La conquista del petróleo del Ártico arranca antes de lo previsto
Por: Andrei Fediashin,
RIA Novosti

A juzgar por lo que ha pasado recientemente, parece que la fiebre de petróleo pondrá a temblar la zona del Ártico mucho antes de lo que todos esperábamos.

La semana pasada, la petrolera inglesa Cairn Energy anunció la existencia de gas y petróleo en perforaciones de prueba realizadas en las costas de Groenlandia, en el mar de Beaufort.

Los resultados definitivos de la exploración apenas serán publicados en octubre, y no obstante, ya nadie pregunta si en la plataforma continental de Groenlandia hay reservas viables de hidrocarburos.

Ahora la pregunta es directa e inequívoca, «¿cuándo empezará la extracción del crudo del Ártico?»

A principios de esta semana el Buró de Minerales y Petróleo de Groenlandia planea anunciar las empresas autorizadas para realizar perforaciones de prueba en el mar de Beaufort, y el año que viene prevé la convocatoria de más licitaciones.

En la lista para la obtención de licencias para compartir «el pastel del crudo ártico» ya se inscribieron las principales petroleras mundiales con amplia experiencia en la extracción del «oro negro» en latitudes septentrionales y en el océano, como ExxonMobil y Chevron (Estados Unidos), Shell (Inglaterra y Holanda) y el gigante noruego StatOil.

Mientras tanto, en el mar de Beaufort continúa una mini-batalla entre ecologistas de «Greenpeace», y el Servicio de Vigilancia Costera, la Marina y la policía de Dinamarca y Groenlandia (territorio autónomo perteneciente a Dinamarca).

A la zona, navega el buque «Esperanza», perteneciente a «Greenpeace» hasta rebosar de activistas, y en respuesta, el Gobierno de Groenlandia ya acordonó una zona de 500 metros cuadrados en torno a la plataforma de perforación de la «Cairn Energy».

Y no obstante, el pasado 31 de agosto algunos activistas de «Greenpeace» consiguieron desembarcar en la plataforma, y desde entonces, bloquean su funcionamiento.

Todo parece indicar a que el gobierno de Groenlandia, presunto propietario de fabulosas reservas de gas y petróleo, en los próximos meses o incluso años, se perfila como el principal enemigo de las organizaciones ecologistas en todo el mundo.

En cambio, los habitantes de Groenlandia tienen razones para tener sentimientos antiecologistas y albergar ambiciones petroleras. En esta isla, la más grande del mundo, apenas viven 57.000 personas que fundamentalmente viven de la pesca y las dotaciones asignadas por Dinamarca que anualmente destina cerca de 600 millones de dólares, el 55% del presupuesto de Groenlandia y tan sólo el 0.75% del presupuesto de Dinamarca.

Desde hace tiempo, estos «hermanos menores» de Dinamarca han perdido la sumisión hacia la metrópoli, y a lo largo de los últimos 30 años han intentando independizarse, pero de momento, sólo han conseguido el estatus de autonomía.

El petróleo, por lo tanto, supone una afortunada oportunidad para por fin separarse del «yugo danés», superar su «difícil pasado colonial» y nadar en la abundancia gracias a los beneficios obtenidos por la venta de gas y petróleo, si es que logran convertirse en una especie de Kuwait enorme, más allá del Círculo Polar Ártico.

La vida en el Círculo Polar Ártico. Infografía

Las exploraciones realizadas por la petrolera escocesa «Cairn Energy» que apostó su futuro por el crudo de Groenlandia, confirmó las previsiones del Departamento de Estudios Geológicos de Estados Unidos que desde hace dos años y hasta el año pasado evaluó las reservas del Ártico, llamado también «la Reina de las Nieves».

En esas investigaciones participaron científicos rusos, junto con los expertos de Canadá, Dinamarca, Groenlandia y Noruega. De acuerdo con los resultados obtenidos, existe una probabilidad del 95% de que la región ártica yacen reservas estimadas de 90.000 millones de barriles extraíbles y unos 50.000 millones de metros cúbicos de gas.

A juzgar por otros indicios, los expertos no descartan la posibilidad de que las reservas de hidrocarburos en esa zona todavía sean mayores.

En cualquier caso, la opinión más generalizada indica que en el Ártico yacen el 22% de las riquezas naturales del mundo, incluido el 30% de las reservas de gas y el 13 % de las reservas de petróleo.

Los yacimientos de petróleo están más concentrados en las zonas de Groenlandia y Alaska, mientras que el gas se encuentra en el segmento ruso o muy cerca de éste.

A propósito, el pasado 3 de septiembre, rompehielos de los Servicios guardacostas de Estados Unidos y de Canadá emprendieron una expedición de investigación y «delimitación de las zonas árticas».

Y varios meses antes, desde mediados de verano, una expedición rusa se encuentra en la zona recopilando pruebas concretas que permitan demostrar la soberanía de Rusia en determinados sectores de la plataforma marina.

Las tres expediciones se dedicarán a la investigación sísmica, a la medición de las profundidades del océano y la exploración geológica. En general, se intentará delimitar las fronteras de los sectores nacionales y aclarar qué riquezas y en qué cantidades se encuentran debajo el hielo y el fondo oceánico.

Es evidente que el pistoletazo dado por Cairn Energy en Groenlandia acelerará el proceso de «división» del ártico.

Los ecologistas, como siempre, se muestran preocupados ante la posible y desastrosa contaminación del último rincón casi virgen que queda en el mundo y que puede ocurrir si la extracción de crudo en el Ártico adquiere dimensiones globales.

Y no hace falta ir demasiado lejos para encontrar ejemplos: los estadounidenses todavía no han podido liquidar las consecuencias de la catástrofe ecológica del Golfo de México, provocada por la plataforma de la empresa BP, Deepwater Horizon.

Los problemas ecológicos del Ártico. Infografía

Debido a una fuga, se vertieron en el océano prácticamente cinco millones de barriles de petróleo.

Según los expertos, las consecuencias de una fuga semejante en el Ártico serían mucho más catastróficas que en aguas cálidas. El agua fría no libera los hidrocarburos de modo que su evaporación está prácticamente bloqueada por el aire gélido.

De modo que todos los residuos acabarán decantados en el fondo del mar y contaminándolo durante muchos años.