Será factible la aproximación entre Rusia y Siria?
Por: Andrei Murtazin,
RIA Novosti.

El Presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, por primera vez en la historia del país, realizará visita oficial a Siria. No es ningún secreto que Siria, principal aliado estratégico de la URSS en el Oriente Próximo en los años 70-80 del siglo XX, a principios de los 90 simplemente dejó de figurar entre las prioridades de la política exterior rusa. La desintegración de la URSS, junto con el empeño de Moscú en evitar la confrontación global con Washington y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Israel en 1991, fueron calificadas por Damasco como «traición a los intereses de los pueblos árabes» y «conspiración del sionismo mundial».

Había en Siria quienes compartían esta opinión hace 19 años y muchos la comparten a día de hoy. Al mismo tiempo, la fracción más pragmática de la élite política siria, encabezada por el Presidente Bashar al-Assad, siempre aspiraba a promover con Rusia la cooperación económica y militar, así como a asegurarse apoyo de Moscú en el arreglo mesoriental. La principal reivindicación de Siria en el marco del proceso de paz en el Oriente Medio consiste en que le sean devueltos los Altos del Golán, ocupados por Israel a finales de la guerra de 1967.

La recuperación de las relaciones entre Moscú y Damasco comenzó sólo en enero de 2005, durante la primera visita oficial de Bashar al-Asad a Moscú. El entonces Presidente de Rusia, Vladimir Putin, optó por condonarle a Siria el 73 % de su deuda con la URSS, es decir, 9.800 millones de euros a cambio de garantizados pedidos de suministro del armamento ruso.

En la actualidad, Rusia le vende a Siria aviones Mig-29, sistemas de defensa antiaérea de corto y mediano alcance Strelets, Pantsir-S1 y Buk-M2. Siria muestra interés por adquirir sistema de misiles antiaéreos de largo alcance S-300 e Iskander-2. Hasta este momento Moscú no se decidía a suministrarlos a Damasco, para no arruinar el equilibrio militar en la región ni agravar las relaciones con Israel y con Estados Unidos. Es poco probable que Kremlin acceda esta vez, pero los sistemas de defensa antiaérea, sin lugar a dudas, formarán parte de la agenda de las negociaciones.

Entre los aspectos de la cooperación militar figura también la base naval, situada en la ciudad siria de Tartus, en el Mediterráneo, donde en los años 80 del siglo pasado estuvieron estacionados buques de guerra soviéticos. En los últimos 30 años, la infraestructura de la base ha sufrido un significativo desgaste, sin que el Estado sirio disponga de suficiente dinero para modernizarla. Rusia está dispuesta a invertir en el desarrollo de la base con tal de hacerse con un puerto de apoyo para su Flota. Hace algunos días ancló en Tartus el crucero ruso «Pedro el Grande «, y las autoridades sirias brindaron a su tripulación una acogida cálida.

En los últimos 5 años los intercambios comerciales entre Rusia y Siria casi se duplicaron y en 2009 se cifraron en 1.000 millones de dólares. No sólo los militares están interesados en cooperar con Siria, sino también los ejecutivos de la industria de petróleo y de gas, así como los círculos empresariales. Hace un mes, la compañía petrolera «Tatneft» lanzó el proyecto ruso-sirio de extracción de petróleo en el yacimiento de Kishma del Sur en Siria, y en diciembre de 2009, la empresa «Stroitransgaz» puso en explotación una gran planta de procesamiento de gas cerca de la ciudad siria de Homs, a unos 160 km de Damasco. La planta es capaz de procesar diariamente 7,7 millones de m3 de gas, procedentes de los yacimientos ubicados en la zona sur de la parte central de Siria.

Los temas de cooperación económica y militar, sin duda, serán prioritarios en las negociaciones de Dmitri Medvedev y Bashar al-Asad. Siria, aparte de la colaboración económica, está esperando de Rusia la protección política. Recordemos que el objetivo principal del líder sirio consiste en asegurarse el respaldo de Moscú en la devolución de los Altos del Golán, una meseta de 60 km por 25 km. Los Altos no sólo son un sitio de importancia estratégica, por verse desde allí, como si en la palma de la mano estuviera, la capital siria. La riqueza de este territorio no es el terreno sino el agua, el lago Tiberíades, del que Israel hizo su más importante depósito de agua.

Con tal de recuperar los Altos de Golán, hace dos años, el Presidente al-Asad inició unas conversaciones indirectas con Israel con la mediación de Turquía. No obstante, ni Damasco ni Ankara consiguieron éxito alguno. El Gobierno de Benjamín Netanyahu, que sucedió en 2009 al Gabinete de Ehud Olmert, no quiere oír nada sobre la devolución de los Altos a Siria. Al-asad cuenta con que Rusia, siendo, junto con la ONU, los EEUU y la Unión Europea, participante activo del cuarteto de mediadores internacionales para Oriente Próximo, logre reactivar el proceso negociador con Siria. Aunque sea a través de intermediarios turcos. Es de destacar a ese respecto que el Presidente ruso, aparte de Siria, visitará también Turquía. Se podría suponer que la reactivación del diálogo con Siria figurará en la agenda de las negociaciones entre Medvédev y los líderes de Turquía.

Considerando este problema desde el punto de vista de Israel, acordémonos de que hace 14 años, los sectores moderados de la política israelí, el asesinado primer ministro Yitzhak Rabin y su sucesor en el puesto Simon Peres no descartaban la posibilidad de devolución de los Altos del Golán a Siria. Sea como fuera, el precio del mencionado asunto serían sumas de dinero nada despreciables, así como importantes concesiones políticas, tanto por parte de los sirios, como por parte de los israelíes.

Igualmente relevante sería el apoyo de Medvédev en otros temas clave de la región. Se trata de unas estrechas, o estratégicas, relaciones entre Siria e Irán, y los movimientos radicales islamistas Hezbollah y Hamás, emplazados en Líbano y Palestina, respectivamente, con los que los países occidentales se niegan a colaborar, calificándolos de extremistas. A cambio de la normalización de las relaciones con Damasco, Occidente le exigiría a Siria romper los contactos con Irán y Hezbollah. Moscú es más tolerante al respecto e incluso intenta actuar de intermediario entre Hamás y el Occidente.

Los líderes de Rusia y Siria abordarán también la posible convocatoria en Moscú de una conferencia sobre Oriente Próximo, durante la cual se conseguiría sentar a la mesa de negociaciones a representantes de las partes contrincantes: Líbano, Siria y, puede que, Irán, la Autoridad Nacional Palestina e Israel. No obstante, en las condiciones de una recia confrontación entre dos movimientos palestinos, Fatah y Hamás, y teniendo en cuenta el actual clima político en Israel, la perspectiva de la celebración de un foro en Moscú es bastante incierta. Moscú no convocará una conferencia sólo para convocar y no querrá hacer el ridículo, como pasó en 2007 en Annapolis con George Bush.