A PROPÓSITO DE LAS ELECCIONES DEL 26 DE SEPTIEMBRE:
EL SEGUNDO ASPECTO DE NUESTRA VIDA SOCIALISTA
Por: José A. Rangel

Este segundo aspecto de nuestra vida socialista es la práctica diaria, que involucra las más variadas actividades que abarcan todo lo que el ser humano hace de manera social e individual: el trabajo (manual o intelectual), el descanso, la diversión, los sentimientos.

Dentro de las más variadas prácticas que ejerzamos en la sociedad nos conseguiremos con dos males que ejercen una influencia determinante en nuestra psiquis y que son casi tan antiguas como la humanidad: la corrupción y la burocracia. Al conseguirlas, tratarán de atraparnos. Y si no tenemos controles y defensas, seremos como una esponja que todo lo absorbe. La práctica del socialismo en Venezuela deberá enfrentarse a estos dos fenómenos que están arraigados en el corazón humano y no son difíciles de disolver, si las condiciones adecuadas lo permiten.

Las sociedades con modo de vida capitalista han logrado crear con estos dos elementos una simbiosis, haciendo progresar a una pequeña fracción de la sociedad al compás de los adelantos científicos y tecnológicos, dejando una parte sustancial de la población del mundo en la miseria, en el analfabetismo y el hambre. En estas sociedades la moral humanista no es su objetivo, sino el enriquecimiento, basado en las guerras, en una lucha por la sobrevivencia social y un deterioro alarmante del medio ambiente.
En nuestra práctica socialista, el ideal de un sentimiento humanista debe pasar de la teoría a la práctica social y encierra el ejercicio de la justicia, la paz y la equidad. Pero la burocracia y la corrupción están presentes en cualquier actividad que en la sociedad ejerzamos y debemos estar alerta para combatirla, primeramente en nosotros mismo y en los demás. Para ello la práctica socialista requiere un plan de educación específico sobre el tema y leyes que ayuden a luchar contra ellas, así como se hace contra el narcotráfico y la delincuencia. Se deben crear las condiciones sociales en todos los niveles de la sociedad para darle batalla. Debemos ver en nuestra práctica socialista que la corrupción y la burocracia son como una endemia social, la cual debemos buscar mecanismos efectivos para atacarla.

La práctica de la burocracia y de la corrupción, que el pueblo de a pie olfatea con precisión, tiene el poder de descarrilar el tren de la revolución y desviar su proceso, anulándolo o haciéndolo más difícil. Como dijimos, ese mal está presente en cualquier nivel. Específicamente en el trabajo, las relaciones entre compañeros, de superior e inferior deben ser de orden humano. Que deben ser corregidos de manera colectiva con señalamientos precisos y contundentes. Es necesario para ello utilizar las asambleas de trabajadores. Debemos dar el indicativo de que las cualidades humanas deben estar presentes en toda nuestra práctica social. Es el principal faro de orientación en nuestra práctica socialista.

El trabajador, el empleado de un ministerio, el ministro, el alcalde, el gobernador, pueden perfectamente estar trabajando contra el proceso revolucionario con sólo ejercer la burocracia o la corrupción, prácticas contrarias al humanismo, al sentimiento humano que son los objetivos del naciente socialismo. Muchos pueden estar inconscientes del daño que hacen, cuyos resultados pueden ser irreversibles. En la práctica de nuestra vida socialista no podemos estar inconscientes y mucho menos en cargos de diputados, alcaldes o gobernadores. Quienes incurran en corrupción y burocracia deberían ser señalados, suplantados y pasar a reeducación o presos. Esto crea seguridad en las personas.

Gente trabajando contrario a los objetivos humanistas del socialismo hace imposible que un pueblo pueda sostenerse en socialismo con sólo la ideología, con las enseñanzas de su líder, porque irán destruyendo con los pies, lo que se viene haciendo con las manos. Van creando inseguridad en el pueblo.

Los matices de la burocracia y la corrupción pueden estar presentes desde la actividad más sencilla, desde la acción más simple, hasta los cargos y trabajos más complejos. Está presente desde un sentimiento inhumano aparentemente aislado hasta al sólo hecho de no cumplir una promesa; desde la realización de un trabajo de manera mediocre hasta el enriquecimiento ilícito, robo al estado; desde el maltrato a un pueblo y engaño a los trabajadores hasta el sancionar una ley que desfavorezca al pueblo en general. La práctica de la burocracia y de la corrupción es propia de la columna vertebral del modo de vida capitalista y sigue encubierta en nuestro proceso revolucionario.

De esta manera la práctica correcta y moralmente justa del humanismo es la de no causar trastornos a la sociedad y a sus habitantes, sin exclusión, ni distingos de ninguna especie y la de combatir la corrupción y la burocracia donde aparezca. De lo contrario la gente irá perdiendo la esperanza de la posibilidad de una sociedad más justa.
En conclusión el segundo aspecto de nuestra vida socialista es: La práctica de un humanismo consciente y el combate contra la burocracia y la corrupción.

José A. Rangel – josearach@hotmail.com – 27 septiembre 2010