¿Servirá una base antimisiles rusa en Transnistria de contrapeso estratégico real a la OTAN?
Por: Ilia Krámnik,
RIA Novosti.

Rusia puede emplazar su sistema de defensa antimisiles (DAM) en Transnistria en respuesta a los planes de EEUU de desplegar elementos de su escudo antimisiles en Rumania.

En estos términos se manifestó Igor Smirnov, presidente de la autoproclamada República Moldava de Transnistria, durante su visita a Moscú, el pasado 15 de febrero.

«Hace tiempo que solicitamos una presencia militar rusa permanente. Estamos dispuestos a aceptar la presencia de fuerzas rusas, regulares o especiales, en nuestro territorio, que vengan con el objetivo de salvaguardar la seguridad de los ciudadanos de Transnistria, Rusia y de Ucrania», señaló Smirnov, preguntado sobre la disposición de Transnistria para autorizar la instalación en su territorio de elementos del sistema antimisiles ruso.

Los motivos de la República Moldava de Transnistria para alojar en su territorio elementos del sistema antimisiles ruso son obvios: hoy día, la influencia de Moscú, reforzada con la presencia de las tropas rusas en la zona, es una de las principales garantías para la soberanía y la independencia de la República, por lo que un aumento de la presencia militar rusa reforzaría aún más esta situación.

En Transnistria se encuentra emplazado un contingente militar ruso integrado por unos 1.500 efectivos y dotado de armamento y material ligero. Su principal misión es custodiar los almacenes con armas y municiones que quedan en Transnistria desde los tiempos soviéticos.

En cuanto a la posibilidad de instalar la DAM rusa en Transnistria, hay que señalar que no tiene mucho sentido, porque Rusia no tiene enemigos potenciales, dotados de misiles balísticos de alcance medio, en la región suroeste.

Sería más oportuno desplegar estos sistemas en aquellos lugares donde realmente fueran de utilidad para neutralizar el escudo antimisiles estadounidense en caso necesario.

En este caso, la provincia de Kaliningrado, un enclave ruso entre Polonia y Lituania, pasaría a ser el principal candidato para alojar las instalaciones de la defensa antiaérea rusa. La DAM estadounidense en Polonia estaría en condiciones de interceptar los misiles intercontinentales rusos, sólo en caso de estar constituida por unidades más potentes que los SM-3, previstos para estar desplegados.

La neutralización de una posible DAM estadounidense en Rumania sería de una importancia secundaria. La base en Rumania podría utilizarse para interceptar misiles rusos sólo cuando estos fueran dirigidos contra objetivos en Europa meridional y África del Norte, cosa improbable.

La única importancia del sistema estadounidense es estratégica, a raíz de la influencia creciente de EEUU en Europa del Este.

Pero una DAM rusa en Transnistria en respuesta a los planes de EEUU de emplazar una base similar en Rumania sólo agravaría la situación en la región y complicaría las relaciones entre Moscú y Chisinau en sus negociaciones sobre el futuro de Transnistria.

Hoy día, la presencia militar de Rusia en este enclave, junto con la situación política en Ucrania que cambiará, sin duda alguna, tras la transferencia del poder de Víctor Yúschenko a Víctor Yanukóvich, es motivo suficiente para continuar este diálogo.

Cualquier precipitación deterioraría las relaciones con Moldavia, y eso ocurriría si se produjeran actos de agresión contra Transnistria. En ese caso, el devenir natural de los acontecimientos sería que Rusia prestara su apoyo a la autoproclamada República Moldava de Transnistria, reconociera este país diplomáticamente y reforzara su contingente militar allí, como lo hizo anteriormente en Abjasia y Osetia del Sur en 2008, tras la agresión de Georgia contra Osetia del Sur.

Pero, de momento, parece innecesario reforzar la presencia militar rusa en Transnistria, mientras Moscú continúe el diálogo con una Moldavia, que todavía no intenta recurrir a la fuerza para resolver el problema de la república rebelde.