Los planes de China, si participa en el desarrollo del Extremo Oriente de Rusia
Por: Vlad Grinkévich,
RIA Novosti

En las últimas semanas, los círculos políticos y la prensa en Moscú han fijado su atención en las provincias del Extremo Oriente de Rusia, en particular, los problemas urgentes que afectan a sus provincias, sus economías escasamente desarrolladas, el bajo nivel de vida y en consecuencia, la drástica y paulatina disminución de su población.

Sin embargo, la vecina China, densamente poblada y con suficientes recursos económicos no oculta su interés por Extremo Oriente y la Siberia de Rusia. Y las autoridades rusas consideran que ese interés puede ser el empujón que permitirá el desarrollo de esas zonas extensas y apartadas.

Por lo visto, China está dispuesta a invertir en la explotación de los recursos naturales, la construcción de carreteras y vivienda. El interrogante que se plantea es, ¿y quién se beneficiará de todo esto?

El gobierno federal en Moscú reiteradamente enfatiza que el Extremo Oriente es parte inalienable de Rusia, en contraposición a la postura de los políticos y funcionarios locales con una clara tendencia hacia el regionalismo.

A principios de mes, durante una reunión en la ciudad de Jabarovsk, fronteriza con China, el presidente ruso, Dmitri Medvédev, amonestó al gobernador del Territorio de Primorie Serguei Darkin, porque en sus discursos hablaba del Extremo Oriente como una zona que no forma parte de Rusia.

Entre otras cosas, una postura que comparte una buena parte de los habitantes de estas regiones que consideran que para Moscú, la situación del Extremo Oriente ruso es un asunto de último plano, porque en los últimos cien años, en esa zona de Rusia prácticamente no ha ocurrido ningún cambio.

En realidad, la situación en la región es muy grave, y esto es un hecho que incluso Medvédev en Jabarovsk, oficialmente reconoció. La mayoría de las provincias del Extremo Oriente no son solventes y vive exclusivamente de las dotaciones estatales. A raíz de la crisis económica global la producción industrial disminuyó, y uno de cada cinco habitantes tiene ingresos inferiores al mínimo vital de subsistencia. La situación demográfica es otro de los problemas más agudos, ya que en los últimos 20 años, la población se redujo un 25%.

Como si esto fuera poco, el Estado no dispone de los recursos suficientes para mejorar la situación en esta parte del país. Existen proyectos de fomento social, para incentivar la construcción de vivienda, mejorar servicio médico, etc. Para el efecto, el gobierno aprobó programas federales que destinaron 367 mil millones de rublos (unos 9.365 millones de euros) para el desarrollo de la región entre 2010 y 2013.

Pero el ministro ruso de Desarrollo Regional, Víctor Basarguin, reconoció recientemente que actualmente la realización de proyectos clave para el desarrollo del Extremo Oriente «están afectados por restricciones presupuestarias». Es decir, como siempre, al estado le faltan recursos, y por esa razón, las obras para la construcción de al menos 35 instalaciones de diverso tipo quedaron paralizadas.

Ante esta situación, es imposible hacer la vista gorda ante China y su economía creciente. No sólo China sino la mayoría de países del Asia-Pacífico muestran indicadores económicos positivos. El ritmo promedio del crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) de esta zona durante la crisis económica mundial superó un 3,5%. Los expertos esperan que este año el crecimiento del PIB de los países del sudeste asiático alcance un 7%, y un 9,5% en China, la economía más grande en comparación con el resto de los países de la zona Asia-Pacífico.

Los funcionarios rusos estiman que el enorme potencial inversionista y tecnológico de Asia-Pacífico puede utilizarse para desarrollar los territorios del Lejano Oriente ruso. Y los vecinos orientales parecen estar interesados.

Durante un puente televisivo celebrado en RIA Novosti sobre el tema «Inversiones chinas en el Extremo Oriente ruso, inversiones rusas en China. En busca del equilibrio», la vicepresidente de la Asociación Científica china de Estudios de la Economía Rusa, anunció que el pasado otoño Pekín adoptó un programa de cooperación bilateral con Moscú hasta 2018, que prevé la realización de 205 proyectos conjuntos, incluida la explotación conjunta de yacimientos rusos de carbón, metales ferrosos y no ferrosos, además de otros minerales para su procesamiento posterior en el territorio de China.

China nunca ha ocultado su interés por tener acceso a los recursos naturales y materias primas de Siberia y Lejano Oriente y además, aprovechar ese acceso para trasladar parte de su población al territorio ruso.

Pero ¿cómo estas medidas contribuirán a solucionar problemas de Rusia? Es decir, ¿cómo el aumento de suministros de materias primas contribuirá al desarrollo de la economía innovadora rusa? ¿Cómo la inmigración proveniente de China frenará la reducción de la población autóctona en el Lejano Oriente? ¿Qué objetivos persiguen las empresas chinas al invertir en la modernización de la economía rusa?

La experiencia histórica demuestra que el capital extranjero se inyecta en otros países con el fin de obtener beneficios y nunca para desarrollar una economía ajena, que en perspectiva, puede ayudar a la aparición de otro competidor potencial.

Rusia vivió esa misma situación a finales del siglo XIX, en la época de la industrialización, cuando el ministro de Hacienda ruso entre 1892 y 1903 Serguei Witte, promovió la entrada de capitales extranjeros a la economía rusa.

Entonces, las empresas extranjeras invirtieron en la construcción en Rusia de fábricas, vías férreas, desarrollo de la infraestructura. Posteriormente, salió a la luz pública de que todas las redes de transporte creadas en el país por Francia e Inglaterra se dedicaron en su mayor parte a la exportación a Occidente de cereales y los recursos naturales rusos y que esas inversiones fueron absolutamente inútiles para el desarrollo de la economía nacional con abundantes materias primas.

Hoy en día, China podría participar en la construcción de carreteras y vías férreas en el Lejano Oriente, e incluso en la construcción de fábricas en Rusia con la única condición de que los ciudadanos chinos trabajen en esas plantas.

Es muy difícil utilizar el capital extranjero por el bien del pueblo del país en el que se invierte. Esto requiere voluntad política. China muestra esta voluntad. El gobierno del Imperio Celeste se ha aprovechado de los planes de países occidentales de crear un inmenso mercado chino con el fin de trasladar allí sus fábricas y al fin y al cabo hicieron a los extranjeros bailar la música interpretada por lo chinos. Es decir, crear en China empresas industriales conjuntas de operación completa en base al principio de paridad, permitir a los bancos chinos controlar los flujos financieros junto con los organismos occidentales, etc.

Mención aparte merece el hecho que, a pesar de múltiples protestas y advertencias provenientes de las organizaciones económicas internacionales y las autoridades extranjeras, el gobierno chino hace la vista gorda ante la reproducción ilegal por las empresas nacionales de todos los tipos de productos occidentales, incluidos modelos de automóviles, electrodomésticos, etc.

Cabe mencionar que Rusia también tuvo experiencia en la implantación de tecnologías extranjeras. A principios de la década de 1930, cuando el Occidente fue afectado por la Gran Depresión y la crisis de sobreproducción, el gobierno soviético logró comprar nuevas tecnologías y equipos en el extranjero.

«¡Los rusos no compran nuestros productos sino nuestros conocimientos!» – exclamaba uno de los coautores de la industrialización soviética, un industrial estadounidense Henry Ford.

Parece que el principal problema de la cooperación ruso-china consiste en que Moscú, a diferencia de Pekín, no puede formular con claridad qué quiere obtener de su socio y qué sentido tiene la concepción desarrollo de territorios. Al observar a los chinos trabajar en las obras de construcción, los habitantes de varias regiones del Lejano Oriente tristemente bromean: ¡Buen trabajo! Es evidente que construyen para sí.

¿Existe una alternativa al aumento de la presencia china en esa región? ¿Por qué es necesario empezar a explotar las inmensas riquezas de Siberia y del Lejano Oriente precisamente ahora? ¿Quizás sea más oportuno conservarlas para las generaciones futuras?

EEUU, por ejemplo, prefiere importar una gran parte de materias primas para dejar las riquezas nacionales a sus descendientes.

Si el gobierno ruso prevé cambiar del modelo de economía dominada por los sectores de la extracción de recursos energéticos por una economía de innovación, la industria rusa seguramente necesitará las riquezas de Siberia y del Lejano Oriente dentro de varios años.

Si Moscú prefiere aumentar los suministros de materias primas, en este caso, Pekín sería el mejor socio. La creciente industria china necesita recursos energéticos, hierro, carbón, etc. Los territorios rusos escasamente poblados también representan un gran interés para el Imperio Celeste.