NUESTRA MENTE CAPITALISTA
Por: Antonio Aponte

El camino hacia el Socialismo es ante todo una liberación de la mente, del alma. El hombre que estaba prisionero en las necesidades del capitalismo, en la imposibilidad de alcanzar su plenitud, debe romper las cadenas y entrar en el mundo de la libertad, en el rescate de su humanidad, dejar de ser una mercancía.

Es difícil, la liberación es dolorosa como un parto, es una aventura, es volar sobre acantilados sin redes de seguridad, da vértigo. Es una proeza romper la seguridad de la costumbre cuando todo está previsto, cuando se conoce el camino iluminado con mortecinas luces del pasado.

La tentación de cambiar para que nada cambie, de no ir al fondo, a la raíz, y la tranquilidad de pensar que los cambios en la superficie son suficientes, es una compulsión que marca muchas propuestas en épocas de Revolución.

Las revoluciones, como una ley, llevan en su seno la mayor defensa del sistema que pretenden superar. Una Revolución es en gran medida una lucha feroz contra sí misma.

Siempre es así, a Bolívar quisieron coronarlo monarca, sin embargo no abolieron la esclavitud sino años después de su asesinato. Les era más fácil regresar al pasado que ir con decisión al futuro.

Cuando cae Pérez Jiménez, bien lo dice Fabricio: “El 23 de Enero de 1958, lo confieso a manera autocrítica y creadora, nada ocurrió en Venezuela, a no ser el simple cambio de unos hombres por otros, el 23 de Enero, hubo sólo eso: un cambio de nombres.”

Es conocido el hecho que después de sesenta años de socialismo soviético, aparecieron súbditos de los zares que los reverenciaban, exhibieron sus cuadros que escondían en los subterráneos. El pasado volvía con aliento asombroso: Kérensky regresaba para vencer a Lenin y a Trotsky, la democracia burguesa se imponía al Socialismo.

La Revolución Cubana enfrentó, y aún después de más de medio siglo, enfrenta una feroz lucha interna. Fidel lo alerta con claridad: a la Revolución la pueden destruir desde adentro.

Aquí en Venezuela, en la Revolución Bolivariana ocurre una fortísima lucha interna que se manifiesta en todos los rincones del proceso. La disputa aflora en la teoría y en la práctica.

Los restauradores tratan de morigerar los cambios, de no ir a las profundidades donde las acciones son definitivas. Proponen miles de fórmulas donde el capitalismo no es superado, al contrario, pretenden incorporarlo a la construcción socialista. Algunos importantes hasta plantean el absurdo de ¡formar empresas capitalistas promotoras del Socialismo!

La propuesta tiene el mismo origen psíquico de los cuadros escondidos de los Zares, de la resistencia a la abolición de la esclavitud, es atadura al pasado.

El Socialismo sólo es posible con Socialismo. Es necesario “descapitalizar” la mente de los revolucionarios. ¡No hay atajos hacia el Socialismo! El camino es uno sólo: acabar con la hegemonía nosocial de los medios de producción, rescatar la conciencia de sociedad, superar al capitalismo.

¡Chávez es Socialismo!

¡Sólo los Socialistas construyen al Socialismo!
posted by antonio2000 at 11:08 AM

13.4.10
LA FUERZA DEL ESPÍRITU
¿Cuál es la fuerza que mueve a los pueblos? La discusión es vieja y parece infinita. Unos postulan a lo material como el motor de la historia. Otros responden que es el espíritu el móvil de todos los móviles.
Nosotros pensamos que la fuerza que mueve a los pueblos depende del objetivo de la acción, de su calidad. Explicamos:

Si se trata de un reacomodo dentro del capitalismo, sin duda la fuerza será material. Si por el contrario se trata de una Revolución, de la superación del capitalismo, la fuerza tiene que ser el espíritu. Sólo el espíritu es capaz de conducir a los pueblos a las grandes hazañas.

Bolívar, cuando se refiere al Ejército Libertador, nos dice: “Se cubría con sus armas, porque no tenía uniformes; pereciendo de miseria, se alimentaba de los despojos del enemigo, y sin ambición no respiraba más que el amor a la patria”.

El espíritu, el amor a la patria era el volcán que habitaba el alma de esa tropa, el fuego sagrado que movía al Ejército Libertador de un Continente. No existe fuerza material capaz de impulsar esa hazaña. Las grandes obras de la humanidad no están permitidas a los mercenarios.

Ese espíritu encendió la llamarada que gritó en Alegría de Pío: “¡Aquí no se rinde nadie!”, cuando los rebeldes comandados por Fidel fueron sometidos a un bombardeo brutal que amenazaba extinción.

Es el mismo sentimiento altruista que llevó a Fabricio, a Argimiro, al Pica, a Saturno y a tantos jóvenes anónimos, a las montañas para constituirse en reserva moral de la patria.

Es el mismo amor de las jornadas de Abril, cuando el pueblo humilde, entre sollozos, proclamaba: “Con hambre y sin empleo con Chávez me resteo”.

Hoy en la Revolución Bolivariana se enfrenta el gran reto de construir el Socialismo, se discute cuál debe ser la palanca principal de la faena. La tentación de usar las armas melladas del capitalismo es inmensa.

Tenemos mucho tiempo sumergidos en la lógica capitalista, el estímulo material nos tienta. La política de la cuarta de repartir migajas y promesas en época de elecciones, ilusiona eficacia. Son métodos propios del capitalismo.

Es así que se asocia el resultado electoral con la bonanza. Si el Gobierno Revolucionario tiene problemas materiales, la oposición se alegra, piensan que el pueblo nos dará la espalda. ¡Qué poco conocen al pueblo heredero de los Libertadores!

Nosotros debemos afincar nuestra política en el espíritu, convocar al pueblo para lo grande, para la hazaña histórica. El apoyo a la Revolución y al Comandante debe nacer del corazón, y no del bolsillo.

Es necesario explicar la trascendencia de la batalla que libramos, situarla en el paisaje mundial, relacionarla con el destino de la humanidad, con el futuro de La ALBA, con la suerte de los humildes.

Simultáneamente debemos solucionar los problemas materiales, dar prueba de eficacia revolucionaria. Pero siempre atrevernos a convocar al pueblo para lo grande, para el Amor. El espíritu es la fuerza de la Revolución.

¡Chávez es Socialismo!
posted by antonio2000 at 6:35 AM

12.4.10
ABRIL ES UNA LÁGRIMA
Los acontecimientos históricos pueden estudiarse desde diferentes ángulos, todos válidos, pero siempre parciales, unilaterales. Asimismo, cada suceso tiene un punto de vista que lo marca, que lo define, que lo distingue. En consecuencia, podemos decir que la elección de Chávez en 1998 fue un acto principalmente político, las Misiones son actos esencialmente sociales, la recuperación de los campos petroleros por PDVSA, es un acto marcado por lo económico, y que al 12 de Abril lo caracteriza un sentimiento.

Fue un honor histórico participar en aquellas jornadas. Pocas veces un pueblo nos muestra su lado humano con la luz de aquel abril: todos hermanados, todos unidos, fundidos en el sentimiento altruista de no dejarse arrebatar la esperanza. El llanto, era el llanto de la dignidad, las lágrimas mostraban la voluntad de un pueblo por recuperar su historia, salir del letargo puntofijista, y mostrarse hijos de Bolívar, Fabricio Ojeda, y del Che.

El 12 de abril lo recordará la historia como el inició de la Revolución Socialista en Venezuela. El espíritu de la Comuna de París envolvió el país, la brisa de la Sierra Maestra, y la grandeza del Palacio de Invierno, pero sobre todo la fuerza cívico militar del Ejército de Bolívar renacieron en las calles de esta patria. Esos días construimos dos pilares de la Revolución: el sentimiento y el líder. Supimos de la fuerza creadora de un pueblo en la calle.

Regresó el Comandante, y nosotros nos sumergimos en la fiesta.

Después, entendimos que la alegría no es triunfo, para construir el sueño necesario es sacar a los mercaderes del templo. La lucha no había terminado, la tarea apenas comenzaba. El objetivo es el sistema que origina miseria.

Nos dijo Chávez: Cristo es Socialista, Judas es capitalista. He allí la estrategia, hacernos cada vez más Cristo y menos Judas. Construir una economía de todos y no una donde los propietarios sean Iscariotes que ponen la ganancia por encima de la vida.

Bolívar sentenció: “por la ignorancia nos han dominado más que por la fuerza”. Y recordamos a Martí: “más pueden trincheras de ideas que trincheras de piedra”. Comprendimos que salir a la calle no es suficiente, hay que salir para defender y también para construir. Y entendimos que para edificar un mundo mejor, son imprescindibles la organización y la conciencia. Ahora nos preparamos, organizados y con conciencia, para futuros combates. En la próxima batalla iremos a construir nuevos pilares revolucionarios, y no la abandonaremos hasta ver los rayos del sol bolivariano.

¡Chávez es Patria!
¡Patria es Socialismo!
posted by antonio2000 at 11:28 AM

11.4.10
LA REVOLUCIÓN SIEMPRE ES MENINA
Uno de los principales peligros de la Revolución y de los revolucionarios es envejecer. Las costumbres, las rutinas que acompañan a la vejez, son cicuta para los procesos de cambio. Y no hablamos de lo físico, de lo biológico, se trata del espíritu. Veamos.
El espíritu revolucionario, las revoluciones, padecen enfermedades que les son propias: el aposentamiento, la pérdida de la capacidad de asombro, el conformismo, la costumbre, el miedo al cambio, la flacidez, el burocratismo.

Cuando una Revolución envejece, inevitablemente se muere, por eso debe estar en constante viaje a la fuente de la juventud. Y esa fuente no es otra que el atreverse a convocar al pueblo para la irreverencia, el salto sin red, la hazaña histórica.

La Revolución, su juventud eterna, no se alimenta del frío cálculo egoísta, se nutre de la misma audacia que tiene una flor que se abre en invierno, o el ave que anida en un desfiladero, o del poeta que escribe su primer poema sobre el muslo de su amada.

Son esos momentos de éxtasis revolucionario los que confieren juventud a las revoluciones. El 11 de abril fue uno de ellos. El pueblo humilde, el preterido, se elevó sobre sus miserias, bajó al fondo de su alma y allí encontró el mismo espíritu que alimentó a Bolívar, cuando en la soledad de la noche guayanesa planificó la hazaña del Paso de Los Andes, y sumergió en ese vértigo que terminaría en Boyacá, en Junín, a aquella tropa tocada por los dioses.

Esos días de abril abrimos la puertas de la historia, y gritamos que estamos preparados, que tenemos textura para la hazaña de construir el Socialismo, que con nosotros pueden contar los humanos del futuro, que el planeta tiene esperanzas, que nos negamos a ser una especie suicida.

Esos días volvió a las calles de Venezuela el Batallón Bravos de Apure, el Negro Primero se multiplicó por miles, Páez, el de las Queseras y Carabobo, abandonó a la oligarquía y se fundió con su pueblo en la lucha por la esperanza y la dignidad. El Libertador surgió de San Pedro Alejandrino para dirigir de nuevo a sus tropas hacia la victoria, para terminar la obra inconclusa.

Hoy, cuando celebramos aniversario de aquella aurora, recordamos la gesta más importante de este pueblo en un siglo, es momento propicio para cuidar con cariño el espíritu juvenil de la Revolución. Para luchar con denuedo contra los síntomas de vejez que aparecen en el alma del empeño.

No podemos conformarnos con lo mínimo, no es suficiente. No podemos dejar de intentar ir a las estrellas. No podemos tener miedo de convocar al pueblo para la hermosa aventura de fundar mundos, de ir hasta el fondo de nosotros mismos y buscar al humano que enterró allí la rutina, el pasmo de la corcova.

La Revolución tiene sentido, vale la pena, sólo si devuelve al humano, antes que lo material, la alegría, la gloria, el orgullo inmenso de sentirse miembro, militante de una causa noble, justa, sagrada, la causa de ser humano, de preservar a la humanidad.

¡Chávez es Abril!