EL REVOLUCIONARIO DEL BICENTENARIO
Por: José A. Rangel A

La lucha por el socialismo no es sólo barrer nuestra casa y dejarla limpia y ordenada. Es también dedicarnos a la limpieza y cultivo de nuestra conciencia. Quien habita en un entorno de desorden, muy difícilmente podrá ordenarlo si no deja que lo guíe su conciencia. Identificar en nosotros los hábitos burgueses, sus antivalores que son todos contrarios a la creación de una sociedad socialista y darle el puesto a los valores humanistas, es una tarea que antes, en el capitalismo, parecía no tener gran importancia, pero es vital para el revolucionario este año bicentenario de nuestra independencia y del inicio de la 5ta. República.

El revolucionario bicentenario tiene demasiados retos desde que Venezuela inició el estado de independencia a partir de 1999. Su actividad involucra mucho más de lo que parece. Son los ejecutores de un cambio de paradigma social tal como sucedió con el modo esclavista al feudal y de éste al modelo capitalista. A diferencia de aquéllos cambios, la lucha por el socialismo en Venezuela involucra a todo el pueblo venezolano, porque somos protagonistas de una revolución permanente desde las cosas más pequeñas hasta de niveles macroeconómicos. Estamos en esto desde el inicio y debe ser hasta el final, que es el triunfo. Este cambio de modelo es radical. Y como es radical se requiere cuerpo, mente y alma revolucionaria.

Hoy luchamos por el socialismo, por la salud, por la vivienda, contra la corrupción, pero esto involucra una realidad que se adentra en el futuro, como darle sustento a las futuras generaciones de Venezuela para que prosigan su camino venciendo en un mundo más humano.

Cuerpo, mente y alma revolucionaria bicentenaria es como el árbol. Su señera copa observa el horizonte de instante en instante y sus pies están en la tierra. Conoce el universo por el movimiento de las estrellas y el polvo por las necesidades de sus habitantes. Ante el viento huracanado, con los nudos de su pecho resiste y sólo cederá al partirse en dos. Y aún después es leña para el frío y alimento para la tierra. Soporta la lluvia protegiendo el suelo. Al sol inclemente responde con sombra. Sus ramas son brazos al servicio de la paz y al hogar de miles de animales.

El revolucionario bicentenario cultiva su conciencia con la lectura y con el estudio de los impulsos de su alma. La conciencia guía estos impulsos y el alma se hace libre con esa guía de la conciencia. El alma del revolucionario bicentenario tiene inquietud irresistible por hacer el bien. Por el contrario, la mente es un gran cruce de caminos, por ella pasan los impulsos del alma, los antivalores, los datos de los sentidos, las ideas, los pensamientos y los juicios. Cuando la mente no es revolucionaria, le invade el libertinaje. Para librarse del libertinaje mental, el revolucionario bicentenario hace la revolución en ella. Expulsa y crea orden, esto es hacer higiene mental apoyándose en la conciencia y el alma.

El cuerpo del revolucionario bicentenario es energía pura. En la mirada del Che Guevara es notable la fuerza de la mente y la conciencia en el cuerpo revolucionario. Es la respuesta de lo que adentro llevamos, cuando estamos en revolución interna. El cuerpo es el arma material del revolucionario, que lo ayuda a instaurar el reino de la justicia. Prefiere partirse que ceder.

Pues, que no se equivoquen los enemigos de la revolución, porque es un pueblo entero que esta senda ha comenzado andar. Esas mentes y esas almas humanistas empuñarán su cuerpo como un arma más junto a las armas de la revolución.

José A. Rangel A.
18 abril 10
Jarach16@hotmail.com