La piratería sobrevive a la liberación del petrolero ruso
Por: Ilia Krámnik,
RIA Novosti

Los marines rusos asestaron un sensible golpe a los piratas somalíes. La tripulación del gran buque antisubmarino Mariscal Shaposhnikov, adscrito a la Flota rusa del Pacífico y que se encontraba en el golfo de Adén en una misión internacional contra la piratería, logró liberar el pasado 6 de mayo al petrolero ruso Moskovski Universitet.

El petrolero de la compañía rusa Novoship, que transportaba 86.000 toneladas de crudo con destino a China y contaba con 23 tripulantes de nacionalidad rusa, fue secuestrado el pasado 5 de mayo por piratas somalíes.

El capitán pudo comunicar por radio que se acercaban unas embarcaciones ligeras con hombres armados antes de que se cortara la comunicación. La tripulación logró refugiarse en un compartimiento bien protegido del buque y, previamente, desconectar la unidad de propulsión y el sistema de gobierno del petrolero.

Los piratas anunciaron el secuestro del buque y amenazaron con matar a los tripulantes si se intentaba su liberación por la fuerza. Sin embargo, en el interior, no pudieron hacerse con el control total de la situación, al no poder reducir a la tripulación ni poner en marcha los motores.

El Mariscal Shaposhnikov cubrió las 300 millas que le separaban del lugar y se acercó al Moskovski Universitet. Al deducir que la tripulación del petrolero se había encerrado en un lugar seguro y que los piratas no controlaban el buque, el grupo antiterrorista del Mariscal Shaposhnikov empezó a planear el asalto.

La unidad de la infantería de marina del navío ruso tiene un adiestramiento especial y había participado en varios ejercicios de operaciones anti-piratería marítima antes de entrar en servicio. La operación de rescate fue llevada a cabo de una forma rápida y efectiva. Los infantes de marina se acercaron al petrolero en lanchas rápidas y neutralizaron a los piratas. En el tiroteo murió un pirata. De parte rusa no hubo que lamentar víctimas.

La Fiscalía General rusa abrió un expediente con motivo del secuestro del petrolero, de acuerdo con el artículo 277 del Código Penal de Rusia, Piratería. Así las cosas, los piratas somalíes detenidos durante la liberación del petrolero Moskovski Universitet deberían ser trasladados a Moscú para procesarles conforme a la legislación penal rusa, pero esto no se hizo debido a la ausencia de normas legales relativas al traslado de los piratas.

Este incidente ha atraído la atención de la comunidad internacional sobre el problema de la cobertura legal necesaria para las operaciones internacionales contra la piratería y la eficacia de la lucha contra los piratas.

El artículo 277 del Código Penal ruso establece que un acto de piratería, perpetrado por un grupo organizado con uso de violencia, se penaliza en Rusia con hasta 15 años de cárcel. En este sentido, cabe mencionar que la calidad de vida de los presos en las prisiones rusas, donde además tienen la posibilidad de conseguir la libertad condicional, es mejor que la vida en Somalia. Muchos piratas aspiran a ser capturados por algún país de la UE, de forma que puedan obtener el permiso de residencia allí tras cumplir la condena.

Es curioso, pero el destino de los piratas hubiera podido ser mucho peor, si les hubieran capturado antes de la apertura del expediente penal en Rusia. En este caso, es posible que hubieran sido extraditados a Yemen, que generalmente ejecuta en la horca a todos los piratas capturados en el mar con las armas en la mano.

Por regla general, las operaciones contra la piratería y el secuestro de buques no son tan afortunadas, como la del pasado 6 de mayo. El problema no está en luchar contra los síntomas, sino contra la propia enfermedad, contra la causa de la piratería que, hoy por hoy, sigue siendo un negocio muy lucrativo; que impulsa la codicia de los corsarios a continuar secuestrando nuevos barcos y a exigir rescates millonarios.

Toda esta situación contrasta con las repercusiones globales de la erupción del volcán bajo el glaciar Eyjafjallajokull en el sur de Islandia en abril pasado y que paralizó el tráfico aéreo en buena parte de Europa durante varios días. Aunque la nube de ceniza procedente de aquel volcán no representaba un peligro inminente, como pensaron muchos, causó pánico en muchos países europeos que cerraron su espacio aéreo.

El motivo de la cancelación de los vuelos es obvio. Un 90% de los pasajeros que vuelan sobre Europa son ciudadanos de la UE, y un accidente con muchos muertos debido a una situación de fuerza mayor anunciada y evidente hubiera acarreado graves consecuencias políticas. Otro cosa es el asunto de la piratería, aquí los políticos europeos hacen la vista gorda ante esta amenaza. Las tripulaciones de los mercantes capturados constan en su mayoría de marineros provenientes de países del Tercer Mundo, de países secundarios de la UE, como Grecia o Rumania, o de grandes potencias no integradas en la UE, Ucrania, Rusia, India.

Además, la dimensión de la piratería todavía no es tan grande como para desequilibrar las grandes transacciones comerciales. Por esta razón, a efectos de seguridad en estos mares se destinan pocos buques de guerra, incapaces de cubrir toda el área de navegación en esta zona. Lo único que pueden hacer es pronosticar posibles ataques contra determinados cargueros o petroleros acudiendo a la teoría de la probabilidad.

Esta situación vuelve a acentuar la importancia de la cooperación en la lucha contra la piratería, directamente en el mar, en las aguas cerca de la costa de Somalia, y en el entorno de las relaciones oficiales. Hay que aprobar medidas conjuntas para combatirla. Por otra parte, el destino de los piratas no debe depender de la bandera del buque de guerra que los haya capturado.

Una posible solución sería aprobar un código internacional que estipule el castigo por los respectivos delitos, administración de justicia y ejecución del veredicto. Recordemos que las prisiones de la UE no representan una seria amenaza para los piratas somalíes; son, más bien, una liberación, una salida al problema del hambre o al de una posible muerte a la que se enfrentan en una Somalia sumida en una cruenta guerra civil.

Sin embargo, es imposible alcanzar los resultados necesarios tan sólo con intensificar la pena. Como ya ha sido dicho en reiteradas ocasiones, la lucha contra la piratería sólo puede ser eficaz si se normaliza la situación en Somalia, si se llevan a cabo operaciones militares contra las bases logísticas de piratas ubicadas en las zonas costeras y se desarticula la infraestructura financiera de las bandas criminales. Tanto la propia piratería como la colaboración con la misma deberían volver a ser considerados delitos de pena de muerte, como hace varios siglos.

Desgraciadamente, es poco probable que la actual mentalidad europea deje a los países de la UE aplicar los métodos de lucha que se utilizaban en estos mismos países en los siglos XVII-XIX, cuando los corsarios capturados se echaban por la borda o, juzgados por tribunales nacionales, se ejecutaban sin remisión.

Es posible que esta situación pueda mejorar mediante una colaboración más estrecha entre Rusia, EEUU, China y los países árabes, donde el valor de la vida humana y la inviolabilidad personal todavía no se han llevado hasta tal limite que impida el castigo justificado por tales delitos.