Cumbre de presidentes en Sochi marca nuevo rumbo en política internacional
Por: Dmitri Kósirev,
RIA Novosti

La semana pasada se conocieron los detalles de la cumbre celebrada por los presidentes de Rusia, Afganistán, Pakistán y Tayikistán en la ciudad rusa de Sochi, a orillas del mar Negro.

En general, parece que fue como el resto de las cumbres: reunión entre los presidentes, discusión de asuntos de mayor interés, homologación de las posturas y aprobación de la declaración conjunta…

Los temas sometidos a discusión en la cumbre de Sochi comprendían la búsqueda de soluciones a la situación en Afganistán, y la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico.

Dichos asuntos son bastante delicados y, finalizada la reunión, se supo que el Presidente de Tayikistán, Emomali Rajmón, propuso firmar un documento multilateral para reforzar la lucha contra el terrorismo.

Por su parte, el Presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, expresó la necesidad de que los cuatro países restablezcan proyectos de cooperación económica iniciados en la época soviética, sobre todo en las esferas de la energía y desarrollo social.

El presidente de Afganistán no dudó en ofrecer el territorio de su país a los refugiados paquistaníes afectados por las inundaciones. El presidente afgano no extendió esa invitación a los damnificados rusos tras los recientes incendios forestales, pero sí expresó sus condolencias al colega ruso.

Finalmente, el presidente de Pakistán, Alí Zardari, invitó a su homólogo ruso, Dmitri Medvédev, a corresponderle con una visita a su país.

Los resultados reales de semejantes reuniones suelen revelarse más tarde. Por que es necesario precisar, por ejemplo, qué aspectos concretos se plasmarán en las declaraciones referentes al terrorismo o en qué fase se encuentra la realización del proyecto CASA 1000 (con un costo de 500.000 millones de dólares) que fue tema de la anterior reunión de los líderes de los cuatro países.

Ese proyecto prevé que Rusia invertirá en la construcción de centrales eléctricas en el territorio de Tayikistán, para a través de Afganistán, exportar energía eléctrica a Pakistán.

Otro asunto de interés fue establecer la postura de los cuatro con respecto al suministro por parte de Rusia de 100 helicópteros de transporte a Afganistán, como también, la iniciativa de Rusia de incorporar a la Organización de Cooperación Shanghai (OCS) o la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva (OTSC) en el mantenimiento de la estabilidad en la región. Todos estos temas, sin lugar a dudas, acapararon la atención de los presidentes.

No obstante, quizá es más interesante analizar este encuentro a la luz de la nueva política exterior de Rusia aplicada en esta región tan complicada. Es una política radicalmente nueva que corresponde a los cambios que se han producido a nivel regional y mundial.

Es evidente que semejantes reuniones, eran impensables en la época de la Guerra Fría. En aquel período, Estados Unidos -con la ayuda de Pakistán- estaban enfrentados a la Unión Soviética en el territorio de Afganistán, apoyando a los actuales talibanes y a la organización terrorista Al-Qaeda. Y Tayikistán, mientras tanto, estaba en el otro bando.

Durante el régimen de los talibanes (que llegaron al poder hasta cierto punto gracias a los esfuerzos de EEUU, países occidentales y de Pakistán), la situación era muy parecida a una pesadilla. En cierto momento, los medios de información rusos, publicaron conversaciones de los integristas afganos en las que hacían planes para ganarse partidarios en las aldeas y acumular armas… Estaban hablando, entre otras zonas, de Tayikistán y Uzbekistán.

En el siguiente período tampoco pudo celebrarse una reunión como la reciente de Sochi porque después de 2001, tras el atentado terrorista del 11 de septiembre en Nueva York, EEUU empezó la guerra en Afganistán.

En aquellos años, en la frontera entre Afganistán y los países del Asia Central, pareció existir una especie de telón de acero, fruto de la Guerra Fría que la sobrevivió muchos años.

Moscú, por razones más que evidentes, apoyó a EEUU en su campaña militar, pero no tenía ningún tipo de acceso a Afganistán. En semejantes condiciones no tenía sentido pensar en proyectos conjuntos o licitaciones públicas de ninguna clase.

Hoy en día resulta evidente los objetivos de los neoconservadores estadounidenses liderados por George W.Bush Jr: liberar a Afganistán y Pakistán de la amenaza extremista y establecerse en las fronteras meridionales del Asia Central (y las occidentales de China), mecanismos de interacción política que les permitiera influir en los gobiernos de la región e incluso cambiarlos en caso de necesidad.

Ese objetivo se consiguió en Kirguizistán, Uzbekistán y, parcialmente, de Kazajstán. El siguiente objetivo era desplazar a Rusia y a China, e impedir que las organizaciones OTSC y OCS tuvieran peso para la solución de los problemas regionales.

Pero Rusia decidió poner fin a esa temporada de pasividad en Asia Central y empezó a fortalecer sus relaciones con las ex-Repúblicas soviéticas de la región y con China.

En realidad, gracias a la política aplicada por George Bush, estos dos países llegaron a tener muchos intereses comunes. Como consecuencia, la OCS se convirtió en una estructura regional muy fuerte e influyente.

Posteriormente se hizo evidente que los planes de Bush habían sido demasiado ambiciosos: le faltaron recursos para conseguir los objetivos planeados y las relaciones con los Gobiernos de la zona acabaron empeorando.

W. Bush fracasó tanto en Irak como en Afganistán y estropeó las relaciones con Irán. La única opción que le quedó a su sucesor, Barack Obama, fue cambiar de rumbo político, optando por retirar las tropas estadounidenses de Afganistán, cosa que deberá suceder el año que viene, a pesar del escepticismo de algunos expertos, y sobre todo, de los militares.

El problema consiste en ningún país de la región, incluida Rusia, tiene una política nueva aplicable a la zona porque apenas se está perfilando. Pero sí está claro que Moscú no va a esperar a que EEUU formule la suya, sino que emprenderá pasos concretos: establecer las prioridades de su diplomacia al Sur de las antiguas fronteras de la URSS.

Y entonces, por iniciativa de Tayikistán, primero en Dushambé, el año pasado, y luego en Sochi se decidió celebrar las cumbres de presidentes de los cuatro países.

Sólo son rasgos muy generales, pero también bastante precisos para la nueva doctrina política de Rusia en una región tan importante, como es Asia Central.

Moscú no aspira a luchar contra Estados Unidos o Europa por la hegemonía en la región, sino a cooperar de manera fructífera con sus antiguos rivales de la posguerra fría, y el encuentro de Sochi no es más que un paso en esta dirección.