La Derecha comienza a mostrar las hilachas de su verdadero vestuario
Por: Arturo Alejandro Muñoz

Para Kaos en la Red

El clasismo, la soberbia y el desprecio por el pueblo y por el país real, a la Derecha le resulta superior a sus fuerzas y a los intentos por esconder su verdadera idiosincrasia expoliadora

“LA CABRA SIEMPRE tira al monte”…así reza el viejo refrán español refiriéndose a que uno siempre hace lo que ha aprendido de pequeño, o lo que le han enseñado, o lo que está acostumbrado a hacer. Aunque para algunos especialistas el refrán apunta, más que al aprendizaje, a la naturaleza, al instinto, a la actitud innata. Pero también, especialmente en política, puede entenderse como aquello relacionado con la tozudez y la porfía sin sentido.

Durante dos décadas de administración tipo aplanadora, el bloque que conformó la Concertación de Partidos por la Democracia se acostumbró a la corrupción y al familisterio déspota, cobijándose en la seguridad que le otorgaba el hecho de haberse constituido en mayordomos de los patrones propietarios del castillo, quienes, a su vez, aplaudían a rabiar los aciertos de sus lacayos en materias económicas.

Mas, tarde o temprano, había de llegar el momento en que los dueños de la hacienda feudal decidieran regresar a sus aposentos y caballerizas señoriales. A contar de ese instante, los mayordomos pasaron a incrementar la cofradía de yanaconas desempleados para, recién entonces, hacer fila en las sedes sindicales a objeto de obtener alguna ayuda de aquellos desarrapados que ignoraron y depreciaron socioeconómicamente durante 20 años.

Por su parte, la Derecha tomó nuevamente plena posesión del castillo, agradeciendo a los siervos el haberles privilegiado con aquellos votos y aplausos que posibilitaron el retorno de los señores a la propiedad feudal. Desde el triunfo del NO en el plebiscito de 1988, el país –parafraseando a García Lorca- dio una larga torera para arribar al mismo escenario socioeconómico de los ‘chicago boys’ y de la dictadura militar…aunque esta vez, increíble pero cierto, mediante el sufragio popular y la democracia institucional.

Los señorones juraron a diestra y siniestra que habían abandonado las ideas sediciosas y golpistas, que eran demócratas, dijeron; que su interés único y principal era darle alegría, bienestar y felicidad al pueblo, agregaron. Eso y muchas otras cosas bonitas prometieron durante la ardua lucha electoral por llegar a La Moneda. “El golpe de estado, las campañas del terror, los planes zeta y los libros blancos…¡¡nunca más!!”, juraron de rodillas los feudales.

“Chile necesita a todos los chilenos”, gritó a los cuatro vientos el estandarte mayor de los nobles empresarios y financistas, comprometiéndose a realizar un gobierno en beneficio de la sociedad toda, y no solo de aquel escaso sector que se apropió del 80% de los recursos del país en los últimos meses de la dictadura, cuando los militares, a la desesperada, trataron de evitar que ‘el roterío’ pudiese devolver empresas al Estado, para lo cual regalaron a sus financistas empresariales –a precios irrisorios- las principales industrias e instituciones que habían sido creadas y exitosamente administradas por la CORFO.

Entonces, para encandilar a la ciudadanía tratando de convencerla con el cuento de que ahora descollaba en ellos el amor a la democracia, los señorones se ocuparon de hacer ‘profundos análisis’ de la realidad latinoamericana, tildando de dictadores a algunos mandatarios popularmente electos, como Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales…comparándolos con ellos mismos (antiguos hacendados redimidos a nivel de anarcofeudalistas), presentándose ante los ojos de los muy desinformados chilenos como el non plus ultra de la libertad, la igualdad, la fraternidad y la democracia plena.

Sin embargo, “la cabra siempre tira al monte”, y a poco andar el nuevo gobierno dejó exhalar por sus intersticios menos republicanos el hálito del clasismo y la soberbia veleidosa del que siempre ha sido dueño de grandes cantidades de dinero y poder social. No lo pueden evitar por mucho que intenten disfrazarlo; es su naturaleza y les resulta imposible luchar contra su propia historia de expoliaciones y vivarachadas. Más rápido que lento han ido surgiendo –uno tras otro- ejemplos de esa idiosincrasia entreguista, obsecuente y servil con el ‘patroncito gringo’, pero feroz y genocida con sus propio pueblo.

Un sedicioso y golpista que el martes 11 de septiembre de 1973 no tuvo reparos en disparar, rifle en mano cual cobarde francotirador, desde una ventana del departamento de un amigo, a los trabajadores de Chile Films para que no abandonaran la empresa y pudieran ser detenidos/torturados/asesinados por el milicaje que a esa hora recorría Santiago, hoy se ha encumbrado a la categoría de senador.

Me refiero al inefable Andrés Allamand, quien el día 8 de septiembre recién pasado se permitió declarar ante la prensa que había “propuesto suspender la votación senatorial respecto del feriado para los trabajadores del comercio estas fiestas patrias, porque no aceptaba que un grupo de personas (ciudadanos, electores), desde las tribunas de la Cámara Alta, se atrincheraran para darles instrucciones a los senadores”.

El francotirador Allamand ha demostrado no representar a los ciudadanos que sufragaron en su favor, sino que, simplemente, se manda solo y no tiene que darle explicaciones a nadie, menos aún a trabajadoras y trabajadores de grandes tiendas comerciales que, según propia confesión, en las recientes elecciones presidenciales votaron por el jefecito del senador, el financista Sebastián Piñera, hoy primer mandatario de nuestro país. Así es como entiende la democracia este parlamentario que, ahora, comenzó a desparramar una nueva ‘campañita del terror’ asegurando que debido a la aprobación de tres días feriados para los trabajadores del comercio (18, 19 y 20 de septiembre), en Chile podría producirse “un grave desabastecimiento”…palabrita que a los derechistas parece encantarles.

Sí, definitivamente la cabra siempre tira al monte. Y si alguien aun lo duda, tenga la bondad de leer lo que opinó en la revista “Mujer” del diario La Tercera este 05 de septiembre el conocido escritor (declarado anti allendista y activo propugnador del golpe de estado) Pablo Hunneus –que encuentra ‘abominable’ a la vocera gubernamental Ena von Baer- cuando el periodista le pregunta respecto de sus reflexiones en torno al hallazgo de los mineros (mina San José, en Atacama). Dijo Hunneus: “”Primero la importancia de la palabra escrita. Segundo, el bullyng o matonaje de Sebastián Piñera. El buen líder no se nota, dicen. Él es demasiado impositivo y eso me preocupa. Está metido en todo. Si hasta el suegro tenía que morirse en sus brazos; no podía ser en otra parte. Su estilo tiende a paralizar a su entorno y produce anticuerpos; el resentimiento al patrón impositivo.””

No muere aquí la saga de patinazos que la derecha ha comenzado a mostrar en tan solo un semestre de gobierno, pues resulta imprescindible agregar un asunto en extremo grave, ya que él desnuda las verdadera filosofía que interpreta anuestra decimonónica y clasista derecha política. El diario español “El País”, publicó hace algunos días una crónica en la que descuera a las autoridades del gobierno de Piñera porque ellas “censuran” las cartas que los 33 mineros atrapados en la mina atacameña San José envían a sus familiares a través del sistema conocido como“paloma” (un tubo que permite desplazar objetos de cierto volumen mediante presión de aire comprimido).

El amor a la censura se encuentra alojado en los genes de los totalitarios; y nuestra derecha, sin discusión, lo es. Quienes deseen enterarse mejor de este grave hecho de una censura inaceptable, pueden pinchar el siguiente link perteneciente al derechista diario hispánico “El País”:

http://www.elpais.com/articulo/internacional/mineros/quejan/censura/elpepiint/20100906elpepiint_2/Tes

Es que el síndrome del terrateniente colonial todo derechista chileno lo lleva adherido a la piel y colgando del alma, así tenga poder económico o solamente las patas y el buche. En el caso de nuestro actual Presidente, ese síndrome se ve incrementado por el amor a las cámaras de televisión, a la farándula, a la exposición mediática, al brillo del exacto centro de la mesa de centro. Es lo que me permití llamar –en artículos anteriores- “el complejo Pato Peñaloza” (*1) que caracteriza a muchas de las personas de baja estatura, las que compensan su falta de centímetros con un actuar público que derrama tonteras para llamar la curiosidad del resto de los mortales. Piñera, de estatura reducida y brazos cortos, en alguna medida responde a esa caracterización antropomórfica-psicológica. Creo yo.

Pero, el problema de la derecha y de su jefe mayor no puede reducirse a un síndrome semi caricaturesco que algunos profanos irrespetuosos –como el suscrito- acostumbran delinear en las páginas de ensayos, crónicas y artículos. La caricatura anterior se lanza para no llorar, pues lo que comienza de nuevo a desbordarse, a derramarse, a colmatarse, es el clasismo decimonónico que, una vez más, los talibanes derechistas dejan escapar de sus labios y de sus acciones, demostrando que son incapaces de sostener durante más de un semestre el cúmulo de mentiras que propagaron durante la campaña presidencial.

Lo ya escrito no es exclusividad de los líderes principales del empresariado convertido en gobierno, pues en pueblos y comunas alejadas de la gran metrópolis también ha comenzado a suceder algo similar a lo relatado en estas líneas. Pelafustanes de educaciones inferiores a la de la mayoría de los chilenos, se permiten “exigir el cumplimiento de una determinada línea política y social” a personas de mayor talante profesional y cultural, llegando al exceso de insultar a aquellos que no siguen al pie de la letra sus antojadizas concepciones serviles y obsecuentes de la economía, la sociedad y la patria, mismas que ellos simbolizan en el brillo de las botas de sus jefes.

Bastó que un exitoso especulador financiero llegara a La Moneda para que decenas de “malinches” (*2) brotaran del fango de su propia ignorancia y mediocridad como hongos silvestres. Pero, en este caso, afortunadamente se trata de bichos menores, rastreros sin alas, quienes se enamoran de sus propias cretinadas escritas y las reenvían una y otra vez hasta convertirlas en una enfermedad. Pero, tales bicharracos inofensivos, más temprano que tarde, habrán de regresar a sus covachas con las alas y antenas caídas no bien su ‘patroncito’ les pare el carro y les coloque socialmente en el lugar que –según ese amito- les corresponde. O cuando el pueblo, el electorado, les niegue la silla parlamentaria, edilicia o presidencial a los patrones que esos bichos gustan defender como si aquellos poderosos señorones lo necesitaran.

Pero, ya lo dijimos, la cabra siempre tira al monte…y no lo puede evitar.

(*1) “Pato Peñaloza” era un personaje ficticio que formaba parte de los sabrosos y picantes cuentos de la vieja revista chilena “El Pingüino”. Bajo de estatura –casi enano- de enorme y engominado jopo,empapado en colonia, vestido siempre con terno cruzado y corbata, Pato Peñaloza (sin oficio ni profesión conocida) acostumbraba meterse en graves líos creyendo que su sola presencia, en las noches santiaguinas, embobaba a las más hermosas mujeres, fuesen ellas solteras, casadas o viudas.

(*2) De familia azteca noble, la Malinche fue esclavizada, se convirtió en intérprete y en la persona de confianza del conquistador español Hernán Cortés, a quien dio un hijo. Muchos historiadores la ven como la gran traidora de los aztecas. En la historia de México, Malinche se convertirá en un símbolo del indio seducido y abandonado, dando lugar al término malinchismo, con el que se señala la entrega a lo que viene de fuera y la incapacidad para valorar lo propio.