Operación Restitución de la Dignidad Nacional”: Detalles no contados del 13 de abril
YVKE Mundial/ Aporrea

Mi Comandante se queda, se queda, se queda…

En la mañana del sábado 13 de abril, los sectores militares manipulados por los golpistas toman fuerzas propias y resurgen en apoyo a Hugo Chávez y, junto al pueblo, juegan un importante papel en la restitución del Gobierno Bolivariano. El general Raúl Baduel (hoy al lado de la oposición) ponía en marcha la llamada Operación Restitución de la Dignidad Nacional.

Los generales en rebelión, movidos por el nerviosismo y la presión que les ocasionaba el pueblo, discutían sobre qué hacer.

“Como había muchísima gente en las afueras, el general Alfonso Martínez, en presencia de Vásquez Velasco, le dijo al general Rosendo ‘saca el Plan Ávila que se nos va a meter esta gente para el Fuerte Tiuna’, pero, para su sorpresa, Rosendo le salió con una patada en su respuesta: ‘Tu sabes como es la cosa, cuando la gente protestó en Chuao, yo no les saqué ese plan y por eso me metí en problemas, ¿ahora para los pendejos sí hay Plan Ávila? Si tu quieres saca la Guardia Nacional y métete en problemas tú’”, relata el escolta del general Vásquez Velasco, quien en todo momento definió a este último como una marioneta más de los autores intelectuales del golpe.

Gracias a que el pueblo había tomado el Palacio para reestablecer la institucionalidad, los golpistas se vieron obligados a tener que abandonar Miraflores. De esta manera, gradualmente, los funcionarios revolucionarios comenzaron a regresar.

A las 9.30 de la noche, el presidente de la Asamblea Nacional, William Lara, le tomó juramento al vicepresidente Diosdado Cabello como nuevo mandatario, quien aceptó el cargo mientras Hugo Chávez regresaba. Asimismo, una señal confusa e inestable apareció en la pantalla del Canal 8, anunciando lo que para ese momento era un secreto a voces: el hilo constitucional de la República estaba siendo restituido.

Tensión: Chávez es trasladado a la isla La Orchila

En horas de la tarde del sábado 13 de abril, Hugo Chávez es trasladado a la Orchila. Allí, el Capitán de corbeta, José Gregorio Aguilera, quien comandaba en la isla el Apostadero Aeronaval “Coronel Antonio Díaz”, fue el encargado de alistar la casa presidencial de los Mangles, lugar donde estaría prisionero Hugo Chávez.

“Luego de que en horas de la madrugada había sido avisado por parte del Teniente de Fragata Cristian Medina Macero, adscrito a Casa Militar, de que trasladarían al supuesto ex presidente hacia la isla, me comuniqué con el Almirante Jorge Sierraalta, para manifestarle que no permitiría acciones en contra del orden constituido”, señala el capitán Aguilera en una entrevista exclusiva para YVKE Mundial.

Aguilera en todo momento estuvo presto a brindarle atención a Chávez, desde el momento en que arribaron los helicópteros de la Armada que lo trasladaban. “Me le acerqué, le di agua y le dije que en su habitación se encontraba papel y lápiz para que me escribiera cualquier cosa que necesitara, además de un teléfono celular, pero, para mi sorpresa, me respondió: ‘no me se ningún número al que pueda llamar’, esto me dejó pensando que sin duda el presidente es como cualquiera de nosotros, que bajo múltiples ocupaciones se nos pasan detalles tan importantes”, manifiesta.

El astuto capitán había obstaculizado la pista de aterrizaje, con el objetivo de poder controlar las aeronaves que ingresaban al área. “Yo le negué el aterrizaje a un Boeing 737 mejor conocido como “el camastrón”, cuyo piloto se identificó como Francisco Ramos, puesto que pretendía sacar el presidente al exterior”, apunta Aguilera.

No obstante, una segunda nave de siglas N165SC fue recibida en la pista, debido a que Aguilera presumió que se trataba de personas que fiscalizarían el trato que se le daba al comandante, ya que entre los pasajeros se encontraba el Cardenal Ignacio Velasco y el Director de los Derechos Humanos del Ministerio de la Defensa, el coronel Julio Ramírez.

“Me di cuenta de que esto se trataba de un secuestro cuando al escuchar la conversación entre ellos mencionaban su estrategia para presionar a Chávez y llevarlo a que renunciara a la Presidencia. Me percaté de que no venían en buenos términos”, señala.

José Gregorio Aguilera fue descubierto en sus intenciones de amabilidad con el presidente Chávez, por lo que fue amenazado de ser desarmado y arrestado por el Grupo de Comandos Especiales, pero una vez más tuvo que ingeniárselas y hablar en malos términos de Chávez. “Despotriqué del presidente y eso los hizo convencer de que estaba con ellos”, asegura.

“Mientras continuaban presionándolo para lograr la renuncia, intenté varias veces acercarme hasta que lo logré y le dije que la situación en el país estaba controlada, que no renunciara pero él estaba muy seguro en su posición, porque con serenidad me dijo ‘Tranquilo, no lo voy a hacer’”. Entre las llamadas que se hicieron presentes para constatar el estado del comandante Chávez, Aguilera recuerda la que hiciera Ronald Blanco la Cruz al caer la tarde del 13.

En la noche, Aguilera presionaba con las imágenes que mostraban que el pueblo revolucionario estaba ya controlando la situación para que liberaran al comandante Chávez. “El oficial encargado, Sherto Romero, accedió a librarlo y de inmediato, para no dar pie a arrepentimientos, procedimos a poner en marcha la operación de vuelta a Caracas”, precisa.

“Curiosamente, antes de que llegaran los helicópteros oficiales que regresarían al presidente, intentaron aterrizar avionetas con pilotos de bragas oscuras, que no se descarta que fuesen de procedencia estadounidense, puesto que por informes de inteligencia se conoce que había presencia militar de ese país alrededor de La Orchila”, menciona Aguilera.

“No lo vi llorar, sino reflexionar”

Aún bajo el ambiente hostil en el cual se encontraba el presidente Chávez, en todo momento reflexionó junto a quienes lo tenían apresado acerca de lo que debía ser su compromiso con la nación.

“El presidente es muy conversador y en todo momento dejaba en claro lo que estaba sucediendo, la responsabilidad que tenían los involucrados en lo que hacían, el compromiso con el pueblo, en general, hizo reflexiones inspiradas en el deber ser”, recuerda el Capitán Aguilera.

“Yo no lo vi llorar, en todo momento lo observé reflexionar, aún yéndose del lugar, con los militares que lo rodearon mientras estuvo secuestrado”, finaliza Aguilera.

En horas del la madrugada arribó el presidente Chávez a Caracas y el pueblo lo recibió con emotividad, pues la Revolución Bolivariana salía nuevamente victoriosa de otra batalla en contra del fascismo y la oligarquía que sólo buscaba el beneficio de pocos a costa del atropello de la gran mayoría del pueblo venezo