El segundo rostro del Presidente de Bielorrusia
Por: Dmitri Bábich,
RIA Novosti

La reciente decisión adoptada en la cumbre de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) de traspasar en diciembre de 2010 la presidencia del organismo a Bielorrusia supuso una sorpresa para los observadores.

Todos los medios de prensa de la oposición bielorrusa ya saboreaban las dificultades que se tendría que enfrentar el Presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko al tener que negociar con su colega ruso, Dmitri Medvedev, y la líder de Kirguizistán, Rosa Otunbáeva.

Sobre todo porque algunas de las recientes declaraciones de Lukashenko relacionadas con el presidente ruso rayan en el insulto; y Otunbaeva tiene motivos para estar molesta porque Lukashenko concedió asilo político al depuesto presidente de Kirguizistán, Kurmanbek Bakíev, y actualmente, las autoridades kirguisas exigen al Bielorrusia su extradición.

En la actualidad, la política es una actividad muy despiadada en donde no hay lugar para sentimentalismos. Tal vez por eso, en la cumbre de la OTSC en su encuentro con Lukashenko, Medvedev y Otunbáeva se ciñeron estrictamente al protocolo.

Porque cualquier salida de tono puede costar miles de millones de dólares. Nos guste o no nos guste, Lukashenko es hoy por hoy el Jefe de un Estado por el que pasan rutas comerciales de vital importancia. y en lo que respecta a las buenas maneras y la prudencia, hay que decir que nunca han sido parte de las virtudes entre los políticos del espacio postsoviético.

“Nuestro Presidente siempre dice lo que piensa. Por eso lo votamos”. Así comentó las declaraciones de Lukashenko, Alexei Vasilkov, colaborador del centro de prensa de la Presidencia Bielorrusa, en una reciente mesa redonda celebrada en RIA Novosti.

Pero, ¿qué es lo que piensa y qué es lo que quiere el Presidente de Bielorrusia? Y aquí Vasilkov, en esa misma mesa redonda, expuso sin rodeos las pretensiones bielorrusas: “No nos oponemos a la idea de un imperio; estamos a favor de esta idea imperial; y por eso, la cuenta la debe pagar Rusia”.

Una declaración de consumo externo, porque los medios de comunicación oficiales de Bielorrusia mantienen a la población bielorrusa en otra “dieta ideológica” en la que la palabra imperio tiene una connotación estrictamente negativa.

A lo largo de los últimos 13 ó 14 años, la prensa oficialista bielorrusa no cesa de emitir propaganda en defensa de la soberanía nacional a cualquier precio.

“En este tiempo ha crecido en Bielorrusia toda una generación para la cual la independencia es un valor irrenunciable. La posibilidad de una unión con Rusia se desaprovechó en los 90”, opina el líder de la oposición Vladimir Nekliaev, un poeta famoso ya durante la Unión Soviética y que la asamblea de los intelectuales bielorrusos promovió como candidato a las próximas elecciones presidenciales en Bielorrusia.

A más tardar, las elecciones presidenciales bielorrusas deben celebrarse en febrero de 2011 y el principal contrincante de Alexandr Lukashenko no es ningún candidato de la oposición, sino la pobreza que vive toda la población del país, y que se esconde detrás de la pulcritud de las ciudades bielorrusas, tan admirada por los turistas rusos.

Un parte del dinero se puede tomar a préstamo en la Unión Europea (UE). Pero la mayor parte Lukashenko está acostumbrado a obtenerla de Rusia, gracias a una particular mezcla de presión, insultos y apelaciones a la amistad y al pasado común de los dos pueblos.

La amistad entre los pueblos ruso y bielorruso no es una invención, o abstracción y utilizarla para obtener fondos es bastante indecoroso. Es esta idea es precisamente lo que parece estar detrás de las declaraciones del Kremlin cuando denuncia el doble juego de Lukashenko en lo relativo al reconocimiento por parte de Bielorrusia de Osetia del Sur y de Abjasia.

La secuencia informativa de medios de prensa rusos y bielorrusos permitieron establecer la siguiente cadena de acontecimientos: en presencia de los Jefes de Estado de los países de la OTSC Lukashenko prometió que reconocería la independencia de estas repúblicas, pero luego renunció hacerlo porque Rusia negó concederle determinadas preferencias comerciales.

En principio, Rusia no necesita que Bielorrusia reconozca a sus aliados en el Cáucaso. Y se crea la impresión de que las relaciones ruso-bielorrusas se han degradado a un plano puramente mercantilista. De hecho, los intelectuales hace mucho que están apartados por completo de la vertebración de la Unión Rusia-Bielorrusia.

Bielorrusia es en gran medida culpable de este desarrollo, ya que una buena parte de los intelectuales bielorrusos mantienen actitudes antirrusas.

Hoy en día, sin embargo, entre los intelectuales de Bielorrusia parece haber un cierto desencanto, porque la ruptura de los lazos con Rusia supuso un golpe principalmente para la intelectualidad bielorrusa, especialmente para los escritores.

Hace ya muchos años que Bielorrusia no produce un escritor u otro representante del mundo de la cultura de talla mundial.

Antes la promoción de los autores bielorrusos se hacía desde Rusia: gracias a las traducciones rusas, Vasil Bykov y Alexei Karpiuk se dieron a conocer en todo el mundo. Y ahora todo eso terminó y Vladimir Nekliaev, como representante de aquella intelectualidad soviética, lamenta que haya sucedido así.

“Aquellas estructuras de la Unión Rusia-Bielorrusia que ya existen merecería la pena conservarlas. En absoluto suponen una amenaza para la soberanía de Bielorrusia -comenta el poeta y prosista, de 64 años. -Lo que debe ser abandonado por completo es la idea de una absorción de Bielorrusia por parte de Rusia. No se perderá nada con ello: entre otras cosas porque esa opción sólo era utilizada con el fin de sacarle dinero a Rusia. Hoy en día Lukashenko se vale de la Unión Aduanera para lograr el mismo objetivo: conseguir ventajas comerciales de Rusia y de la UE. Todavía tiene dinero para compensar las pérdidas del tránsito de productos petrolíferos rusos, pero no para de decir que ha tenido que pedir prestado ese dinero. En otras palabras: Lukashenko se hace el pobre”.

Desde el punto de vista de la oposición bielorrusa, el llamamiento de Nekliaev para conservar la Unión Rusia-Bielorrusia ha sido interpretado como una declaración de amor a Rusia. Nekliaev ha sido así etiquetado ya como un político pro-ruso por el viejo líder del Frente Popular Bielorruso, Zenon Pozniak.

Es posible que esta nueva “mala fama” de Nekliaev sea lo que haya motivado los registros del KGB de Bielorrusia realizados en mayo de este año a todos los integrantes del movimiento social “Di la verdad” en el que participa Nekliaev.

De un modo todavía vago las autoridades bielorrusas comienzan a intuir que las posibles amenazas les vendrán en el futuro de los políticos pro-rusos. Los anti-rusos hace tiempo ya que dijeron su última palabra: y ésta ha sido ya reutilizada en su discurso por el propio Lukashenko.