Haití y la promesa perenne de un médico boliviano
Por: Héctor Miranda

Puerto Príncipe, 24 mar (PL) Cada mañana el médico boliviano Lucio Pinto renueva su promesa de servir a aquellos que más lo necesitan, la razón principal de su presencia en Haití desde inicios de febrero.

Pinto, graduado en 2009 en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), hacía su servicio social en el departamento boliviano de La Paz, cuando supo lo del terremoto en Haití y, sin pensarlo dos veces, buscó la manera de ir en auxilio de aquellos hermanos caribeños.

Las noticias que llegaban a Bolivia dejaron estupefacto al doctor Pinto: más de 200 mil muertos, sobre los 300 mil heridos y más de un millón de damnificados, pero esas cifras solo lo incentivaron más en su intento de volar a esta capital.

«Trabajaba en la provincia de Roma, en el municipio de Patacamaya, junto a la brigada cubana que presta servicios en Bolivia, cuando supe de la convocatoria para venir a Haití y enseguida me alisté», comentó Pinto en exclusiva a Prensa Latina.

«Decidí dejar mi servicio rural inmediatamente, aún con el riesgo de que me anularan lo hecho, pero fue mi determinación, por principios, por lo que aprendí en Cuba, en la ELAM», recordó.

Para Pinto, «lo primero es la humanidad. Y no podía permanecer impasible luego de ver por la televisión a tanta gente necesitada de servicios médicos. Es como hacer realidad el sueño del comandante Fidel Castro, cuando orientó la creación de la ELAM, el de ir a trabajar a los países donde no existan médicos».

Pinto es uno de los 50 galenos que viajaron desde Bolivia hasta Haití, vía La Habana, donde pasaron un intensivo de una semana, además de otros cinco que se encontraban en suelo cubano haciendo sus especialidades y también se sumaron a la causa de este pueblo.

Todos ellos son graduados de la ELAM y de promociones diversas, una de las razones que llena de orgullo a Pinto, quien advierte que su presencia acá depende de lo que decida el pueblo haitiano.

«Cuando salimos de Bolivia, pensamos que solo sería mientras durara la emergencia, que debe terminar el próximo 12 de abril, pero después que llegamos acá, tengo claro que eso se puede extender un poco más», aclaró.

«Nosotros sabemos que el pueblo boliviano también necesita ayuda, que es un pueblo del Tercer Mundo, pero ahora Haití necesita más de nosotros. Y luego volveremos a casa, a trabajar con nuestros compatriotas, remarcó.

Para Pinto, «Haití me ha dejado una experiencia fundamental para mi vida y no solo como médico. Desde que he llegado me he tropezado con enfermedades crónicas, desde la infancia, las cuales no había visto nunca y enfrentarles me sirve de mucho».

«Mi experiencia como estudiante de medicina en Cuba no me permitió encontrarme nunca situaciones como las de acá, donde muchas veces los padres llevan a los niños al médico cuando ya están graves y a veces no quieren llevarlos, porque creen que les van a cobrar. Borrar eso es difícil».

Pinto dedica su tiempo libre, casi siempre muy escaso, a dejar en blanco y negros todas esas anécdotas e historia que vive cada día.

Su intención es que otros colegas, bolivianos o de cualquier otro país, conozcan de primera mano lo que se vivió en Haití después del sismo del 12 de enero pasado.

El joven galeno boliviano sabe que su historia es solo la de un médico más, pero su experiencia puede servir o incentivar a otros en situaciones similares en el futuro.

Mientras, a largo plazo, piensa en hacerse nefrólogo, «no porque sea la especialidad que más le guste, sino porque es una de las que más necesita el pueblo boliviano».

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