Jornadas multilaterales hispano-rusas. Entre el deseo y la realidad
Por: Juan García-Landete,
RIA Novosti

Hoy se inauguran en el Hotel Marriot Grand de Moscú las Jornadas de Partenariado Multilateral hispano-ruso.

Estas sesiones, organizadas por el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX) y la Oficina Económica y Comercial de España en Moscú, se prologarán hasta el 2 de diciembre y tienen la pretensión de reunir a las principales empresas españolas y rusas de los sectores de infraestructuras de transporte, energía y tratamiento de residuos urbanos.

La organización se ha esforzado en trascender el ámbito puramente empresarial para intentar ennoblecer el evento, añadiendo la participación de representantes de estamentos oficiales y financieros de los dos países y de la Unión Europea. Asimismo, en el contexto de estas Jornadas, se incluye una sesión monográfica sobre Uzbekistán, en la que participarán los delegados del Banco Mundial y Banco Asiático en este país.

Por otra parte, en Moscú también tiene lugar la VII Comisión Mixta Hispano-Rusa de Cooperación económica e industrial. La coincidencia en lugar y en fechas con los encuentros del Partenariado le confiere un poco más de pompa a estas jornadas entre España y Rusia en vísperas de la celebración del año de España en Rusia en 2011. La Comisión Mixta, divida en grupos de trabajo, se reúne alternativamente en el territorio de uno de los dos países y con una periodicidad variable, en virtud del Acuerdo entre el Gobierno de España y el Gobierno de la Federación de Rusia sobre cooperación económica e industrial suscrito en 1994, aunque este tipo de encuentros se remontan mucho más atrás en el tiempo.

Estos grupos están formados por altos funcionarios de los ministerios implicados en los temas incluidos en la orden del día, y su objetivo principal radica en buscar oportunidades para la empresas de ambos países y fomentar el clima adecuado para que estas fructifiquen. En esta ronda, en la que estará presente el ministro de Industria, Turismo y Comercio de España, Miguel Sebastián, conscientemente, se hará un especial hincapié sobre el sector del transporte y la energía, para sintonizar con los encuentros del Partenariado.

Todo esto parece estar en consonancia con el nuevo y excesivamente optimista rumbo de crecimiento verde que el presidente del gobierno español quiere darle a la economía española. Tras el fin de la burbuja del ladrillo, José Luis Rodríguez Zapatero ve la salida inminente a la profunda crisis en el desarrollo de un transporte eficiente, las energías renovables y la rehabilitación de edificios.

En este evento, financiado con los Fondos Europeos de Desarrollo Regional (FEDER), participan con ponencias los embajadores de la Unión Europea y España en Moscú, los señores Fernando Valenzuela y Juan Antonio March Pujol, funcionarios de varios ministerios rusos, el representante del Banco Mundial en Moscú y directivos de la Corporación Financiera Internacional (CFI), del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo y de macroempresas como la estatal GK Avtodor (gestora de las carreteras de Rusia) o el gigante mundial del gas, OOO Gazprom Export, Rosatom, Rosnano, Mosvodokanal entre otras.

Pero lo realmente importante, ponencias y discursos institucionales al margen, es el colectivo empresarial. Un colectivo algo escaso, quizás lo suficientemente representativo, pero no el mejor posible; en otras palabras: son todos los que están, pero no están, de largo, todos los que son. La delegación española está compuesta por trece empresas, todas ellas de reconocido prestigio internacional en los sectores del transporte e infraestructuras, energía y tratamiento de residuos. Algunas de ellas, como Repsol, Indra, Imabe Ibérica o Iberdrola tienen ya una dilatada experiencia en Rusia con la realización de varios proyectos propios o en colaboración con empresas locales. Sin embargo, otras compañías, algunas de ellas verdaderos pesos pesados mundiales no han acudido a esta cita.

Esta iniciativa está pensada para servir de puente hacia el complejo, y todavía desconocido, mercado ruso a las mejores empresas españolas de estos sectores estratégicos. En un principio, la creación de un espacio que conjugue los esfuerzos de los estamentos gubernamentales, financieros y empresariales puede crear sinergias muy fructíferas. Si hay una voluntad real y un auténtico empeño en ello, claro está.

Es un hecho evidente que cualquier empresa necesita de alianzas, de socios válidos y fiables para lograr introducirse y echar raíces en cualquier mercado nuevo. Pero cuando se trata de sectores tan estratégicos como el tecnológico y el de infraestructuras, esto es de vital importancia, ya que estas compañías dependen de los grandes proyectos estatales y, para tener opciones, necesitan de una buena base de apoyo que avale sus candidaturas. Este es probablemente el talón de Aquiles de la empresa española, que participa con insistencia en múltiples concursos pero que, en la mayoría de las ocasiones, ve con sorpresa como son sus competidores franceses, alemanes o estadounidenses son los que se llevan el gato al agua.
Existen, no obstante, casos de éxito, como el de la compañía estatal española Indra, operativa en Rusia desde 1989. Indra ha ganado varios proyectos para la renovación de los centros de control aéreo en varios aeropuertos del país, entre los que destaca el Centro de Control de Moscú, el más importante de Rusia.

Curiosamente, el sector energético cuenta con inmejorables perspectivas para la oferta española. Es de sobra conocido que Rusia es uno de los pocos y privilegiados países con superávit energético, pero su sistema de producción es vetusto y deficitario, y su red de distribución está igualmente desfasada y es ineficaz.

La situación es tan mala que se ha impuesto el poner en marcha un programa de renovación de las grandes centrales y la creación de algunas más pequeñas para abastecer a las zonas apartadas. Se pretende poner con esto un freno a la sangría de pérdidas derivadas del traslado de la energía a grandes distancias, un dinero del presupuesto que ya no irá a la nada. El gobierno se enfrenta a un gigantesco y costosísimo proceso de actualización del todo el sistema eléctrico del país, pero no cuenta con una tecnología propia que esté a la altura de este reto, por lo que se ve obligado a importarla del exterior.

Con el mismo objetivo: el ahorro energético, se ha aprobado un programa nacional para el desarrollo de las energías limpias. Este plan todavía está en pañales y, de momento, no se toma demasiado en serio, aunque se deberá tomar ya que, según lo previsto, en 2020 las renovables deberán aportar el 4,5 % de la energía total producida. De momento, ya funcionan proyectos-piloto en lugares remotos, donde es difícil y, por ende caro, hacer llegar el combustible tradicional, como la planta de energía eólica de la isla Russkiy, en el Lejano Oriente. O los proyectos de energía eólica de la empresa española Iberdrola en Gelendzhik y Anapa, en el sur de Rusia. Estos, todavía en fase de proyecto.

Iberdrola, además de ser una de las líderes mundiales en las energías renovables, es también puntera en el sector de las tecnologías de la eficiencia energética y está presente en Rusia con programas ya en marcha, como la nueva planta de producción de energía eléctrica de ciclo combinado en Sreneuralsk (Ekaterimburgo), donde ha participado la ingeniería española IDOM, también presente en las reuniones del Partenariado.

La moderna tecnología española de energías limpias realmente está ante una oportunidad única, ante un mercado virgen, pero al que se tiene que llegar con algo más que las cándidas cartas de producto, saber hacer y precio. Aquí, los verdaderos ases de la baraja son unos buenos contactos empresariales y un buen conocimiento del funcionamiento de la bizantina maquinaria de la administración pública rusa: mucho contacto humano, relaciones personales (sobre todo a alto nivel) y fajarse bien en las distancias cortas. Hay que coger muchos aviones, invertir mucho esfuerzo y muchas tardes de entrevistas… hay que tenerlo claro, tener fe y estar dispuesto a pasar más de una penalidad.

Y el mismo esquema de acción reza para los representantes del sector del tratamiento de residuos urbanos, que juegan en este campo con dos bazas importantes: la alta competitividad y eficiencia y la perentoria necesidad que tiene Rusia de poner en marcha un verdadero programa ecológico, hasta ahora olvidado por considerarse innecesario.

Las grandes megalópolis rusas, densamente pobladas, están enfrentándose a un grave problema en la gestión de sus basuras. En Rusia, actualmente, no existe la costumbre del reciclado de los residuos urbanos. No se ha creado una conciencia social, ni gubernamental, pero es que tampoco existe la estructura adecuada para llevarlo a cabo. Rusia es grande y aquí la ecología siempre se ha considerado una boutade occidental y burguesa.

Sin embargo, el hecho inapelable de las montañas de basura que ponen al borde de la catástrofe ecológica a los bosques y las filtraciones que contaminan las aguas subterráneas, están imponiendo esta necesidad. El año pasado una delegación de varias ciudades rusas visito los polígonos de reciclado de basuras en Barcelona y Madrid, ejemplos de gestión, proyectados por empresas como Ros-Roca e Imabe-Iberica. Mientras que la ingeniería Nipsa proyectó la planta de reciclado de aguas en Bujará (Uzbekistán).

En este marco y con estas perspectivas se celebran estas Jornadas del Partenariado Multilateral Hispano-ruso que tuvieron su inicio hace unos años en Ankará y que han llegado hasta Moscú, tras pasar por ciudades como Tbilisi y Ho-Chi-Min City.

Muy frecuentemente estos eventos son producto del deseo, a veces repentino, de las administraciones públicas de promocionar a sus empresas, en ocasiones sin pararse a pensar demasiado si hay un interés real por parte de los empresarios. Da la impresión de que simplemente hay que poner en marcha proyectos y gastar dinero público para crear ilusión de actividad. Otras, como en este caso, el deseo puede coincidir con la realidad y ofrecer buenos beneficios para ambas partes. Esperemos que así sea.