El poder y la influencia de las agencias de calificación
Por: Vlad Grinkévich,
RIA Novosti

Últimamente, en los medios de comunicación se han puesto de moda las más variadas clasificaciones de países.

Se han convertido en un peculiar pasatiempo para un círculo cada vez más amplio de lectores. Quién es el hombre más rico del mundo, en qué país vive mayor cantidad de oligarcas o donde se ha experimentado un mayor crecimiento económico, es algo que interesa por igual al experto y al profano.

Las personas más ricas de Rusia. Infografía

Prácticamente cualquier organización que se precie, confecciona sus propias clasificaciones. Al margen de las conocidas agencias especializadas en la materia, hay muchas empresas, organizaciones sin ánimo de lucro, partidos políticos y medios de comunicación que llevan a cabo sus propios análisis y sondeos.

En los últimos días de la semana pasada, la revista Newsweek publicó la clasificación de los cien mejores países del mundo. En esta lista se toman en consideración los parámetros de desarrollo económico, la situación política, los niveles de educación y sanidad, además de los índices de calidad de vida en general en cada uno de los países. La clasificación está encabezada por Finlandia seguida por Suiza, Suecia, Austria y Luxemburgo. En los últimos lugares figuran Camerún, Nigeria y Burkina-Faso.

Rusia se encuentra en la mitad de la tabla de la clasificación general, en el lugar 51, mejor que Honduras y China, pero peor que Cuba o Panamá. En la categoría de Educación Rusia ocupa un brillante sexto lugar y supera no sólo a países como Italia, Grecia, Portugal y España, sino que incluso adelanta a Noruega, paradigma del desarrollo. Sin embargo, en el apartado de Salud pública naciones como Honduras, Argelia o Marruecos están por delante, lo cual no es para sentirse orgulloso. Según los datos de Newsweek, la Calidad de vida en Rusia es mejor que en Tailandia, Méjico o Arabia Saudí pero en Costa Rica, Azerbaiyán o Uruguay se vive mejor.

El poco envidiable 51º lugar en la clasificación general de alguna forma refleja la opinión de los ciudadanos rusos sobre su país. Según los datos de una encuesta llevada a cabo por RIA Novosti solamente una cuarta parte del doce mil encuestados elegirían vivir en Rusia si tuvieran otra opción mejor. A casi la mitad de los encuestados les gustaría mudarse a alguno de los países de la Europa desarrollada, el 4,4 % no estaría en contra de abandonar el continente europeo, mientras que un 15 % estaría dispuesto a dejar Rusia para marcharse a cualquier país del mundo.

No obstante, estas clasificaciones son bastante subjetivas, extremo que, en el fondo, es el que se persigue. La función de estos análisis no es la de dar un perfil 100% ajustado a la realidad, sino la de facilitar la toma de decisiones, cuando la información disponible sobre un país es muy escasa o es demasiada para poderla compilar y sistematizar fácilmente.

Newsweek elije el mejor país basándose en cinco parámetros, mientras que, por ejemplo, la organización The Fund for Peace, que determina cada año el índice de incompetencia de las naciones, tiene en cuenta hasta doce factores. En ambos casos, los apartados son agregados, es decir, cada uno de ellos se determina por varios factores a su vez.

En algunas ocasiones, los autores de estas clasificaciones se autoconceden el derecho de influir directamente en el resultado final de las mismas y hacen esto con más o menos estilo. A veces, se confeccionan tablas donde los diferentes participantes valoran de forma diversa los criterios exigidos. En ellas, los analistas acompañan los resultados de los análisis con comentarios sobre la eventual dispersión de datos.

La intromisión subjetiva en los resultados se puede hacer de una forma más sutil, es decir, determinando el valor y la prioridad de cada uno de los criterios. Cualquiera de los factores puede cambiar el resultado de una forma sustancial. Por ejemplo, si se quiere ubicar en las primeras posiciones de su sector a una empresa cuyo producto es caro, pero no de la mejor calidad, sólo hay que hacer hincapié en el parámetro precio como sinónimo de prestigio.

Sin embargo, es muy comprensible la importancia que han adquirido las clasificaciones realizadas por las grandes agencias especializadas y por la prensa de prestigio. Estar bien situado en estas listas no sólo da prestigio, sino que es rentable. La economía actual es tan sensible, que el estado de ánimo y la decisión final del inversor potencial, del socio de cualquier compañía o del consumidor de a pie puede depender de la presencia de una empresa o de un país en la lista de los mejores.

El caso de Grecia, que durante varios años estuvo falseando a la baja sus índices de deuda soberana y déficit público, demostró que se puede manipular los indicadores y confundir a los mejores especialistas durante mucho tiempo. Eso sí, cuando se descubrió el engaño y una nueva ola de crisis financiera golpeó Europa, como una de las principales causas del terremoto económico se mencionó la reducción fraudulenta y arbitraria de los parámetros económicos de Grecia, Portugal y España por parte de la agencia internacional Standard & Poor’s.

Los políticos y economistas europeos ya se están planteando la cuestión sobre la responsabilidad legal por las clasificaciones publicadas por agencias como Standard & Poor’s o Moody’s & Fitch. Sus pronósticos provocan caídas en los mercados financieros, desestabilizan monedas soberanas e influyen en el destino de naciones. Esto es una cuestión muy seria y que ya se escapa de las manos. Hay que tomar medidas.