Ante la nueva campaña mediática del imperialismo contra Cuba, el pensamiento ético de José Martí
Por: Armando Cristóbal Pérez

El enemigo, ese norte revuelto y brutal que nos desprecia, al que se suma la plutocracia europea, una vez más convoca a la guerra contra nosotros, los cubanos. El imperio de los capitalistas, farsante abanderado de los derechos humanos, utiliza ahora como instrumento sus medios masivos para la difusión de embustes, falsedades y engaños sobre la vida y la muerte, entre nosotros, los cubanos.

Pretende demonizar nuestra nación, deslegitimar a nuestros dirigentes, desestabilizar nuestra gobernabilidad, negar la larga historia de solidaridad con el prójimo -propio y ajeno- y el humanismo que, desde siempre, caracterizan a los revolucionarios cubanos. ¿Ablandamiento previo al bombardeo?

A casi medio siglo de nuestro histórico triunfo contra la invasión militar del imperio y su grotesca tropa de apátridas, traidores y mercenarios, se hace evidente que el enemigo cambia sus métodos, pero no sus intenciones contra nosotros, los cubanos. Y para lograr sus objetivos busca nuevos aliados, también entre quienes eran supuestamente nuestros amigos e incluso, entre nosotros mismos, los cubanos. Tristemente, las amenazas de extorsión, las acciones intimidantes, la satisfacción de la codicia, o la estimulación del ego, no han dejado de obtener algunos resultados entre quienes –probablemente- eran menos conscientes de lo que se presumía o nunca fueron de fiar éticamente. Nada lastima tanto como un ser servil; parece que mancha; parece que hace constante daño.

Al cabo de más de cinco décadas, resulta sorprendente que quienes se han dicho nuestros simpatizantes o, al menos, se han preciado de valorar de manera objetiva la real situación del mundo en que vivimos, y en ese contexto, reconocido la obra sistemática de la revolución y nuestro socialismo, a pesar de defectos y errores, de manera inesperada e incomprensible –con toda la información en mano-, se dejen confundir. La revolución se defiende en sus actos, que siempre han estado a la vista de todos. Un giro tan ostentoso del criterio sobre nosotros los cubanos, podría explicarse por ataduras individualistas de un liberalismo trasnochado. Porque el que vive de la infamia, o la codea en paz, es un infame.

Que actitud tan desleal y farisaica con nosotros, lo cubanos se manifieste –en consonancia con la de los reaccionarios círculos políticos estadounidenses y europeos- sobre todo entre artistas, escritores, intelectuales y personalidades del mundo de la cultura occidental, es decir, importantes forjadores de opinión mundial en nuestra época, no sólo hace sospechar un amancebamiento por motivos espurios, sino un uso poco digno de la profesión y el desconocimiento de la responsabilidad ética que su desempeño exige. Se tiene el talento para honrarse con él, no para deshonrar a los demás.

A pesar de todo, lo verdaderamente esperanzador es que, ante tan denigrante y mezquina actuación, la solidaridad con los cubanos y su revolución socialista, ha crecido por todas partes de manera insospechada, espontánea y fraternal, también entre artistas, escritores e intelectuales, partidarios de siempre, o que manifiestan públicamente su solidaridad por primera vez.

Honrar, honra.