La escalada de tensión ahoga el sueño de la reconciliación coreana
Por: Cecilia Heesook Paek

Gara

La misma frontera que, en la segunda e histórica cumbre intercoreana de 2007, el entonces presidente surcoreano, Roh Moo-hyun -ya fallecido-, cruzó a pie como símbolo de una futura reconciliación de dos pueblos y que ahora parece muy remota. Lo cierto es que, desde que la guerra de Corea (1950-1953) separó la península en un Sur capitalista y un Norte comunista, las dos Coreas suman seis décadas de incidentes, de los que la explosión el pasado 26 de marzo de la corbata surcoreana Cheonan, en la que murieron 46 marinos, es el más grave en los últimos 23 años.

Sin embargo, fue en 1987 cuando se produjo la mayor crisis, al acusar Seúl a los servicios secretos norcoreanos de la explosión que mató 115 pasajeros de un avión surcoreano que sobrevolaba el mar.

El origen de la actual escalada de tensión en la península, de momento dialéctica aunque alarmante, se encuentra en el fin de la política de mano tendida del Sur que supuso la llegada a la Presidencia del derechista Lee Myung-bak, en febrero de 2008.

El profesor Paek Hak-soon del Instituto Sejong, especializado en las relaciones intercoreanas, aseguró a Efe que las tensiones «son ya estructurales» y perdurarán durante el mandato de Lee, a menos que haya un cambio en su política de línea dura hacia Pyongyang.

Lee ha retomado la denominación de Corea del Norte como «principal enemigo», acuñada en 1994 cuando Pyongyang amenazó con convertir a Seúl en un «mar de fuego» después de que Corea del Sur y EEUU reanudaran sus maniobras militares conjuntas en 1993.

Antecesores progresistas

Sin embargo, sus antecesores en el Gobierno, de tendencia progresista, abogaron por la reconciliación con Corea del Norte y dieron pasos en ese sentido, salpicados por algunos enfrentamientos e incidentes.

La mejora de relaciones en la península llegó en 1998, cuando el progresista Kim Dae-jung asumió la Presidencia surcoreana con su «política del sol» hacia Corea del Norte.

En 2000, Kim Dae-jung celebró en Pyongyang con Kim Jong-il la primera cumbre intercoreana, en la que ambos se comprometieron a buscar la reconciliación, rebajar la tensión militar en la península y cooperar económicamente.

Y, aunque en 1999 y 2002 se produjeron enfrentamientos armados entre navíos de los dos países en su difusa línea fronteriza del Mar Amarillo, Corea del Sur prosiguió con su política de deshielo que simboliza el complejo industrial conjunto de Kaesong, ubicado en Corea del Norte y ocupado por empresas surcoreanas. Este parque industrial se inauguró en 2005 bajo el mandato de Roh Moo-hyun, quien prosiguió con la política de acercamiento impulsada por su antecesor, buscándolo sobre todo mediante la cooperación económica.

Pruebas atómicas

No todo fue deshielo durante esos años. Corea del Norte anunció en 2003 que poseía armas nucleares con fines militares y tres años más tarde efectuó su primera prueba atómica subterránea, que le valió sanciones de la ONU.

Ello no impidió que el presidente Roh viajase a Pyongyang en octubre de 2007 para una segunda cumbre con Kim Jong-il, que concluyó con un llamamiento conjunto a favor de la «paz permanente», ya que ambas Coreas están técnicamente en guerra por no haber firmado nunca un tratado de paz.

Pyongyang llevó a cabo su segundo ensayo nuclear en mayo de 2009, momento en que ambas Coreas ya estaban enfangadas en una creciente tensión, cuyo último episodio ha sido el hundimiento del Cheonan.

FRONTERA
Corea del Norte ha advertido de que cerrará su frontera, incluido el acceso al complejo transfronterizo de Kaesong, si Seúl retoma la difusión de propaganda a través de altavoces y por la radio contra Pyongyang.

Clinton eleva el tono y China apela a la prudencia
A su llegada a Seúl, la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, instó a Cora del Norte «a cesar en sus provocaciones y en su política de amenazas y de conflictos con sus vecinos». Clinton añadió que el naufragio de la corbeta «merece una respuesta firme pero mesurada» y saludó el «discurso firme» del presidente Lee.

Aseguró finalmente que EEUU estudiaría «otras alternativas frente a Corea del Norte y sus dirigentes» aunque no dio más precisiones. Clinton llegó a Corea del Sur procedente de China, donde ha intentado arrastrar a Pekín a sus posiciones. El Gobierno chino se ha limitado a mostrarse a favor «de trabajar con EEUU y otras partes y a continuar en estrecho contacto sobre la situación en la península coreana».

Una fórmula que le permite sortear las presiones sin comprometerse. Todo apunta a que Beijing mantendrá su posición de no elegir entre las dos Coreas. Lo que no le enfrenta a un dilema de difícil solución. De un lado, no le interesa la desestabilización de Corea del Norte, que en su caso, le podría suponer el flujo de refugiados. Pero tampoco le interesa que se cree una nueva dinámica en la que EEUU, Japón y Corea del Sur profundizaran en su cooperación contra Pyongyang, lo que se podría traducir en el refuerzo de la presencia militar estadounidense cerca de la frontera china.

No hay que olvidar que tanto Washington como Seúl están obligados a tener muy en cuenta la posición de China. Y eso lo sabe Clinton, pese a la arenga que lanzó ayer glorificando la participación de EEUU en la Guerra de Corea (1950-1956).

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