacciones monetarias.

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