Las tribulaciones demográficas en Rusia: esperanza y calidad de vida
Por: Olga Sobolevskaia,
RIA Novosti

Los resultados de las encuestas revelan que en los últimos cinco años el número de rusos que piensan que la situación demográfica del país es buena se triplicó hasta el 38%.

El porcentaje de los que la consideran crítica, ha bajado del 83% en 2005 al 48% en 2010. Pero no olvidemos que es muy fácil manipular las estadísticas. La demografía se ha convertido en un tema de interés nacional, llegando a convertirse en popular incluso entre los representantes del glamour. No pasa un día sin que los índices de natalidad no se mencionen en algún medio de comunicación.

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En 2009 nacieron 1.746 millones de bebés, 50 mil más que en 2008. El Fondo de Seguridad Social ha calculado que en un semestre de este año han nacido 811 mil niños, 14 mil más que en el mismo período del 2009, eso sin contar a los que no hayan utilizado el certificado de seguridad social para el parto. Ha cambiado un poco la correlación entre los primogénitos y los segundos nacimientos: 54.9% y 45.1%, respectivamente, en el mismo período del 2009 contra 52.8% y 47.2% este año. El crecimiento del índice de natalidad de segundos hijos es considerado como una prueba de la eficacia de la política demográfica.

El llamado baby-boom puede explicarse por incentivos tales como las prestaciones económicas por el parto y la introducción del llamado capital materno, un pago por el nacimiento del segundo hijo equivalente a 11 mil euros que se concede a la madre para las necesidades del retoño al cumplir tres años.

En cualquier caso, parece que es pronto todavía para hablar de un baby-boom en serio. Es cierto que hay cierto progreso, pero es bastante moderado y es poco probable que en un futuro sea mucho mayor.

Las medidas económicas influyen poco en el comportamiento reproductivo de la población. El baby-boom suele ser una reacción pasajera a los incentivos introducidos, sostienen los expertos. Comentan también que hoy los ciudadanos en edad reproductiva (mayores a 15 años) tienen prioridades diferentes a las de las generaciones anteriores, como la carrera y el crecimiento profesional.

El nacimiento de los hijos es pospuesto no sólo por razones económicas, las causas ideológicas también juegan su papel. Si los mayores a 30 toman la decisión de tener hijos, eso no se debe al dinero, sino a que ya ha llegado el momento en que ya están preparados para ser padres. Según las encuestas, sólo un 8% optaría por tener un niño en caso de un aumento de las prestaciones por este motivo.

Además, en este campo influyen mucho los estereotipos: un hijo único es poco probable que se decida a tener 3 ó 4 hijos en un futuro, según señalan los expertos. Esta tendencia es perniciosa ya que, para la reproducción natural de la población, cada familia debería tener al menos dos hijos.

En lo que respecta a la natalidad, todo está más o menos claro. Pero los índices de la mortalidad son menos optimistas. La esperanza de vida no ha mejorado en comparación con el siglo pasado, los ciudadanos contraen enfermedades siendo aún jóvenes, muchos mueren sin alcanzar los 40 años por razones externas (accidentes de tráfico, laborales, etc.), por enfermedades cardiovasculares, del aparato digestivo o por cáncer. La esperanza de vida media es de 69 años. Las mujeres viven alrededor de 73 años y los hombres, 60 años, casi hasta la edad de jubilación. La excepción la representan los moscovitas, cuya esperanza de vida es más alta: 76 y 69 años, respectivamente.

Pero una vida corta no es el único problema. Tras jubilarse, los rusos no tienen una vida digna, sino que se enfrascan en la lucha por la supervivencia. Al mismo tiempo, en los países desarrollados, el número de los octogenarios crece. Los ancianos gozan allí de una vida plena, cuidando su salud, gozando de una buena nutrición y de una correcta atención médica.

La calidad de vida de los rusos es muy diferente. A la edad de 35 años la mitad de ellos sufre sobrepeso. Dos tercios fuman, más de un 30% han empezado con este mal hábito antes de cumplir los 19 años. Según algunos pronósticos, un 45 ó 47% de los que hoy tienen 20 años no llegará a cumplir los 60. A finales del siglo XIX este riesgo era un 55% más bajo.

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Pero los rusos no tienen la costumbre de cuidar su salud porque, según ellos mismos confiesan, no quieren envejecer. En Rusia longevidad y miseria son sinónimos. Mientras que los enérgicos jubilados del mundo desarrollado están viajando por el mundo, visitando museos y teatros, para los ancianos rusos la idea de viajar y disfrutar de la vida es como una burla. Perciben el ocaso de la vida como un castigo: la prestación media por jubilación es de 8,4 mil rublos, cifra que no cubre los gastos de medicinas y tratamientos, pero nadie quiere ser una carga para sus hijos. Por eso no quieren envejecer.

Algunos creen que para hacer que la población cuide su salud habrá que cambiar la conciencia de la sociedad. Cuando las enfermedades no infecciosas son las principales causas de muerte, hay que hacer hincapié en las medidas profilácticas, prestando atención no sólo a los enfermos, sino también a la población sana. Entonces la gente aprenderá a cuidar y a valorar su salud. Esto en Rusia es algo un tanto utópico.

La mortalidad es un índice que refleja la situación socioeconómica en general. Cuidar de la salud no solamente depende de uno mismo, sino que también está relacionado con el ambiente en que se vive. Esta segunda condición no siempre se puede elegir. Para ganar el pan y alimentar a la familia la gente pone por delante de la salud al trabajo. Existe incluso un término para describir esta situación, sandwich-effect, cuando el hombre está atrapado entre las obligaciones para con sus padres y sus hijos.

De esta forma, Rusia está en la disyuntiva de cambiar de estrategia para aumentar la esperanza de vida y la calidad de la misma, tanto para los mayores como para los jóvenes. De esta nueva táctica va a depender la existencia futura de jubilados y de los instrumentos para combatir los vacíos demográficos en el país. Estos, según los pronósticos, van a tener lugar sin lugar a dudas, ya que la generación de los 1990 que entra ya en la edad reproductiva es muy escasa.