Mariategui y el Fascismo colombiano
Por: Alberto Pinzón Sánchez

El Fascismo no cae del cielo como un rayo. Requiere como los huevos de la serpiente un largo periodo de incubación y sobre todo unas condiciones sociales e ideológicas pre-mórbidas que lo hagan factible o viable. Concepciones de periodos históricos pre-capitalistas (corporativos) o premodernos, en donde la religión y el militarismo arcaico perduraron con fuerza como remanentes o “resabios” en la sociedad donde el Fascismo destruyo físicamente a la clase obrera para triunfar.

Tal es el caso del fascismo colombiano actual, tan poco valorado por los llamados “violentólogos”, reacios a aceptar que el asenso actual de Uribe Vélez y la captura completa del Estado colombiano por la mafia narco para militar que representa; tiene un hilo rojo que conduce a las “guerras civiles semireligiosas de peones sectorizados y fanatizados ” desarrolladas por la oligarquía colombiana durante el Siglo XIX y parte del XX, y al “militarismo clerical arcaico” de la llamada Hegemonía conservadora triunfante con Rafael Núñez en la guerra de 1885; consolidada con las dos guerras civiles posteriores (la del 95 y la de los mil días), la dictadura del general de civil Rafael Reyes en 1904, y con el adobo de las ideas del Fascismo italiano, alemán y sobre todo, la apología del Nacional Catolicismo español hecha por escrito a partir de 1920, por los llamados “leopardos” del partido conservador, y por quien 28 años mas tarde llegaría a ser el dictador godo Laureano Gómez.

No eran desconocidas dentro de la pequeña burguesía intelectual y las capas medias de Colombia de aquel entonces, el intenso odio al comunismo ateo y la repulsa a los “alpargatones y piones”, extendida a todos los demás Trabajadores, que inculcaban en sus mentes, los oligarcas vendepatria servidos por los curas reaccionarios. Poco tiempo después, se daría inicio a la contrarrevolución preventiva y la destrucción de las organizaciones sindicales y la matanza de obreros típica de la mentalidad Fascista, como en efecto sucedió con la Masacre de las bananeras ejecutada por el ejército colombiano en 1928, que precipitaría el surgimiento de sus contrarios: El partido comunista colombiano en 1930, junto con el aparecimiento de Jorge Eliécer Gaitán.

También por aquellos años, aunque con escasa difusión, llegaría a Colombia el libro del amauta Mariategui “La escena contemporánea” publicado en Lima en 1924, en donde el gran amauta, como si fuese una excepción, analiza en terreno y en la fecha, desde la óptica de un americano de la Patria Grande, el “experimento Fascista italiano “ (como él lo llama) y con las tesis antiimperialistas de Lenin, toma distancia sutil del Stalinismo que estaba imponiendo su visión mecánica y economicista del fenómeno en donde incluía como una ley universal inexorable, el papel jugado por la social democracia alemana en el asenso del Nazismo alemán.

Mariategui a diferencia de los demás, plantea dentro de su praxis en la lucha de clases de la época histórica del imperialismo financiero que estaba viviendo; el experimento Fascista como un fenómeno “político con matices”, que abarca tanto la economía, como la ideología, el arte, la cultura y la psicología social e individual. En eso radica su originalidad y su vigencia actual. Su permanente mención al clima envenenado, al odio como estado de ánimo, la tonalidad nacional, al humor general de la sociedad, a la atmósfera chovinista, a la actitud espiritual irracional, a sometimiento pávido y medroso de la clase media, donde surge y se desarrolla el Fascismo italiano. Y para que no haya duda de su comprensión amplia del fenómeno, dibuja inigualablemente con profundos trazos psicológicos la personalidad histriónica y perversa de Duce italiano, así como la de otros personajes históricos contemporáneos suyos.

Cuanto provecho le haría a la intelectualidad democrática colombiana, releer hoy “La escena contemporánea” de Mariategui, el amauta peruano que sin ninguna duda pertenece a la Patria Grande Bolivariana; para comprender de una vez por todas, las personalidades aberrantes y compulsivas de Uribe Vélez y Juan Manuel Santos, “quienes como Rómulo y Remo, chupan de la ubre de la misma loba”.

Para entender que la guerra de rumores, esa nueva especialidad de guerra sucia y de la violentología colombiana del momento, no es más que una emanación podrida de un régimen Fascista podrido en trance de perecer, que no puede expeler nada diferente porque nada diferente lleva en su interior, y porque también es parte inseparable de ese “clima Moral envenenado” del Fascismo tan lucidamente descrito por Mariategui en sus orígenes italianos, aún vigente en la Colombia actual