EL RACISMO ACADÉMICO SEGÚN HISTORY CHANNEL Y SUS ANTECESORES
Por: Nicolás Contreras

Intrigado por la propaganda de History Channel, sobre presencia de viajeros en suelo de América antes de Cristóbal Colón, me trasnoché el pasado lunes 11 de Octubre, en más de una hora donde miré desfilar las evidencias sólidas y un tanto débiles otras, como la presencia japonesa en la artesanía Valdivia de Ecuador, donde los realizadores trataron de demostrar que un pueblo japonés que tenía unos frágiles botecitos, realizaron una larga travesía, enseñaron a los ecuatorianos a hacer su cerámica y hasta dejaron su huella biológica en las momias de Atacama.

Además de la demostrada e incuestionable presencia vikinga en Terranova que dejó asentamiento y todo en el siglo IX de la era cristiana, para tapar la boca de los negacionistas profesionales a ultranza, cuando se tocan los relatos oficiales, se presentaron evidencias de culturas con navegación de largo aliento como chinos, árabes y maoríes, quienes dejaron un rastro incuestionable en Isla de Pascua; el supuesto origen de un sector cherokee que se considera descendientes de los judíos, pero no reconocida como cherokee por la mayoría de esta nación indígena; los fenicios y hasta un origen europeo cuaternario solutrense sustentado en una lanza de piedra, amén de un religioso irlandés, desfilaron ante mis ojos.

Pensaba yo, que mostrando varias pruebas dénbiles al respecto, los académicos que estuvieron detrás del video, le iban a dedicar un espacio a la presencia africana de los Olmecas, destacada por intelectuales como el escritor de origen Ruso, Vladimiro Nobokov en un pasaje de su obra Ada o el Ardor; pero nada: las estatuas monumentales de las cabezas africanas de los Olmecas, algunas con dos metros de alto, similares a una estatuaria de los mosis de Nigeria, no le parecieron para nada interesantes a los intelectuales de History Channel.

Además de los Olmecas que hizo presencia en América en el 1500 AC, cultura considerada como la madre de la cultura maya, en varios templos mayas como el de Chichen Itzá, señalados por la madre de los estudios Afrocolombianos, Nina S de Friedeman, en una de sus obras antropológicas, donde se aprecian varios frescos que mostraban a príncipes mayas recibiendo a una delegación de visitantes negros, o a sacerdotes y reyes mayas, sentados junto a pebeteros departiendo con visitantes negros, en cuyo fondo se observan embarcaciones fondeadas.

Estas evidencias que certifican una presencia africana anterior a la de Colón, ya en el siglo XIII, conocida como «fresco de los negritos» en la literatura antropológica, tampoco le parecieron «suficientes» ni dignos a los asesores del racismo académico de History Channel, que menospreciaron otra presencia africana en América como la expedición del rey Mendingo musulmán, Abú Bakari, que partió con 1200 embarcaciones buscando tierras al oeste, hecho que fue documentado por el viajero alemán Leo Wiener, precisamente en el siglo XIII: !Qué casualidad!

Es curioso que esta presencia africana en el Méjico precolombino, tocado en su momento por Luz Marina Montiel, también fuera desestimada por History Channel. Luz Marina Montiel, a quien conocí personalmente en 1994 en el Primer Congreso de Filosofía y Cultura del Caribe en Barranquilla, quien hace parte del movimiento «tercera raíz», afirmaba en un comentario de su ponencia que el mitote mejicano, era de origen africano.

Sin embargo, estas exclusiones académicas no son nada nuevas y lamentablemente algo que no ha desaparecido, inclusive entre muchos afro investigadores donde el racismo se trastoca en machismo, cuando le echan tierra a la gesta de la reina Leonor en los Montes de María la Alta y le endilgan la fundación del palenque de San Basilio al mítico Benkos Biojó, que a diferencia del rey bijago histórico vivió y murió alrededor del siglo XVI en la Matuna, actual Pasa Caballos en el Canal del Dique.

Denunciaba el prestigioso y contestarlo egiptólogo Cheik Anta Diopp, como el racismo del francés Charpollion, lo llevó a execrables prácticas académicas como destruir la nariz afro de la esfinge; o descascarar pinturas y estatuillas de faraones o sabios negros del antiguo Egipto, como Imhotep el matemático de la época del faraón Zoser, quien además de sacerdote era arquitecto y médico, autor del juramento médico que el enciclopedismo radicalmente racista de Diderot y su kombo, le atribuyó a Hipócrates quien nunca dijo que fuera de su autoría, sino del sabio negro que en el imperio romano era adorado como un dios, con su estatuaria y todo.

Los exploradores como el misionero alemán A. Merensky o su compatriota el geólogo Karl Mauch, que se hallaron ante las fabulosas cúpulas y murallas del antiguo Gran Zimabwe por ejemplo, sostenían que el origen de esas ruinas era fenicio. A esa tesis racista se aferraron y también intentaron borrar todas huellas y en otras plantaron algunas «evidencias», otros «investigadores» para tratar de explicar una supuesta expedición perdida de griegos y romanos, tesis insostenible que derrumbaron más tarde los estudios más serios, basados en la comparación y la datación.

En Colombia, los sabios antes y después del parnasianismo hispanista, como Luís López de Meza, Zamudio o el musicógrafo Abadía Morales, todos alineados al pensamiento nazi de Laureano Gómez y las élites cartageneras de origen hispano o turco, son un ejemplo de todo este entramado nacional e internacional que aún no desaparece. Abadía Morales, por ejemplo, sostenía que el bambuco venía del griego «Bambolee» o «bambolizon», mientras que el tango venía del francés «tangere».

Lamentablemente para Abadía Morales, la lingüista argentina María Luisa Wimberg demostró que tango, venía del camerunés y estaba relacionada por la súper oculta herencia africana en el Río de la Plata, del cual la cantante de tangos Lágrima Ríos fue evidencia viva hasta no hace mucho. Y el maestro Antonio Peñaloza se encargaría de recordar a Abadía que no era músico, con el pentagrama en la mano, que el bambuco era herencia africana que subió del Caribe a los Andes donde se tendía a arreglar y escribir mal.

Obviaba también Abadía Morales que el escritor Jorge Isaac, en su obra María hacía mención de cómo desde el país de Bambuk, reino de los ashantis, los esclavizados habían traído consigo sus bailes y cantos. Jorge Isacc, citando a Cantú un enciclopedista mejicano, sin embargo, no dudaba en afirmar en esa obra – capítulos XXV a XXXV- que, «los ashantis eran un pueblo africano de pelo lacio». No se podía esperar más: aún persiste en muchos pueblos a lo largo y ancho de Colombia la creencia que el tipo de pelo – el lacio en especial- es un indicador de inteligencia en la persona.

Incluso el Tuerto López, en pruebas epistolares que me envió recientemente el periodista Rubén Darío Álvarez del Universal de Cartagena, es develado en una carta bastante lambona echándole flores a Miguel de Unamuno, a ver si le prologaba como al cubano Nicolás Guillén, uno de sus muy buenos textos poéticos. Afirma el Tuerto López en la carta entre otras cosas: «yo soy de aquí pero tengo pura mi sangre española, no hay en mí, sangre de indios o de negros».

Lo que no comprendía y no se había percatado el Tuerto López, era que a Miguel de Unamuno, contertulio ocasional de Laureano Gómez, lo había descrestado de Nicolás Guillén, el orgullo por su herencia africana pregonado con versos innovadores, apasionados y rebeldes. Era eso y no la supuesta pureza española de nuestras élites, lo que había motivado al encopetado filósofo del 29 español, para prologarle al poeta cubano uno de los libros de versos más vitales de la poesía negra del Caribe.

Definitivamente, el siglo XXI continúa con las mismas tensiones colonialistas y su inherente racismo desde lo político hasta lo cultural; y éstas se han acentuado más ahora que muchos gobiernos al sur de las Américas y en otros lugares del mundo, se levantan con ganas de ejercer una soberanía vencida durante muchos años al nuevo coloniaje que ejerce terrorismo periodístico, decretando crisis económicas en los países insumisos, como el FMI que amenaza a Argentina que ya no le debe un centavo, si no le deja «revisar» su economía.

El premio nobel de paz al «disidente» chino, que en USA estaría tan peor como el preso político afroamericano Mumia Abu Jamal o los cinco antiterroristas cubanos, que CNN nunca menciona, más el de literatura a vargas llosa, famoso por hacer comentarios racistas semanales y sin fundamento contra Evo Morales, son indicadores que este racismo académico, tiene para rato.

Nicolás Ramón Contreras Hernández.
CC. 92.226.628 de Tolú. Ciudadano afrodescendiente independentista de la región Caribe en la República de Colombia.