LA PROXIMA JUGADA
Por: Ricardo Rosa-Brussin

Si echamos un vistazo al tablero político en Latinoamérica, y además hacemos un breve recuento de los gobiernos que han asumido el poder en los últimos años podemos observar una serie de movimientos o jugadas interesantes y que a groso modo nos indican que luego de una larga pesadilla neoliberal, cuando se asume el poder, sin un compromiso ideológico profundo, la radicalización se puede inclinar hacia un extremo o el otro.

Yendo de Norte a Sur necesariamente tenemos que comenzar por Méjico.

En esta nación la situación fue particularmente signada por un dudoso resultado en el que, luego de la devastadora gestión de Vicente Fox, el poder quedó entre la derecha tradicional del PRI y una ficha con visos de izquierda que encarnó Lopez Obrador. Por los vientos que soplan la tendencia es a girar a la izquierda en lo que muchos cifran sus esperanzas de que cada día estamos más cerca de reivindicar la traicionada revolución mejicana.

En Guatemala y El Salvador las esperanzas de cambios profundos no están precisamente representadas en sus actuales gobiernos, los cuales no se atreven a pisar el acelerador, quizás por no tener las convicciones ideológicas que sus pueblos esperaban o quizás por temor a no ser el próximo Honduras. Luego está Nicaragua decidida a no transarse más nunca con la derecha y en la que la popularidad del Partido Sandinista es incuestionable.

Para culminar con Centroamérica tenemos Panamá, Costa Rica y Belice cuyos gobiernos se pasean entre la derecha y la ultraderecha cerrándole toda posibilidad al florecimiento de una opción real de poder a la izquierda.

Pasando al Caribe, a excepción de Cuba, cualquier parecido con la izquierda es inmediatamente sofocado por la vía militar y la prueba mas contundente de ello es Haití, en la que Aristide de un día para otro amaneció en el Congo y hoy está ocupada por las tropas norteamericanas a pesar de ser un país soberano y tener un presidente electo, por cierto de la misma tolda de Aristide.

Al otro lado de la frontera, en Dominicana esta el gobierno de centro-derecha de Leonel Fernández y si quisiéramos incluir a otras islas tenemos desde colonias europeas y norteamericanas hasta gobiernos de centro-derecha como el de Jamaica, pasando por términos “intermedios” como la ultraderecha que reina en Trinidad y Tobago.

Ahora bien si entramos al cono Sur la cosa se pone mucho más compleja. Por un lado tenemos dos países vecinos con tendencias políticas opuestas y las que en cada uno van a prevalecer por un buen tiempo, obviamente me refiero a Colombia y Venezuela.

Luego tenemos Ecuador en el que a ciencia cierta existe un considerable número de movimientos indígenas que se enfrentan al presidente Correa y que le resta brillo a la consolidación de su proyecto claramente identificado con la izquierda.

Bajando están Perú y Bolivia en situación similar a Colombia y Venezuela. El primero un gobierno que por más que presente números macroeconómicos alentadores la corrupción del adeco Alan Garcia y su entreguismo rastrero siempre le dejan una brecha a la izquierda. Y el segundo una revolución democrática resuelta a reintegrarle el poder a los pueblos originarios.

Luego esta el caso particular de Chile en el que luego de veinte años el pinochetismo vuelve al poder, producto del desgaste de una coalición que nunca represento a los más pobres, que firmo un TLC con los Estados Unidos y que en definitiva se valió de la palabra izquierda para traicionar las esperanzas de los millares de familiares de desaparecidos y torturados durante la dictadura genocida del actual líder espiritual de la camarilla reaccionaria que triunfó en las últimas elecciones.

Llegando hasta el final del cono están los gobiernos de Centro-izquierda de Paraguay y Argentina con una férrea derecha haciendo todo lo posible para bloquear y entorpecer a sus gobiernos y con la triste experiencia chilena muy fresca a su lado.

Para respiro de las corrientes progresistas del continente tenemos un contundente triunfo de Pepe en Uruguay, reafirmando la senda de las posibilidades que abren las gestiones que piensan y actúan en función de las mayorías.

Y por último la gran roca de la balanza, Brasil. Si bien, es cierto no estamos en tiempos de Ronald Regan, el hecho de contar con un gobierno progresista en Brasil facilitaría las cosas llegado el momento de conformar la tan anhelada Comunidad de Naciones Latinoamericanas y del Caribe y de darle más cuerpo a la UNASUR, en torno a la octava economía del planeta. A merced de las próximas elecciones en el gigante del Sur se irán a desprender las relaciones con un vecino del Norte cada vez más agresivo pero con la habilidad de barnizar su crueldad hasta con un premio Nobel de La Paz. ¡ Próxima jugada!