Se imponen cambios en la política de EEUU
Por: Andrei Fediashin,
RIA Novosti

La secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, estuvo los días 18 y 19 de marzo de visita oficial en Moscú.

El objetivo principal del viaje fue una reunión entre EEUU, Rusia, la ONU y la UE para discutir temas relativos a Oriente Medio, el Tratado START y el sistema antimisiles, así como otros asuntos bilaterales.

Durante las muchas reuniones celebradas por todo el mundo desde finales de 2009, los altos cargos oficiales rusos y estadounidenses han evitado sutilmente palabra reiniciar para calificar todo lo relativo a las relaciones entre ambos países.

Es todo un síntoma. El mundo ya no espera la materialización de las promesas mesiánicas hechas por Barack Obama o por su secretaria de Estado, Hillary Clinton. La comunidad internacional ahora espera, exige practicidad y mesura en el delicado terreno de la política exterior.

Está claro que Barack Obama, el vicepresidente, Joe Biden y Hillary Clinton representan un gran avance en comparación con sus predecesores: George Bush (presidente), Dick Cheney (vicepresidente) y Condoleezza Rice (secretaria de Estado). Pero una mejora de imagen no es suficiente. El mundo ya no necesita más Mesías salvadores, ni de EEUU, ni de ninguna otra parte. En ese sentido, Clinton y Obama, levantado el velo, no han resultado ser más que meros funcionarios, a quién se ha querido sobrevalorar. Su famoso botón de reinicio sólo era una figura estilística, una buena jugada de marketing sin un auténtico trasfondo material.

El presidente Obama no ha logrado ningún éxito notorio en política exterior. Es más, teniendo en cuenta el anuncio de la construcción de 1.300 poblados judíos en el territorio palestino de Cisjordania que hizo el gobierno de Israel durante la reciente visita de Joe Biden, se prevé un fuerte incremento del ánimo antiestadounidense en Oriente Medio. Washington lo entiende muy bien. Y Obama, lo debe anotar en su debe.

Y, extrañamente, así lo entiende el ejército. El general David Petraeus, Jefe del Comando Central del Ejército de EEUU que controla las tropas estadounidenses en Oriente Medio y Asia Central, y ex Jefe de las tropas estadounidenses en Iraq, hace poco que declaró abiertamente en el Senado de su país que el conflicto palestino-israelí amenaza a los intereses de su país, ya que «fomenta el sentimiento antiestadounidense (en el mundo árabe) motivado por el aparente favoritismo de EEUU hacia Israel».

Estas declaraciones son revolucionarias en boca de un alto cargo militar, ya que, en el pasado sólo los críticos más feroces de la política israelí se permitían tales palabras. Esto hace albergar alguna esperanza: si hasta los halcones del Pentágono ven el problema, es posible que su gobierno se decida a dar algunos pasos concretos para resolverlo.

Tanto Joe Biden como Hillary Clinton tienen poca experiencia en política exterior, porque el trabajo en el comité de Relaciones Internacionales del Congreso de Estados Unidos no da jerarquía necesaria para afrontar soluciones a cuestiones globales. Y, sin embargo, esto no es el principal obstáculo al que se enfrenta Estados Unidos en este campo.

EEUU tiene una singularidad que influye sobre su política externa. Esta singularidad es el Congreso y juega un papel fundamental en mantener las directrices de esta política o cambiarla radicalmente. Esta función es mucho más importante y sensible cuando el país experimenta graves problemas económicos, como es el caso de hoy.

El Congreso suele negociar con el presidente el precio de la aprobación de resoluciones cruciales. En este caso las más importantes son la reforma del sistema general de salud pública y el problema del cambio climático. Según varias fuentes, algunos demócratas, con mayoría en ambas cámaras, aceptarían aprobar profundas reformas en el sistema de salud pública. El precio: una decidida política a favor de la postura palestina y de freno al apetito de Israel en la región.

Por su parte, el bando republicano podría ratificar el nuevo tratado de reducción de armas ofensivas estratégicas (START) con Rusia, que está a punto de firmarse, si Obama acepta aumentar el presupuesto para la modernización de los armamentos nucleares y convencionales de EEUU.

Estados Unidos se enfrenta a una época de cambios. Obama tiene que negociar con el Congreso para que éste no le ponga barreras a él y su política exterior. Algo tiene que cambiar en EEUU. Y sin duda lo hará, negociando, lo ha hecho siempre así.