Venezuela, revolución en riesgo institucional hacia el 2012
Por: Carlos Gutiérrez

Le Monde Diplomatique

Socialismo del siglo XXI. Revolución. La mayor reserva de petróleo en el mundo. Nacionalizaciones. Antiimperialismo. Disminución de la pobreza. Hugo Chávez, presidente desde el 2 de febrero de 1999: polémico, irreverente.
Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), con la pretensión ortodoxa de “partido único” de izquierda y de “gobierno” en el poder, con desmedro de la toma de decisiones en colectivo. Inflación. Ausencia de Estado en barrios de Caracas y otras ciudades. Paradigma de la separación o no separación de poderes. Centralización. Burocratismo. Liderazgo. Esperanza.
Todas estas y otras muchas particularidades se destacan e identifican la situación actual de Venezuela, donde el pasado 26 de septiembre se realizó la décimo-sexta elección en los 11 años de gobierno y revolución institucional bajo el liderazgo y mando de Hugo Chávez.

En esta consulta, de una población electoral de 17,5 millones, cerca de 12 millones de ciudadanos hicieron uso de su derecho; de ellos, el 50,5 por ciento votaron por el PSUV y el 49,5 por ciento sufragó por la Mesa de Unidad Democrática (MUD) (1). Un poco más de cinco millones no participaron y, desde ahora, cada partido buscará acercarlos para decidir el ganador de la próxima elección de concejales, que será posiblemente el 5 de enero de 2011, y que está en la ruta electoral para elegir presidente en 2012, una elección sin diferencia en el valor de cada voto.

Disputa intensa. El pasado 26 de septiembre, con unos totales de 5.442.040 votos por el PSUV y 5.320.175 por la oposición, según anunció el Presidente el lunes 27 de septiembre, la diferencia entre gobierno y oposición se hace cada vez más estrecha. Sólo queda un margen de 122.865 venezolanos. Por su parte, la oposición, retomando los datos ofrecidos por el Consejo Nacional Electoral hasta este mismo día, lee los resultados de la siguiente manera: titular a ocho columnas de El Nacional, edición 28 de septiembre, a dos líneas y en rojo: MUD+PPT 5.628.488, PSUV+PCV 5.399.390. Por su parte, El Universal publica: 5.312.293 votos por la MUD y 5.399.574 por el PSUV-PCV, mientras PPT obtuvo 330.260 votos.

Dadas estas cifras, y luego de un poco más de una década de dirección gubernamental, aun a pesar del discurso, la decisión, la Constitución y las leyes para originar un nuevo modelo económico, social y político, en la Revolución Bolivariana es evidente el adelgazamiento del fervor popular y del voto a su favor. Esta disminución de la opinión pública pone su liderazgo ante el reto de renovarse –¿revolución en la revolución?– o fenecer. Así lo indica el reciente mandato de sus habitantes.

Otro aviso –después del de 2008, en la elección de gobernadores y el Alcalde Metropolitano de Caracas– de que, en proporción llamativa para una elección legislativa (66,5 por ciento), acudieron a las urnas. Un resultado apenas minimizado en sus implicaciones políticas y del número de diputados (congresistas) para la oposición, por la LOPE, ley electoral recién aprobada, en 2009, que le permitió un privilegio al PSUV para que en esta ocasión obtuviera, con un número casi igual de votos (2), más delegados (98) que la fuerza opositora (65) Una ley que aumentó la proporción de elegidos nominales frente a los de voto lista y que permite la elección exclusiva entre las dos listas mayoritarias de cada circuito.

De todos modos, este resultado y esta proporción ‘representativa’ ponen un aprieto en el manejo del presidente Chávez, quien sentenció durante la campaña: “Nunca más perderemos en elección alguna”. Y que ahora, califica como “victoria total” el resultado en las urnas y la “mayoría simple” y holgada que obtuvo el PSUV como “mayoría absoluta”. Un esguince ante el ausente número calificado de diputados (110) que había previsto como meta (3).

En efecto, los resultados impidieron que el partido oficialista alcanzara una mayoría calificada (110 legisladores), necesaria para que la Asamblea Nacional (AN) autorice al mandatario bolivariano a gobernar según el poder de leyes habilitantes, recurso bajo el cual, entre otras medidas, ordenó durante los últimos años la nacionalización de todos los recursos petroleros y redefinió su aporte al fisco central; restringió la autonomía del Banco Central; reglamentó sobre la propiedad de tierras, desarrollo agrícola, protección de la pesca artesanal y prohibición del tipo arrastre, petroquímica y educación. Tal modalidad de mayoría por reglamento es necesaria para el nombramiento de los otros poderes del Estado y la aprobación del presupuesto de 2012.

La decisión mayoritaria de los ciudadanos que sufragaron cuestiona en forma abierta, no queda duda, la gestión del actual Presidente y de su partido socialista. Son un poder y un instrumento empecinados en un mandato que, dándole la espalda a la realidad urbana de sus conciudadanos con medianos y altos ingresos, no reparan en matices y ‘olvidan’ llegar a sectores de la clase media y de los ricos, y a otros muchos, que, sin ser poseedores de grandes fortunas ni fábricas, aún no asimilan ni comparten los cambios de política económica ejecutados, algunos sin rigor legal, en tránsito “al socialismo”. Con respecto a un resultado electoral anterior, no sin razón dijo Fidel Castro: “En Venezuela no puede haber cuatro millones de oligarcas” (4).

Estos errores tienen su explicación, entre otros factores por sopesar, en la débil consideración, en todas sus variables, de la cultura aún dominante en Venezuela; en la ausencia de un método persuasivo y convincente para inducir y vincular al cambio y “el socialismo” a los opuestos y los indecisos. Asimismo, en la escasa alusión a los usos y consumos, con opciones para superarlos, y los imaginarios dominantes y la manera de transformarlos en el monopolio comunicativo –y su peso en las cotidianidades sociales–, enfrentados de manera tosca. Todo esto lleva el proceso de cambio en Venezuela a estar dominado por una alta carga ideológica con la cual se pretende homogenizar o excluir (5).

En estas condiciones, los 65 legisladores que tuvo la MUD (6), de los 165 que integran la unicameral Asamblea Nacional (AN), abren una nueva etapa dentro del histórico proceso de transformación en el cual se enruta la patria de Bolívar. Ahora, la AN será centro de debates. Deja atrás el camino sin obstáculos legales y de control político hasta ahora recorrido por el presidente Chávez. Pero al mismo tiempo, y de cara a las elecciones presidenciales de 2012, presiona a los venezolanos hacia una permanente polarización, cuyo uso y provecho tienen acechos de inestabilidad económica con expresiones de descontento, como también de una intensa o mayor mirada internacional.

La voz de los intelectuales

Los resultados de estas elecciones fueron previstos o considerados por diversas voces. Todas analizaban con preocupación el rumbo político de su país. Una de ellas, con alta calificación, Roy Chaderton, embajador de carrera, se preguntó a comienzos del 2010: “¿Y si perdiéramos las elecciones?” (7). En su análisis no quedan por fuera los logros de los 10 años de gobierno y cambio, importantes pero insuficientes ante un pueblo que desea más, sin duda, mayor participación.

Por su parte Luis Britto García describía el esquizofrénico proceso de su país, y con parodia a Stevenson tituló su análisis: “El extraño caso del movimiento Jekyll y el funcionario Hyde”.

Otro grupo de investigadores, entre ellos líderes sociales, periodistas, sociólogos, filósofos, economistas, en un evento que citó el Centro de Investigación Francisco de Miranda (CIM), anexo al Ministerio de Educación Superior, hizo lo propio en 2009, aunque preguntándose por el conjunto del devenir de su país y los riesgos de la Revolución. En esa oportunidad destacaron como errores por superar, entre otros, el hiperliderazgo (8), la centralización (9), y la institucionalización de los movimientos sociales (10).

La mayoría de los participantes destacó con preocupación la imposición y la inercia en el gobierno bolivariano de una dinámica política que embolata el rumbo de los presupuestos y los valores de una revolución, que se supone y se anuncia crítica, del siglo XXI: El peso nefasto del burocratismo. La corrupción. El crecimiento desmesurado de la delincuencia. El efecto negativo de la denominada “boliburguesía” en cierne o en ascenso. La permanencia del modelo rentista heredado de la IV República y su pasado. El evidente y amplio abismo entre un discurso presidencial cada vez más radical, y la persistencia y el dominio de relaciones sociales y económicas con fundamento en el Estado, totalmente capitalistas, etcétera.

Sin embargo, no hubo suficiente sensibilidad ante estas voces y sus llamados de atención, quejas de contenido crítico pero con sentido positivo. No sólo en aulas y salones sino también con aumento en la calle y las comunidades. Juicios, por ejemplo, con denuncia de la descomposición de decenas de toneladas de alimentos en los puertos venezolanos, sin los necesarios procedimientos de investigación judicial y de interpelación política –función de una AN–, y sin la destitución o la exigencia de responsabilidad a nadie de alto nivel ejecutivo. Estos vacíos con efecto y costo político no pasaron inadvertidos para la población. Recayeron, así lo dicen las urnas, en el propio Presidente, quien dentro de una de las deformaciones políticas de la Revolución Bolivariana ocupó el lugar de ‘principal candidato por el PSUV’ en todos los circuitos electorales y circunscripciones.

Ahora, de frente a las elecciones presidenciales de 2012, una pregunta es fundamental: Ante los números electorales, ¿sabrá escuchar, y corregir, el presidente Chávez?

Notas:

1 MUD: Coalición electoral que reúne una variopinta manifestación política, con expresiones de la derecha golpista, socialcristianos y la socialdemocracia.
2 Esta ley electoral que reformó en 2009 una anterior tuvo aprobación luego del resultado desfavorable para el PSUV en la elección de gobernadores, cuando perdió cinco gobernaciones en los sectores más poblados de Venezuela, y la Alcaldía Metropolitana y (Petare), el municipio más poblado de la Gran Caracas.
3 Con el título “¡Nos derrotaron!”, de la columna Un grano de maíz, en el diario Vea del 28 de septiembre, se dice que en varias ocasiones el presidente Chávez aconseja seguir y leer. Su autor opina: “Debemos reconocerlo como primer paso para convertir la derrota en gran victoria. Ocultarla. Disminuirla es suicida. Veamos […] Si estudiamos los resultados generales de las recientes elecciones parlamentarias, nos encontramos con dos hechos claros:/ Primero: perdimos la mayoría calificada. Eso significa un inmenso obstáculo en la labor parlamentaria de la Revolución./ Segundo: el sector oligarca obtuvo más votos que la Revolución. Eso cambia el cuadro de las fuerzas electorales, la moral de los actores políticos, la percepción de la población. […] Pero, además y más importante, se mantiene una tendencia de desgaste de la Revolución, esto es: si hacemos una curva desde las elecciones de 2004 hasta ahora, encontraremos una tendencia de descenso en la fuerza bolivariana”.
4 En: Chaderton, Roy, “¿Y si perdiéramos las elecciones?”, enero 4 de 2010.
5 Un ejemplo palpable de esta forma de gobernar es la macartización y la exclusión contra una fuerza política como el Partido Patria para Todos (PPT), cuyas bases y militantes veteranos han sido actores del proceso revolucionario y propagan, defienden y construyen en perspectiva socialista, pero que por no estar de acuerdo con la forma ni la dinámica como se constituyó el PSUV, no lo integraron. Su llamado a un socialismo ético y productivo no deja dudas sobre sus preferencias y sus divergencias con las prácticas dominantes en Venezuela.
6 O quizá más, toda vez que hasta el martes 28, en el momento de escribir este editorial, aún la Registraduría venezolana no brinda la totalidad de la información.
7 Entre otras observaciones, el diplomático enfatizó: “Pudiéramos perder si no revisamos, rectificamos y reimpulsamos radicalmente” […] Pudiéramos perder las elecciones parlamentarias, no por impensables aciertos de nuestra […] oposición […] sino por nuestras limitaciones para comunicar los aciertos de la Revolución, así como la reluctancia a admitir y rectificar nuestros errores o castigar a los culpables de destrozos oficiales”. Chaderton, Roy, ob. cit., ibid.
8 “Una de las observaciones que se hacía al principio es el tema del hiperliderazgo […] Y creo que Chávez ha ocupado un vacío político […] importante que, si sigue ocupándolo, puede generar cuchillos para la propia garganta de la Revolución Bolivariana”. Biardeau, Javier, “Es necesario replantear la relación entre socialismo y democracia”, en Comuna, revista del Centro Internacional Miranda, julio de 2009, Caracas, p. 66.
9 “Para mí, el gobierno, el Estado, debe tener un papel de facilitador de la participación popular, no de suplantador, no de director […] no podemos confundir el popular con la militancia política. El partido es una cosa y el poder popular es otra. Yo digo que el rojo puede ser el color del partido pero no puede ser el color del poder popular ni debiera ser el color de los ministerios”. Harnecker, Marta, “El Estado debe facilitar y no suplantar al poder popular”, ibid., p. 147.
10 “Existe el riesgo de un aplastamiento por parte del PSUV de las formas de organización de base, las cuales tienen que existir de manera independiente”. “Yo creo que el más flaco favor que se le puede prestar al proceso revolucionario bolivariano es hacer aparecer el socialismo como algo obligatorio”. Arconada, Santiago, “La organización política no puede colonizar a las organizaciones de base”, ibid., p. 58.

Fuente: http://www.eldiplo.info/mostrar_articulo.php?id=1169&numero=94