EL PAPEL DE LA IGLESIA EN LA REVOLUCIÓN
Por: José A. Rangel A.

La Iglesia católica, apostólica y romana tenía un gran poder político, económico por su papel ideológico dentro de la sociedad venezolana, antes de la revolución bolivariana. Se comportaba como lo hace en todos los países de línea capitalista. Se estructura como un estado dentro del estado. Es un pequeño Vaticano sustentado con todos los privilegios de la clase explotadora, que en Venezuela ha perdido para siempre. Por eso no es de extrañar que el comportamiento de sus máximos prelados, se parezcan a la gente de fedecámaras o a los de un partido de oposición.

Su labor principal es que a nombre de Cristo, enceguece y envilece ideológicamente a un pueblo, para que se entregue dócilmente a la expoliación por parte de la clase dominante. Eso no es otra cosa que un sacrilegio.

La iglesia católica es una de las estructuras sociales muy antiguas del mundo occidental, de origen noble. Pero el sabor al poder la fue desvirtuando, transformándose en un lucrativo, podríamos decir, negocio. Sus bases, cristianos católicos auténticos y junto a ellos, sacerdotes cercanos al pueblo, comprenden el funcionar de esta inmensa maquinaria, reciamente blindada por experiencias de siglos. Lo que la ha hecho más astuta que el diablo. Su transformación requeriría un trabajo interno y de cúpula ligada a estas bases que por siglos han intentado enrumbarla por la senda de Dios. Habría que esperar la llegada de un papa revolucionario.

Mientras, aquí en Venezuela, ese pequeño Vaticano ha quedado reducido en apariencia y forma a un partido más de la oposición. Sin embargo, en su interior se debaten dos tendencias, los que ven la verdad de la revolución bolivariana, pero que no se manifiestan por estar encapsulados y los más reaccionarios que dirigen por ahora su proceso.

En estos momentos hacen uso de su “inteligencia” y preparan un nuevo ataque contra la revolución bolivariana, para demostrar a la reacción internacional y nacional que aun están en el juego. Pero la división interna les pesa. Veremos que pasa.

Al irnos a la historia conoceremos el papel que la iglesia católica romana ha jugado frente a las revoluciones, sean de carácter científicas o sociales, en las que siempre estuvo más del lado de lo reaccionario. Pero aquí sólo nos conformaremos con citar lo que escribió a nuestro padre de la patria al respecto.

En una epístola dirigida al Soberano Congreso de la Nueva Granada, desde Cartagena, el 27 de noviembre de 1812, Simón Bolívar escribía entre otras cosas, analizando la caída de la primera república:

“Y, en fin, el fanatismo religioso, hipócritamente manejado por el clero, empeñado en trastornar el espíritu público, por sus miras de egoísmo e intereses de partido temiendo la perdida de su preponderancia sobre los pueblos supersticiosos”

En otra epístola llamada “Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño”, desde Cartagena de Indias, 15 de diciembre de 1812 reiteraba el papel que jugó la iglesia de esta manera:

“La influencia eclesiástica tuvo, después del terremoto, una parte considerable en la sublevación de los lugares y ciudades subalternas y en la introducción de los enemigos en el país, abusando sacrílegamente de la santidad de su ministerio a favor de los promotores de la guerra civil. Sin embargo, debemos confesar ingenuamente, que estos traidores sacerdotes, se animaban a cometer los execrables crímenes…”

Fin de las citas.

Indudablemente, Bolívar está más vigente que nunca. Hay que leerlo.

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