Las armas nucleares de Israel surgen de entre las sombras
Por: Jonathan Cook
CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Israel se enfrenta a presiones sin precedentes para que abandone su política oficial de “ambigüedad” respecto a su posesión de armas nucleares, al mismo tiempo que la comunidad internacional se reúne esta semana en las Naciones Unidas, Nueva York, para considerar la erradicación de tales arsenales de Oriente Medio.
Diversos informes publicados el lunes echaron por tierra la equívoca posición de Israel respecto a su estatus atómico cuando se supo que en 1975 se ofreció a vender misiles Jericó dotados de armamento nuclear al régimen del apartheid sudafricano.

Las revelaciones son profundamente embarazosas para Israel dada su oposición, que viene de antiguo, a firmar el Tratado de No Proliferación Nuclear, argumentando que es una “potencia responsable” que nunca haría un mal uso de las tecnologías de armamento nuclear en caso de adquirirlas.

Los informes sobre las relaciones nucleares de Israel con el apartheid sudafricano van a servir para impulsar también una propuesta de Egipto en la conferencia organizada por las Naciones Unidas para revisar la no proliferación, por la que a Israel —como única potencia nuclear en la región— se le va a exigir que firme el Tratado.

Las autoridades israelíes han dicho ya sentirse incomodadas por la decisión de Washington de primeros de mes de acordar una declaración con otros miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en la que se hace un llamamiento para el establecimiento de un Oriente Medio libre de armas nucleares.

Esta política va fundamentalmente dirigida contra Irán, del que EEUU e Israel piensan que está desarrollando en secreto una bomba nuclear, pero en la que también podría quedar atrapado Israel. EEUU ha venido apoyando la política de ambigüedad de Israel desde los últimos años de la década de los sesenta.

En una reunión del órgano de las Naciones Unidas para el control nuclear, la Agencia Internacional de la Energía Atómica, que tendrá lugar el mes próximo en Viena, se va a someter también a debate el programa nuclear de Israel.

Se ha informado que la administración del presidente estadounidense Barack Obama mantuvo discusiones a alto nivel con Israel el pasado fin de semana para persuadirle de que acepte la propuesta de una conferencia en 2012 que proscriba las armas de destrucción masiva de Oriente Medio.

Como las presiones sobre Israel aumentan, los analistas locales han estado debatiendo los beneficios de mantener la política de ambigüedad, advirtiendo que si ese principio se alterara podría llevar inexorablemente a que Israel se viera forzado a desmantelar su arsenal.

Haciéndose eco del consenso existente en la seguridad israelí, Yossi Melman, un periodista de la inteligencia militar del periódico Haaretz, advirtió también que declarar el estatus nuclear israelí “nos pondrá en manos de Irán” al centrar la atención en Tel Aviv en vez de en Teherán.

Israel se negó a firmar el Tratado de No Proliferación Nuclear de 1970, tras haber desarrollado, varios años antes, su primera ojiva nuclear con la ayuda de Gran Bretaña y Francia.

Tom Segev, historiador israelí, informó que Israel consideró durante breve tiempo, en 1967, la posibilidad de mostrar su capacidad nuclear cuando Shimon Peres, el actual presidente de Israel, propuso llevar a cabo abiertamente una prueba nuclear que impidiera la inminente guerra de los Seis Días. Sin embargo, Levi Eshkol, el primer ministro de la época, rechazó esa propuesta.

El Sr. Peres, que fue quién planeó y organizó el programa nuclear, formuló después también la política de ambigüedad, por la cual Israel tan sólo declara que “no será el primero en introducir armas nucleares en el Oriente Medio”.

El gobierno estadounidense de Richard Nixon fue el que aceptó, en 1969, esta postura —y la promesa de no llevar a cabo pruebas nucleares—.

Según los analistas, el acuerdo entre Israel y EEUU se impulsó en parte por la preocupación de que Washington no pudiera dar ayuda exterior a Israel —ayuda que hoy alcanza un valor de miles de millones de dólares— si Israel se declaraba estado nuclear pero se negaba a aceptar la supervisión internacional.

Sin embargo, según han pasado los años las revelaciones que han ido apareciendo hacen cada vez más difícil que la comunidad internacional ignore el arsenal de Israel.

Mordechai Vanunu, técnico en la planta de energía nuclear Dimona en el Néguev, proporcionó en 1986 pruebas fotográficas y descripciones detalladas del programa de armamento del país. Se estima en la actualidad que el arsenal israelí cuenta con más de 200 ojivas nucleares.

En 2006, el entonces primer ministro Ehud Olmert se fue de la lengua respecto al estatus nuclear de Israel durante una entrevista en la televisión alemana, cuando ofreció una relación de países con armamento nuclear: “EEUU, Francia, Israel y Rusia”.

Pero fue el periódico británico Guardian el que ofreció esta semana una confirmación más lesiva para Israel, al publicar una serie de documentos desclasificados que se recogen en un libro reciente, The Unspoken Alliance”, de Sasha Polakov-Suransky, un historiador estadounidense, sobre las relaciones entre Israel y el régimen del apartheid sudafricano.

Los documentos, muy secretos, revelan que en 1975 el Sr. Peres, entonces ministro de Defensa de Israel, se reunió con su homólogo sudafricano, P. W. Botha, para discutir la venta a su régimen de misiles dotados de armamento nuclear. El acuerdo fracasó parcialmente porque Sudáfrica no podía permitirse las armas. Más tarde Pretoria desarrolló su propia bomba, y casi podría asegurarse que fue con ayuda de Israel.

Israel, dijo el Sr. Polakow-Suransky, luchó bastante para impedir que se desclasificaran esos documentos.

A pesar de la publicación del Guardian del acuerdo fotografiado que lleva la fecha y las firmas tanto del Sr. Peres como del Sr. Botha, la oficina del Sr. Peres emitió un comunicado el lunes negando la veracidad de la información.

Se considera que el cada vez más claro estatus nuclear de Israel es un obstáculo para los esfuerzos estadounidenses tanto de imponer sanciones contra Irán como de reducir una potencial y más amplia carrera de armas nucleares en el Oriente Medio.

Este mes, los sorprendidos funcionarios estadounidenses en Tel Aviv no consiguieron sacar el programa nuclear israelí de la agencia de la AIEA de la próxima reunión, el 7 de junio. La cuestión se ha discutido sólo en dos ocasiones con anterioridad, en 1988 y en 1991.

Consciente de las crecientes presiones para que Israel se responsabilice de los hechos, Benjamín Netanyahu, el primer ministro israelí, rechazó una invitación para asistir a una conferencia sobre seguridad nuclear que se celebró en Washington el mes pasado, en la que los participantes habían amenazado con preguntarle a Israel sobre su armamento.

En la reunión, el presidente estadounidense Barack Obama hizo un llamamiento a todos los países, incluido Israel, para que firmaran el Tratado de No Proliferación.

En la conferencia de revisión de las Naciones Unidas que se celebrará la próxima semana, se está estudiando un proyecto de declaración que de nuevo le exige a Israel, y a los otros dos Estados de los que se sabe que tienen armas nucleares, India y Pakistán, que firmen el tratado.

Egipto ha propuesto que los 189 estados que han firmado ya el tratado, incluido EEUU, prometan que no enviarán equipamiento, información, material o ayuda profesional nucleares a Israel hasta que no lo firme.

Reuven Pedatzur, un analista israelí de temas de defensa, advirtió recientemente en Haaretz que existía el riesgo de que EEUU asumiera la propuesta egipcia, o de que pudiera utilizarse como instrumento para obligar a un recalcitrante Israel a que aceptara mayores limitaciones sobre su arsenal. Sugirió terminar con lo que denominó la “ridícula ficción” de la política de ambigüedad.

Sin embargo, Emily Landau, una experta en control de armas de la Universidad de Tel Aviv, dijo que quienes creían que Israel debería ser más transparente estaban “equivocados”. Acabar con la ambigüedad, dijo, llevaría finalmente a que a Israel se le exigiera un “desarme total y completo”.

La conferencia para la revisión del Tratado de No Proliferación de hace cinco años fracasó cuando EEUU rechazó las peticiones de desarme y se negó a presionar a Israel respecto a su programa nuclear.

Jonathan Cook es escritor y periodista. Vive en Nazaret, Israel. Sus libros más recientes son: Israel and the Clash of Civilizations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East (Pluto Press) y Disappearing Palestine: Israel’s Experiments in Human Despair (Zed Books). Su página en Internet es: http://www.jkcook.net

Fuente:

http://counterpunch.org/cook05262010.html

rJV