El vecino artero
Por: Marciano

EL PROBLEMA ES BIEN COMPLICADO: El vecino colombiano es el más incómodo, el más impredecible, el más mañoso que pueda tener cualquier país. Este escribidor lo dice, -¡y que conste!- no por el pueblo colombiano. Por ese pueblo sacrificado en el altar de la violencia política que genera una clase dirigente insensible, educada en el desprecio.

Que padece estoicamente los efectos de la segregación social y de la explotación. El pueblo de las veredas profundas y tortuosas, abandonado a su suerte, víctima de una Fuerza Armada genocida -la de los falsos positivos, eufemismo utilizado por el alto mando castrense para disfrazar incontables masacres-; de los paramilitares organizados por los latifundistas para preservar sus privilegios, y de los narcotraficantes convertidos en institución en un territorio convertido en el primer productor de cocaína en el mundo. El pueblo de Gaitán y de Galán, y de tantos otros luchadores por la dignidad, asesinados con el calculado propósito de impedir que cuajaran sus ideas de redención.

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OBVIAMENTE QUE ESTE ESCRIBIDOR no se refiere a ese pueblo bueno, laborioso, que ha tenido que abandonar la patria para buscar seguridad y trabajo en Venezuela, donde actualmente habitan más de cinco millones de personas humildes procedentes del otro lado de la frontera. Me refiero a la clase que se entronizó en el poder, que domina su economía, que controla todas las instituciones y engaña a la sociedad con un falso ejercicio democrático. Es ese el vecino indeseable que tiene Venezuela. Vecino artero. Vecino que no pierde oportunidad para agredirnos. Siempre con la daga en la manga y empleando los más insólitos recursos para lograr sus objetivos, que no son otros que mantenernos en constante zozobra, en sembrar nuestro territorio de paramilitares, espías del DAS, capos para volcar sobre nuestro suelo la droga que produce, el delito que produce, y las más miserables campañas mediáticas.

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LO QUE PLANTEA ESTE ESCRIBIDOR no es desahogo personal ni descalificación arbitraria del vecino. Es algo que proviene de la observación del comportamiento de la clase política y empresarial colombiana. Ratificada con la denuncia de Uribe y su Ministro de Defensa sobre la presencia en nuestro territorio de jefes de las FARC. Ni al Presidente ni al Ministro se les ocurrió que, existiendo relaciones diplomáticas, lo lógico era formular el planteamiento -si había algo de cierto en él y con las pruebas en la mano- al Embajador de Venezuela o hacerlo a través de Cancillería. Y no procedieron de tal manera porque lo que interesa tanto a Uribe como a su gobierno es el escándalo. Ratificar su línea de provocación, congraciarse con su patrono del Norte; pero, por sobre todo, disparar directamente contra la posibilidad insinuada por el presidente electo Juan Manuel Santos y su cancillera Holguín, de recomponer la relación con Ecuador y Venezuela. En especial con Venezuela, prioridad para el nuevo mandatario, que además constituye un clamor de diversos sectores de la vida colombiana, como por ejemplo los empresarios y comerciantes, primeras víctimas de la política de Uribe.

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COMO SE PUEDE VER, el vecino artero no quiere relaciones normales con Venezuela, sino joder al Gobierno bolivariano y, de paso, hacerle la vida imposible al nuevo Presidente por tratar de darle un viraje inteligente a la política exterior, así éste represente al mismo combo.-