América Latina, crecimiento asimétrico
Por: Hedelberto López Blanch

Rebelión

Las informaciones económicas ofrecidas recientemente por organismos internacionales acerca del comportamiento económico de América Latina resultan bastante incongruentes.  El Fondo Monetario Internacional (FMI) pronosticó que en 2010 la región crecerá un 4,8 %. Este organismo, que se ha caracterizado por sus agresivas directrices financieras contra los países del área, apuesta siempre por el incremento del PIB en detrimento de políticas sociales justas.

En el informe del FMI se destaca con gran revuelo el posible crecimiento de México que llegaría al 4,5 % después de la fuerte recesión del pasado año. Significativamente no refleja el aumento en espiral de los pobres en esa nación.

La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) prevé una progresión aún mayor para la región y la sitúa en 5,2%, encabezada por Brasil, México y Perú al que adjudica la cifra de 8%.

Para la CEPAL, ha sido fundamental el precio de las materias primas impulsado por las demandas de China e India, que las necesitan en función de sus desarrollos económicos. Entre los factores favorables también señala el repunte de las inversiones y del consumo.

El informe del organismo regional destaca efusivamente que “el auge de América Latina le permitió evadir la crisis europea (y la estadounidense) y crear seis millones de empleos a inicios de 2010”.

Como simple recordatorio se debe analizar que la región la componen 35 países y si Brasil y Argentina, por sólo citar dos casos, crearon en el período alrededor de 4 millones de empleos, para el resto las sumas son risibles en comparación con una población total estimada en 530 millones de personas, en su mayoría jóvenes que no encuentran trabajo.

Los niveles de pobreza afectan a 230 millones de personas, es decir, el 45,2% de toda la región. De éstas, unos 105 millones (19,8% de la población) se hallan en situación de pobreza extrema o indigencia, pues sobreviven con menos de un dólar al día.

Mientras el FMI y la CEPAL ofrecen datos halagüeños, el director del Banco Mundial, Robert Zoellick, dijo esta semana en un encuentro sostenido en Ciudad de México, que la crisis económica de 2008 había empujado a la pobreza a 60 millones de personas en todo el mundo. De ellas, 10 millones se encuentran en América Latina.

Además, el alto funcionario estadounidense del BM, señalado como uno de los defensores a ultranza de las políticas neoliberales, reconoció en su análisis que “la recuperación económica mundial es frágil e incierta”.

Como reafirmación de las palabras de Zoellick, el secretario de Hacienda de México, Ernesto Cordero, enfatizó que la crisis de 1995 había dejado en el país 15 millones de pobres y que la actual incorporaba a casi otros 6 millones de mexicanos.

Resulta muy engorroso obtener una cifra más o menos exacta de las personas que en Latinoamérica han entrado en esa categoría, y por tanto no se conoce a ciencia cierta si son 10 ó 20 millones los que han ido a engrosar esas filas.

La propia CEPAL comprende la difícil situación existente y en otro informe realizado en coordinación con el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) señaló que hay 80 millones de niños en situación de pobreza y 17 millones de ellos en condiciones de pobreza extrema.

Si tomamos como ejemplo Perú, al que tanto la CEPAL como el FMI asignan un destacado papel en América Latina con un 8% de crecimiento del PIB para este año, un informe de Oxfam (ONG británica), advierte de que los índices de pobreza y pobreza extrema se encuentran invariables en las zonas rurales del país, e incluso aumentaron de 59,8% en 2008 a 60,3% en 2009.

El representante de Oxfam en Perú, Frank Boren, explicó que el crecimiento económico tan publicitado por el gobierno, favorece principalmente a las zonas urbanas y los indicadores oficiales del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) no toman en cuenta otras dimensiones de pobreza como la falta de acceso a los servicios básicos. Asimismo, un documento emitido por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), puntualiza que América Latina y el Caribe “conforman la región más desigual del mundo” y no sólo es alta, sino también muy persistente.

El coordinador del Informe, Luís Felipe López, señaló que 10 de los 15 países más desiguales del mundo “pertenecen a esta región” y se necesitan “planes contra la pobreza y políticas específicas contra la desigualdad”.

López significó que el acceso a la educación y a la salud pública podrían reducir esos índices.

Resulta incongruente que el PIB sólo mida producciones materiales o de servicios sin compensar el bienestar social.

El premio Nobel de economía Joseph Stiglitz, en una de sus conferencias recalcó que el PIB no es un buen instrumento de medida pues no calcula adecuadamente el bienestar en los diferentes países y las personas.

Desde la fundación en 2005 los integrantes la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) han priorizado la atención esmerada a sus poblaciones en todos los servicios, incluidos la educación, la salud y la alimentación cuestiones que han incidido en la disminución de los índices de pobreza y desigualdades en sus territorios.

Otros gobiernos de la región como Brasil, Argentina, Costa Rica y Uruguay también han realizado esfuerzos en esa misma línea que les han dado buenos resultados.

Por tanto, además del crecimiento económico resulta imperioso tener políticas sociales que ayuden a las grandes mayorías latinoamericanas a salir del estado de pobreza y miseria que persiste en muchos de sus países.