La OPEP cumple 50 años en la antesala de una nueva época
Ria Novosti

Una de las organizaciones más influyentes del mundo, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), también conocida como el «cartel del petróleo», celebra estos días su 50º aniversario.

Los estados de la OPEP producen alrededor del 40% del petróleo mundial, pero su importancia se ve multiplicada por el hecho que que, además, poseen el 80% de las reservas globales de «oro negro», localizadas y exploradas. A diferencia de la mayoría de los demás países exportadores de petróleo que ya han dejado por detrás el pico de la producción, el porvenir de los miembros de la OPEP es más prometedor.

Un complot contra las siete hermanas

La Organización podría fijar su aniversario en un periodo de cuatro días, ya que fue fundada durante una conferencia entre el 10 y el 14 de septiembre de 1960. Primero fue integrada por cinco países: Irán, Iraq, Kuwait, Arabia Saudita y Venezuela. En los siguientes 15 años se adhirieron a ellos Qatar, Indonesia, Libia, Emiratos Árabes Unidos, Argelia, Nigeria, Ecuador y Gabón. Más tarde, la estructura de la OPEP cambió en varias ocasiones: en enero de 1995 Gabón fue excluido del cartel, Ecuador salió en diciembre de 1992, pero en 2007 volvió a formar parte de la Organización, el mismo 2007 en la OPEP ingresó Angola.
La creación de la OPEP fue una especie de respuesta del Tercer Mundo a la dictadura por parte de los monopolios del combustible del Oeste. Hasta la década de los 70 del siglo pasado, el mercado petrolífero está siendo dominado por un cartel de siete compañías: British Petroleum, Chevron, Exxon, Gulf, Mobil, Royal Dutch/Shell y Texaco, denominadas a menudo las siete hermanas. Las hermanas compraban los derechos de extracción a los países del Tercer Mundo, extraían el crudo con su tecnología, se encargaban del refinado y la venta de los productos derivados. Su posición de monopolio le permitía al cartel de los siete ejercer presión sobre los poseedores de la materia prima con el objetivo de reducir los precios de venta cada vez más.

A los países del origen del crudo les llevó un tiempo organizarse para hacer frente a esta perversa y muy poco ventajosa situación. En 1953, Iraq y Arabia Saudita se pusieron de acuerdo en una política única para la exportar petróleo, pero no lograron quebrantar el dominio de las hermanas. Seis años después lo intentaron de nuevo: en El Cairo tuvo lugar el Congreso Árabe de Petróleo, donde los participantes concluyeron un acuerdo sobre la coordinación de la acción frente a los monopolios occidentales. Al pasar unos meses, las siete hermanas, como venganza, iniciaron un nuevo ataque al mercado y bajaron drásticamente el precio oficial del petróleo.

Los petroleros del Tercer Mundo no sabían cómo defender sus intereses. La oferta del mercado era excesiva. Los EEUU, por ejemplo, satisfacían sus necesidades con recursos propios hasta finales de los años 60. Lo único que lograron urdir para frenar al cartel occidental fue una política unitaria para mantener sus precios de venta. Así, en otoño de 1960, representantes de Irán, Iraq, Kuwait, Arabia Saudita y Venezuela se reunieron en Bagdad para firmar el acuerdo sobre la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo. Nadie en la palestra internacional hizo demasiado caso a la aparición de un nuevo jugador. Eso sí, pasados 13 largos años, la OPEP recibió, al fin, la primera oportunidad de darse a conocer de verdad. Y hay que admitir que la aprovechó dignamente.

Si no hubiera sido por la guerra…

La Guerra de Yom Kipur, el conflicto entre Israel y los países árabes del año 1973, se considera como el inicio de una nueva época en la economía mundial, «la época del petróleo caro». En pleno enfrentamiento, los países de la OPEP se atrevieron a dar un paso sin precedentes: como castigo por el apoyo a Israel, el cartel impuso el embargo a los Estados Unidos y aumentó un 70% los precios para sus aliados en Europa Occidental (de $3 a 5.1$ por un barril). Al poco tiempo lo repitió al subir en enero de 1974 los precios hasta $11.65 por un barril, lo que provocó un pánico bursátil. Las acciones de casi todas las compañías, excepto las extractoras, bajaron drásticamente. La economía mundial se hundió en una depresión, la inflación se convirtió en un dolor de cabeza para los políticos y la gente de la calle en los EEUU y Europa.

La OPEP jugó su papel en aquellos acontecimientos: la guerra en Oriente Próximo y la baza del cartel petrolero eran, en efecto, un pretexto directo para el alza de los precios del crudo, pero los cimientos de todo habían sido puestos en otros continentes mucho antes. No es por casualidad que, a pesar de que el embargo se levantó en abril de 1974, el petróleo continuó encareciéndose hasta los inicios de los 80.

Sería más correcto echar la culpa de la época del petróleo caro a los EEUU y Europa Occidental. Su industria se desarrollaba frenéticamente y las necesidades de la población crecían demasiado rápido. A comienzos de los 70, tres cuartas partes de los norteamericanos adultos se negaban a utilizar el transporte público para optar por el coche privado. Como resultado, los Estados Unidos, que eran autosuficientes en petróleo, se vieron obligados, a partir de los 70, a importar hasta el 35% del combustible consumido. El mundo occidental entendió muy bien que la época de los recursos energéticos baratos había terminado, y la política que presuponía una oferta abundante, estaba siendo sustituida por la de una demanda excesiva y una época de obligado ahorro energético.

Aspiraciones y posibilidades

Precisamente en la década de los 70 la OPEP alcanzó su mayor éxito. Los ingresos de los países miembros iban multiplicándose. En desierto árabe se erigían ciudades que aprovechaban los logros de tecnologías occidentales. Las monarquías árabes, hundidas en la miseria y el atraso, adquirieron un inesperado peso en la economía mundial. La euforia provocada por los petrodólares generó una nueva idea: la de crear un sistema financiero para los países musulmanes. Era un proyecto no sólo económico sino también religioso y político, porque en el mundo musulmán la religión y la política están estrechamente interrelacionadas. Los líderes de las monarquías petroleras árabes decidieron que los mil millones invertidos en la difusión del islam por todo el mundo rendirían fruto en el futuro.

Pero, a diferencia de las economías basadas en la extracción de materias primas, cuyos avances dependen totalmente de la coyuntura del mercado, las tecnocracias son capaces no sólo de superar cualquier dificultad con eficacia, sino también de encauzar el desarrollo mundial. Aunque el alza de los precios de petróleo resultó ser una prueba dura, las economías norteamericana y europea lograron encontrar una respuesta apropiada. La primera revolución digital, ocurrida en el deslinde de los años 70 y 80 del siglo pasado, aumentó la productividad y redujo considerablemente los insumos de energía. Al mismo tiempo, los EEUU mantenían su actividad en el escenario político, y la URSS estaba explorando los yacimientos de Siberia Occidental. Todo esto provocó la estabilización de los precios del petróleo. Las posibilidades de la OPEP de coordinar sus esfuerzos también resultaron limitadas. Los estados del cartel eran y son demasiado diferentes: la baja densidad de la población junto con las enormes reservas de hidrocarburos, convirtieron a los países de la península Arábiga en los principales beneficiarios de las exportaciones petroleras. La relativamente excesiva densidad de la población en Venezuela y Nigeria, por el contrario, devinieron en un acceso limitado a las rentas energéticas sólo para las élites corrompidas; lo único que obtuvieron del boom de petróleo los demás habitantes de estos países fueron guerra y miseria. Juan Pablo Pérez Alfonzo, promotor de la OPEP y Ministro de Minas e Hidrocarburos de Venezuela, inventó el término excremento del diablo para referirse al oro negro en pleno boom petrolífero.

Por ahora, la OPEP sigue siendo uno de los jugadores más potentes del mercado de materia prima, y lo seguirá unos 30 años más, la duración prevista de la época del petróleo. Pero la influencia del cartel ya no se puede comparar, por ejemplo, con la de la industria china. Ahora que los contratos de futuros se han convertido en objeto de inversiones especulativas de capital, los precios del oro negro son determinados no tanto por las necesidades de la producción y los volúmenes de extracción, como por los ánimos de los jugadores bursátiles.