El proceso de Núremberg debe ser recordado por la humanidad
Por: Dmitri Bábich,
RIA Novosti

Hace 65 años, el 20 de noviembre de 1945, en la ciudad alemana de Núremberg empezó el Tribunal Militar Internacional ante el que compadecieron los principales dirigentes del gobierno nazi.

Este proceso se convirtió en uno de los símbolos del siglo XX porque además de juzgar a los principales culpables de crímenes contra la humanidad, la paz, el proceso de Núremberg tuvo como objetivo aprobar nuevas normas de vida en una época en la que predominó la crueldad, la opresión y la violencia.

El siglo de las armas nucleares y los campos de concentración exigió establecer términos y normas claras y castigos para dar a entender a todo el mundo que cualquier intento para “la solución definitiva de la cuestión nacional” será severamente castigado.
Los acusados esperaron justificarse en virtud al principio que dice que la ley no tiene efecto retroactivo. Hoy en día, varios defensores del nazismo se pronuncian por su rehabilitación, argumentando que el exterminio masivo de personas se produjo antes de que los términos “genocidio” o “holocausto” fueran incluidos en la terminología legal.

Pero los jueces de Núremberg no permitieron a los nazis escapar del castigo.

La autora de varias monografías sobre el proceso de Núremberg, colaboradora del Instituto de Historia Universal de la Academia de Ciencias de Rusia, Natalia Lébedeva, considera que el veredicto del Tribunal Militar Internacional se ajustó plenamente a la ley.

“La Convención de Ginebra firmada en 1929 y varios documentos vinculados con el Tratado de Versalles suscrito en 1919 reconocen como crímenes contra la humanidad la violación del pacto de no agresión y los asesinatos en masa y las violaciones sistemáticas de los derechos humanos perpetrados contra civiles y prisioneros de guerra”, afirma Lébedeva.

De esta manera, los verdugos nazis fracasaron en su intento de evadir la responsabilidad apelando al Derecho Romano que establece, que “Sin ley no hay delito”. Por otro lado, las manos de los que juzgaron a estos verdugos también estaban manchadas de sangre.

La decisión de organizar el proceso judicial, la tomaron los “tres grandes”, el primer ministro británico Winston Churchill, el líder soviético, Iósif Stalin y el presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, responsables morales de la muerte de varios millones de personas.

La delegación soviética en Núremberg estuvo encabezada por Andrei Vishinski, un hombre cruel, Fiscal General de la Unión Soviética de 1935 a 1939, en este cargo fue acusador en los procesamientos más sensacionales contra los supuestos «enemigos del pueblo».

Posteriormente, el Tribunal de la URSS les condenó a fusilamiento a todos los miembros de la delegación soviética en Núremberg (a excepción de Vishinski) por delitos graves cometidos contra el pueblo soviético.

Dos miembros de esta delegación tomaron parte en preparativos para el fusilamiento de los oficiales polacos en los bosques de Katyn y otros sitios en 1940. Pero en Núremberg, estas personas dieron instrucciones necesarias a sus compatriotas, el juez miembro del Tribunal, Iona Nikitchenko, y al acusador soviético, Román Rudenko.

Es evidente que estas instrucciones incluyeron la orden de considerar tan sólo la versión de que los oficiales polacos fueron ejecutados por los nazis.

La participación en el proceso de Núremberg de todas estas personas no pone en duda ni el veredicto del Tribunal ni lo que los verdugos nazis merecieron la horca.

Aunque el Tribunal condenó a doce personas a la pena de muerte, sólo diez fueron ejecutados en la horca. De este modo, Martin Bormann condenado en rebeldía, porque probablemente fue asesinado en las calles de Berlín y Hermann Goering se suicidó en vísperas de la ejecución.

Muchos pesos pesados de la Alemania nazi también se suicidaron antes del juicio y lograron escapar de la ejecución pública, incluido el propio líder nazi, Adolf Hitler, el jefe de la SS, Henrich Himmler, y canciller de la Alemania nazi, Paul Joseph Goebbels.

Es extraño que haya sido la URSS que promovió la iniciativa de celebrar el juicio. Sus aliados occidentales, que suelen prestar mucha atención a todos los trámites jurídicos, inesperadamente declararon que los líderes nazis deberían haber sido ejecutados sin tribunal.

Así declaró en 1942 el primer ministro británico Churchill, que posteriormente fue apoyado por Roosevelt.

Un célebre diplomático e historiador estadounidense del siglo XX, George Kennan, que en 1945, fue representante diplomático de EEUU en Moscú, describió en sus memorias los pensamientos típicos de los estadounidenses sobre la responsabilidad de los nazis y su castigo.

Al inicio, sus reflexiones son premisas indiscutibles: “Los crímenes de los líderes nazis son abominables. Estos hombres se encontraron en una situación cuando su existencia misma en nuestro mundo dejó de tener sentido tanto para ellos como para todos los demás”.

Pero luego sigue un fragmento que suscita debates: “Creo que la mejor solución sería dar instrucciones a los altos mandos de las fuerzas aliadas ordenar la ejecución inmediata de todos los nazis capturados tras su identificación… Un proceso judicial no puede expiar o reparar ninguno de sus delitos ya cometidos. Este proceso tan sólo podría servir para demostrar a la comunidad internacional nuestra indignación ante el genocidio. Pero es imposible que en este juicio participara un juez soviético, representante del régimen que se ha desarrollado en la masacre de la revolución rusa, la colectivización y el exterminio masivo de los 1930… En este caso asumiríamos una parte de responsabilidad por los delitos de Stalin”.

Sin embargo, el proceso de Núremberg se celebró. Es muy importante que los crímenes del gobierno nazi hayan sido revelados y sacados a la luz pública. Es importante también que tres acusados hayan sido justificados. Esto puso en evidencia que no se trata de un proceso de propaganda en Núremberg sino de un juicio real.

Es lógico que no todos los que tomaron parte en armamento de Alemania antes de la guerra fueran culpables. Por ejemplo, el tribunal absolvió al banquero Schacht tras no encontrar pruebas contra él, aunque todos los banqueros de la época de los 30, incluido Schacht, tienen una culpa moral por llevar al poder a Adolfo Hitler.

La Conferencia “El Juicio de Núremberg: aspectos históricos y jurídicos” celebrada recientemente por el Instituto de Historia Universal de la Academia de Ciencias de Rusia puso en evidencia que el trabajo de jueces soviéticos en este proceso fue muy complicado.

El vicejefe de la delegación británica recordó que en la antesala del Juicio de Núremberg Vishinski propuso un brindis por la ejecución de todos los acusados. A juzgar por todo, este fue el deseo de Stalin que debía cumplir Vishinski.

El juez soviético, Nikitchenko votó por condenar a la cadena perpetua a Rudolf Hess, uno de los líderes nazis que no había participado en los crímenes más horribles de 1941 a 1945.

Los documentos citados por el director del Archivo estatal de Rusia, Serguei Mironenko, evidencian que la comisión encabezada por Vishinski estaba disgustada por el trabajo de Nikitchenko y Rudenko en Núremberg e informó al Kremlin de este hecho.

Pasadas decenas de años, tenemos que agradecer a todos los jueces que asistieron al Juicio de Núremberg. Fueron ellos que sentaron precedente jurídico para distinguir el régimen nazi de otros régimenes sangrientes del siglo ХХ.

Según el historiador estadounidense, Erich Goldhagen, mientras que el estalinismo fue una herejía, flor estéril en el árbol de la ilustración europea, el régimen nazi fue una apostasia, una negación total de todos los éxitos de la civilización europea y todos debemos recordarlo.