Rusia endurece su política económica con Ucrania
Por: Dmitri Bábich,
RIA Novosti

¿Qué cariz tomará la cooperación entre Rusia y Ucrania en el ámbito de la economía? El anuncio del presidente ruso, Dmitri Medvédev, de que la construcción de los gasoductos South Stream y Nord Stream finalmente se llevará a cabo, ha caído como un jarro de agua fría sobre las esperanzas de cooperación económica entre Rusia y Ucrania.

Nadie puede reprochar a Rusia el no haber aprovechado las oportunidades que ha generado la llegada al poder en Ucrania de un nuevo y más pragmático presidente. La comunicación entre los dos países se ha intensificado radicalmente, muestra de lo cual sirven los siete encuentros celebrados entres los dos lideres hasta el momento.

Sin embargo, Víctor Yanukóvich es un político que, lógicamente, también se preocupa por los intereses económicos de su país. Además, el actual mandatario ucraniano se formó como político en la época de la presidencia de Leonid Kuchma, durante la que la diplomacia ucraniana hizo verdaderas maravillas al sacar beneficios materiales de las promesas de amistad no vinculantes.

Los objetivos que ha perseguido Rusia al potenciar los proyectos de integración son evidentes. La unificación del potencial científico, económico y demográfico de ambos países facilitaría la transición hacia una nueva política económica basada en la innovación tecnológica. Desgraciadamente, Kiev siempre ha puesto obstáculos a tales propuestas: durante el gobierno de Víctor Yúschenko y también durante los gabinetes anteriores. Durante la época de la Revolución Naranja en Ucrania (2005) Rusia no presentó ningún proyecto. Era inútil.

Los dos primeros presidentes de Ucrania, Leonid Kravchuk y Leonid Kuchma utilizaban la misma táctica: aceptaban una unión con Rusia, o al menos prometían considerar esta posibilidad, a cambio de determinados privilegios y beneficios. Una vez conseguidos estos objetivos, Kiev declaraba que no podría cumplir con sus compromisos, porque contravenían la legislación ucraniana y su soberanía nacional. Así ocurrió con la Comunidad Económica Eurasiática creada en 1993, cuando Leonid Kravchuk era presidente, y con el Espacio Económico Común creado en 2003 con Leonid Kuchma en el poder. Los precedentes no son muy halagüeños, pero esperemos que este círculo vicioso se rompa por fin.

De momento, Yanukóvich está actuando dentro de los límites que le permite su objetivo de integración a largo plazo de Ucrania en la Unión Europea. A la pregunta de los periodistas sobre un posible ingreso de Ucrania en la Unión Aduanera conformada por Rusia, Bielorrusia y Kazajstán, el ministro ucraniano de Asuntos Exteriores, Konstantín Grischenko, dijo que Kiev no contempla tan posibilidad, pero apoya la iniciativa de crear una zona de libre comercio dentro de la Comunidad de Estados Independientes (CEI).

A primera vista, todo esto recuerda la táctica empleada por Kuchma durante sus años de gobierno, cuando Ucrania hizo la misma propuesta. Según la Agencia Centroeuropea de Información y Análisis, si entonces se hubiera creado una zona de libre comercio, las pérdidas de Rusia habrían podido ser de 600 a 2.000 millones de dólares al año. Por otro lado, la falta de una política aduanera clara y coordinada en esta zona posibilitó que Ucrania pescara en río revuelto y obtuviera pingües beneficios con los aranceles aduaneros a las mercancías que atravesaban su territorio con destino al enorme mercado ruso, o a la inversa.

En aquella época, Rusia se negó a crear una zona de libre comercio sin haber instituido también una Unión Aduanera. Formalmente, el acuerdo de libre comercio firmado en 1996 estaba vigente, pero incorporaba muchas restricciones, principalmente durante la presidencia de Yúschenko.

A juzgar por todo, las iniciativas de integración tienen todo el cariz de volver a fracasar. En la reunión con los empresarios ucranianos el presidente ruso, Dmitri Medvédev, anunció que Rusia quiere poner en marcha proyectos de integración dentro del marco del Espacio Económico Común y la Unión Aduanera. De este modo, dejó la puerta abierta a la colaboración, pero precisando al mismo tiempo que Moscú no está dispuesta a crear una zona de libre comercio en perjuicio propio.

La razón por la cual Ucrania no quiere ingresar en la Unión Aduanera no se esconde tras un gesto de mala voluntad del gobierno ucraniano, sino tras las directrices políticas marcadas por la UE. Recordemos que el ingreso en la UE es el objetivo primordial para Ucrania. Y en Kiev ya han sido advertidos en reiteradas ocasiones que si se adhieren a cualquier unión aduanera con Rusia, pueden olvidarse de ser miembros de la UE.

El pasado 26 de abril, el Comisario europeo de Ampliación y Política Europea de Vecindad, Stefan Fule, dijo en una entrevista al periódico Kommersant-Ucrania: “Me parece que hemos hecho suficientes declaraciones y utilizado argumentos sólidos para explicar que la zona de libre comercio con la UE y la Unión Aduanera son incompatibles”. El comisario Fule casi repitió las palabras pronunciadas por su predecesor, el comisario Günter Verheugen, en 2003. Al conocer las intenciones de Ucrania de firmar un acuerdo sobre el Espacio Económico Común con Rusia, Verheugen, no tardó en llegar a Kiev para decirles claramente al presidente Kuchma y al entonces primer ministro, Víctor Yanukóvich, que este acuerdo frustraría las ambiciones europeas de Ucrania.

Ucrania está con la soga al cuello. La UE que destina recursos para salvar a Grecia de la insolvencia y prevenir la repetición del guión griego en Portugal, es incapaz de concederle a Ucrania ayuda financiera ni préstamos. Rusia, por el contrario, sí que podría ayudar a Ucrania si ésta decidiera integrarse, lo que resulta imposible bajo la presión de la UE. Ante esta disyuntiva, habrá que esperar a que pase el tiempo y Rusia deje de ser considerada por algunos de los países de su entorno como el peor de los males, peor incluso que la pobreza y el hambre. Una política de bondad y apoyo desinteresado no funcionó. Terminó con el régimen de Yúschenko…