La Patria requiere la revisión y actualización de las leyes relativas a la instrucción
Por: Luis Alberto Matos

“Sin educación popular no habrá verdadera sociedad.”
Simón Rodríguez

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) establece que “La educación para el desarrollo sostenible (EDS) tiene por objeto ayudar a las personas a desarrollar actitudes y capacidades, y adquirir conocimientos que les permitan tomar decisiones fundamentadas en beneficio propio y de los demás, ahora y en el futuro, y a poner en práctica esas decisiones”.

Podremos entonces “abordar los problemas sociales, económicos, culturales y medioambientales del siglo XXI”.

En septiembre del 2000, nuestro Comandante Presidente Hugo Chávez firmó la Declaración del Milenio comprometiéndose, en nombre de Venezuela, a “liberar a todos los hombres, mujeres y niños de las lamentables condiciones de extrema pobreza” antes del 2015, incluyendo lograr la enseñanza primaria universal.

Misión Robinson alfabetizó totalmente a Venezuela. Más aún, el reciente Informe Mundial sobre Educación de la UNESCO reconoce los progresos de nuestra Patria, donde tenemos más de 12 millones de alumnos.

Como enfatizara Edgardo Ramírez, Ministro del Poder Popular para la Educación Universitaria, “es el resultado del éxito de la política pública del Estado venezolano en materia de inclusión y justicia social, tanto para los niños de educación inicial como para los de básica, secundaria y jóvenes universitarios”.

Misión Sucre

En Venezuela hay hoy más de millón y medio de niños en educación inicial, cuatro millones en primaria y dos millones de adolescentes en secundaria. A nivel universitario, vamos directo a los tres millones.

La Misión Sucre, cuyo fin es “garantizar el derecho constitucional al estudio y la prosecución en la educación universitaria pública, gratuita y en igualdad de oportunidades para todo el pueblo”, prevé graduar 164.000 nuevos profesionales este año.

El Siglo XX concluyó con menos de 700.000 alumnos a nivel universitario. En menos de una década Venezuela triplicó tal cifra, incluyendo un millón de la Misión Sucre.

La tendencia del puntofijismo era incrementar la enseñanza “superior privada”. La gran mayoría de los venezolanos no tenían acceso a la misma, especialmente quienes no podían residenciarse en las pocas ciudades donde habían universidades. Misión Sucre ha instalado “aldeas universitarias” a nivel nacional.

Nuevas profesiones

La ruta al socialismo demanda nuevas habilidades y conocimientos. Las carrreras tradicionales no cubren con eficiencia el muy amplio espectro de necesidades educativas de la nueva Venezuela que estamos construyendo.

Los nuevos bachilleres disponen hoy de nuevas carreras y más opciones en la Educación Universitaria. Agroalimentación, educación bolivariana, vivienda comunitaria, administración de condominios, cultura energética, procesamiento de hidrocarburos, integración del Sur, gerencia pública y gestión social son alternativas adicionales en el desarrollo integral del nuevo venezolano. Los programas de gobierno lo exigen.

Pero no bastará con sólo crear las nuevas posibilidades. Hay que destruir los paradigmas inculcados por más de un siglo de instrucción universitaria elitesca, que impulsan al alumno a estudiar “lo que dé”.

La Revolución implementa Universidades Politécnicas Territoriales (UPT) como “instrumentos del pueblo venezolano para contribuir al desarrollo integral y sustentable de cada uno de los territorios”.

No basta tampoco con obtener el título. Los avances tecnológicos, la difusión masiva de la información y la investigación continúan a nivel planetario. A tal punto que, según estiman algunos, el conocimiento se duplica cada cuatro años.

Por eso es necesario que el nuevo profesional tenga oportunidades y obligación de seguir estudiando. La Patria necesita postgrados de especialización en ciencias, tecnología, artes, leyes, gerencia, dirección, comunicación, planificación, desarrollo y sustento.

Médicos y cirujanos

La salud y la nutrición del pueblo venezolano, garantizada por el Gobierno Bolivariano y las Misiones, requieren la preparación continua y mejorada de egresados en medicina, salud, nutrición y cirugía en sus diversas especialidades.

Respondiendo al llamado “más médicos para el pueblo”, cada año se gradúan profesionales integrales, capacitados, dignos y con la aspiración a dedicar su vida a la Patria.

“Estudia medicina, que eso sí dá”, era la usual recomendación que nos daban a los estudiantes de bachillerato, incluso de muy buena fé, durante el pasado siglo. “Un médico nunca se muere de hambre”, como si el estudio de una carrera estuviera dirigido exclusivamente a garantizar determinado ingreso. Cuántos profesionales se sintieron fracasados, al arribar a la llamada “tercera edad”, cuando se dieron cuenta de que su desempeño profesional en la vida, salvo dinero, ¡no le había traído ninguna otra cosa!.

Más de 50 mil nuevos médicos venezolanos, en apenas un lustro, más los que cursan a nivel nacional, nos asegura que los venezolanos del futuro podrán dedicarse, con mejor salud, a sus estudios y labores.

Técnicos e ingenieros

Esa garantía del derecho a la educación, asegurada por la Revolución para todos nuestros compatriotas, genera declaraciones que leemos en medios opositores, donde parecería que, adicional al pago que algunos reciben por escribirlo, el odio los lleva a expresiones absurdas, incluso incoherentes.

Cuando se anuncia que el Estado ha cancelado más de 600 millones de bolívares fuertes a las Instituciones de Educación Universitaria, “incluyendo 30% de aumento salarial”, alguien asegura en la página opuesta que “El Gobierno está asfixiando a las universidades autónomas”.

Si no fuera darles importancia, les preguntaríamos, ¿Qué llama asfixiar? y ¿qué define como autónomas?. Porque sus decisiones sabemos donde realmente se toman, especialmente en cuanto a declaraciones para la prensa.

Y se entera uno entonces que la Universidad líder en voluntad popular, donde estudiamos dos carreras, hoy tiene más de la mitad de sus profesores inactivos, induce pensamientos reaccionarios y su vocero sólo habla de dinero. El sentirse útil por la enseñanza de alto nivel y el reconocimiento del profesional que fué tu alumno no importan nada comparados con el sueldo, único argumento en la amplia declaración publicada a página completa.

Afortunadamente los estudiantes que hoy transitan cada día cerca de su Aula Magna, mañana tomarán las riendas del recinto y hasta nos exigirán más socialismo en todo el territorio nacional.

En paralelo, y ellos lo saben, los ingenieros y técnicos que el proceso bolivariano requiere de urgencia, están saliendo de las nuevas universidades.

Futuro promisor

Venezuela tiene ante sí un excelente porvenir. Lo percibimos cuando leemos los Programas de Formación ajustados al modelo de educación socialista. Lo constatamos cuando oímos las voces de los nuevos estudiantes.

Frases como “comienzo de una nueva vida”, “aprendí gracias a la Revolución” y “le dedicaré lo que aprendí a mi pueblo”, nos llegan directamente de alumnos adultos que, durante el pasado siglo, jamás hubieran tenido la oportunidad de estudiar.

Necesitamos revisar y mejorar la legislación vigente para asegurar la permanencia de la educación venezolana. Sólo lo garantizaremos con nuestro voto el 26 de septiembre por los candidatos de la Revolución.

jaquematos@cantv.net